Samuel Pérez García
Disculpen la comparación, pero pienso que la poesía y las putas tienen mucho en común. Por ejemplo: la poesía nos gusta a todos, y las putas por consiguiente; salvo algunos puritanos que buscan ángeles con alas para su primer lance de amor. La poesía se da con todos, pero sólo de manera formal, porque en el fondo ella únicamente es compañera de los poetas. De las putas ni se diga: se acuestan con todos, pero es sólo al padrote a quien le entregan el corazón y el bisnes. La poesía nos enternece, nos cala, nos llena de tristeza. Lo mismo las putas: porque más allá de lo sexual no hay sino una mujer cualquiera, pero con una diferencia: la puta se gana la vida con aquello mediante lo cual la está perdiendo.
Por ejemplo: igual que las putas se engalanan por la noche, del mismo modo el poeta busca para escribir las altas horas de la madrugada. No hay puta sin galán madrugador, ni poesía sin poeta que la escriba. Una y otra se dan mediante eso que las constituye; por el galán las mujeres se hacen putas, y por los poetas, la palabra es poesía.
Por ejemplo: el servicio de una puta es caro si viene de la mejor; lo mismo pasa con la excelsísima poesía: un poema tiene mayor valor cuando proviene del mejor poeta. Dijo Sócrates que para cada poeta hay una musa. Yo digo que para cada poeta hay una puta. Existen putas que los hombres nunca olvidan; lo mismo sucede con algunos poemas que nos gustan.
El sufrimiento es parte de las putas y también de los poetas. En ambos el dolor es algo que les pertenece. En el alma de las putas hay siempre un amor desbaratado. En los poetas, otro tanto: ellos escriben porque sufren mal de amor.
Las putas que temen a la crítica de la sociedad y de su propia familia, se esconden bajo un seudónimo. Para soportar la batalla corporal cualquier nombre resulta bueno. También muchos poetas hacen lo mismo que hizo Pablo Neruda: Neftalí Reyes Basoalto se hizo Pablo Neruda para que su padre no se enterara de que escribía poesía. Por esta razón muchos autores noveles y putas primerizas usan este recurso.
Se puede decir también que las putas y los poetas son seres que viven con la esperanza de reencontrar el amor bajo otro nombre. Por eso una y otra trabajan incansablemente. Unos ocupados en escribir lo que los destroza; las otras en sobrevivir con ese oficio que las va matando.
Tanto a la poesía como a las putas todo mundo las critica. Sea por buenas o por malas. Así, el ama de casa se queja de que en la ciudad haya tantas putas. El esposo oye y aprueba sin ánimo de contradecir. El sabe que mañana irá con los amigos a tomar la copa con la puta de su preferencia. Pero el ama de casa insiste una y otra vez: “Ya viste a Dorita con quién anda”; “la semana pasada tenía un novio, ahora anda con otro”; “qué descaro tanta putería”. Hasta que un día su hija menor apareció encinta por un poeta, cuya foto se publicó en la nota roja de los diarios.
[1] Publicado por vez primera en Antes del olvido. Crónica para que un día nos acordemos. México, Temoayán, 1999.
Disculpen la comparación, pero pienso que la poesía y las putas tienen mucho en común. Por ejemplo: la poesía nos gusta a todos, y las putas por consiguiente; salvo algunos puritanos que buscan ángeles con alas para su primer lance de amor. La poesía se da con todos, pero sólo de manera formal, porque en el fondo ella únicamente es compañera de los poetas. De las putas ni se diga: se acuestan con todos, pero es sólo al padrote a quien le entregan el corazón y el bisnes. La poesía nos enternece, nos cala, nos llena de tristeza. Lo mismo las putas: porque más allá de lo sexual no hay sino una mujer cualquiera, pero con una diferencia: la puta se gana la vida con aquello mediante lo cual la está perdiendo.
Por ejemplo: igual que las putas se engalanan por la noche, del mismo modo el poeta busca para escribir las altas horas de la madrugada. No hay puta sin galán madrugador, ni poesía sin poeta que la escriba. Una y otra se dan mediante eso que las constituye; por el galán las mujeres se hacen putas, y por los poetas, la palabra es poesía.
Por ejemplo: el servicio de una puta es caro si viene de la mejor; lo mismo pasa con la excelsísima poesía: un poema tiene mayor valor cuando proviene del mejor poeta. Dijo Sócrates que para cada poeta hay una musa. Yo digo que para cada poeta hay una puta. Existen putas que los hombres nunca olvidan; lo mismo sucede con algunos poemas que nos gustan.
El sufrimiento es parte de las putas y también de los poetas. En ambos el dolor es algo que les pertenece. En el alma de las putas hay siempre un amor desbaratado. En los poetas, otro tanto: ellos escriben porque sufren mal de amor.
Las putas que temen a la crítica de la sociedad y de su propia familia, se esconden bajo un seudónimo. Para soportar la batalla corporal cualquier nombre resulta bueno. También muchos poetas hacen lo mismo que hizo Pablo Neruda: Neftalí Reyes Basoalto se hizo Pablo Neruda para que su padre no se enterara de que escribía poesía. Por esta razón muchos autores noveles y putas primerizas usan este recurso.
Se puede decir también que las putas y los poetas son seres que viven con la esperanza de reencontrar el amor bajo otro nombre. Por eso una y otra trabajan incansablemente. Unos ocupados en escribir lo que los destroza; las otras en sobrevivir con ese oficio que las va matando.
Tanto a la poesía como a las putas todo mundo las critica. Sea por buenas o por malas. Así, el ama de casa se queja de que en la ciudad haya tantas putas. El esposo oye y aprueba sin ánimo de contradecir. El sabe que mañana irá con los amigos a tomar la copa con la puta de su preferencia. Pero el ama de casa insiste una y otra vez: “Ya viste a Dorita con quién anda”; “la semana pasada tenía un novio, ahora anda con otro”; “qué descaro tanta putería”. Hasta que un día su hija menor apareció encinta por un poeta, cuya foto se publicó en la nota roja de los diarios.
[1] Publicado por vez primera en Antes del olvido. Crónica para que un día nos acordemos. México, Temoayán, 1999.