No hay vidas despreciables y sublimes,
pues para cada quien la suya es la má admirable
José Ortega y Gasset.
Le decíamos el “Loco Zea”, pero su nombre real era Javier Juárez, hijo no reconocido por su padre, un periodista que dio mucho de qué hablar por un periódico que dirigía y que tocaban temas que rayaban en lo morboso. Cámara se llamó primero, y luego Gráfico. En esos semanarios editados en los años 70 del siglo pasado en la ciudad de Coatzacoalcos, Veracruz (México) fueron sonados los casos que trató como aquel de Yadira, la enfermera asesinada en el Motel del Golfo. El Loco Zea siguió la misma carrera de su padre, el periodismo golpeador. El grafiquto santiguó a su primer periodiquito, el cual imprimía el mimeógrafo. Ya adulto editó otro en prensa, al que bautizó como “Primera Plana”. Cuando publicaba lo que él llamaba un gran “Fraude a la ciudad de Coatzacoalcos” amaneció muerto por Carrizal, por la carretera vieja que iba a Minatilán: Tenía los brazos amarrados y un balazo en la cabeza. Era el 30 de mayo de 1984. Dicen que lo había mandado a asesinar don Juan Hilman, que en ese entonces era Presidente Municipal o que había sido el Chico Balderas, dirigente petrolero en la sección 11, pero el testaferro había sido el Chaneque, un policía judicial. Finalmente el Chaneque purgó una condena y regresó a Nanchital, ahí trabajó en la policía hasta que desapareció porque lo acusaban de narcotráfico. Javier “el loco Zea”, se fue pero se quedó. Y sus amigos lo recordamos siempre, hasta que le toque al último cantarle las golondrinas a la vida. Javier vive, por que las vidas valen igual sean sencillas o sublimes. ¿A poco no?
Le decíamos el “Loco Zea”, pero su nombre real era Javier Juárez, hijo no reconocido por su padre, un periodista que dio mucho de qué hablar por un periódico que dirigía y que tocaban temas que rayaban en lo morboso. Cámara se llamó primero, y luego Gráfico. En esos semanarios editados en los años 70 del siglo pasado en la ciudad de Coatzacoalcos, Veracruz (México) fueron sonados los casos que trató como aquel de Yadira, la enfermera asesinada en el Motel del Golfo. El Loco Zea siguió la misma carrera de su padre, el periodismo golpeador. El grafiquto santiguó a su primer periodiquito, el cual imprimía el mimeógrafo. Ya adulto editó otro en prensa, al que bautizó como “Primera Plana”. Cuando publicaba lo que él llamaba un gran “Fraude a la ciudad de Coatzacoalcos” amaneció muerto por Carrizal, por la carretera vieja que iba a Minatilán: Tenía los brazos amarrados y un balazo en la cabeza. Era el 30 de mayo de 1984. Dicen que lo había mandado a asesinar don Juan Hilman, que en ese entonces era Presidente Municipal o que había sido el Chico Balderas, dirigente petrolero en la sección 11, pero el testaferro había sido el Chaneque, un policía judicial. Finalmente el Chaneque purgó una condena y regresó a Nanchital, ahí trabajó en la policía hasta que desapareció porque lo acusaban de narcotráfico. Javier “el loco Zea”, se fue pero se quedó. Y sus amigos lo recordamos siempre, hasta que le toque al último cantarle las golondrinas a la vida. Javier vive, por que las vidas valen igual sean sencillas o sublimes. ¿A poco no?
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