
COSOLEACAQUE: CRONICA DE UNA ELECCION VIOLENTADA.
Samuel Pérez García.
Samuel Pérez García.
Las acciones y el fantasma de Cirilo Vázquez Lagunes.
Ni la compra descarada de votos, que estuvieron a cambio de una despensa y trescientos pesos, previa fotografía del voto otorgado; la intimidación por parte de un grupo de facinerosos, con cabeza rapada que se escondían ante quien quisiera tomarle alguna foto; las camisas rojas de los cuidadores de casilla de parte del PRI; la presencia permanente del bañaperro Saúl Vázquez (consorte de Gladys Merlín) en el área que comprende a las colonias Congreso, Emiliano Zapata y Diez de mayo; ni la lluvia y el ventarrón que se dejó caer como a las once de la noche del 4 de julio; ni los heridos que hubo en la colonia Congreso, donde las láminas de la escuela se desprendieron ocasionando dos heridos, al presidente de la mesa directiva y a una representante del PRI, ni los vales de despensa o vales por mil pesos que Héctor Merlín se comprometió a entregar al día siguiente de la elección; ni la violencia perpetrada en la casilla 1197 por parte de los merlinistas, pudieron evitar que el fantasma de CIRILO VAZQUEZ LAGUNES, derrotara al cacique vivo, HELIODORO MERLIN ALOR, quien a las once de la noche sabía de su derrota y por eso, él personalmente daba vueltas y vueltas por varias colonias donde sabía que había perdido, con el ánimo de arrebatar las urnas para que fueran anuladas las votaciones.
De amarillos pasaron a azules.
La del domingo 4 de julio fue una elección a cargo del erario público. Gladis Merlín en persona fue la coordinadora de campaña de su hermano Héctor, que en estos menesteres es neófito. Pero no tanto Gladis, porque ésta es también inexperta, sino más bien, la cabeza maquiavélica del padre Heliodoro, quien diseñó una campaña basada en la compra del voto y en promesas que ya no cumplirá, porque en Cosoleacaque, la familia Merlín perdió la elección a ojos de los votantes, que ahora se hicieron azules, cuando en antaño lo fueron amarillos.
Un recuento inconcluso.
No fue esta una elección limpia, sino escabrosa y fraudulenta, llena de tensión y peligro de asalto a las urnas. Ninguna tan avasallante ni tan corrupta, donde todo salió a relucir: el insulto y la diatriba, las llamadas telefónicas que hablaban de quién tenía el poder o la compra de funcionarios del Intituto Electoral Veracruzano (IEV), las camionetas sin placas que circularon lleno de hombres malencarados, las encuestas amañadas que hablaban de un 59% por ciento de Javier Duarte sobre su más cercano opositor: Miguel Ángel Yunes Linares, con apenas el 26 por ciento de las preferencias, y que al final no resultó. Javier Duarte se da como ganador con 85 mil votos de diferencia. Pero no ha sido así. La verdad es otra, pero todavía no sale a relucir. Por lo pronto, intuyo que si la elección hubiera sido limpia, Javier Duarte no hubiera llegado ni al millón de votos, ni tampoco los resultados de Coatzacoalcos o Cosoleacaque hubieran ocurrido como sucedieron: en el primero, con una diferencia de cuatro mil votos Marcos Theurel se impuso a Gonzalo Guízar Valladares, y en el segundo, el relleno de urnas efectuado el martes en la madrugada, trastabilló la victoria de Cirilo Vázquez, que durante la elección llevaba un promedio de 2000 mil votos de ventaja, pero dado las mañas de la familia Merlín esos votos bajaron, finalmente, a 800. Por eso el cirilismo hubo de tomar carreteras durante dos días, -el 7 y el 9 de julio- en caso contrario hubiera sido fatal esperar sentado el resultado del recuento, que había empezado desde temprano del miércoles y no concluyó sino hasta las cuatro de la mañana del jueves cuando la comisión en pleno acordó un receso, pero que ya no pudo continuar sino en Jalapa, porque llegó la policía federal preventiva y se llevó las urnas con todo y comisionados, dado que en Cosoleacaque no había condiciones para seguir con el recuento, según argumentó el IEV estatal.
El PAN ganó, pero los Merlines están inconformes.
Durante la mañana del lunes se sabían los resultados. El PAN había ganado la elección, sin tanto aspaviento como lo había hecho Héctor Merlín y su familia, pero el cacique mayor no lo aceptaba ni quiere aún, y hará todo lo posible porque la votación se revierta en el tribunal. Por eso Cirilo Vázquez no debe ni puede cantar victoria todavía. La mano negra del caciquismo merlinista, dadas sus relaciones con el poder establecido, puede todavía voltear la elección, si extiende el millón de pesos, que dicen que dio aquella vez cuando Gladis Merlín, su hija del alma, perdió en 1994 la elección federal frente a Nicolás Reyes Álvarez. Así ha ganado siempre, y no va a dejar la oportunidad de demostrar que siguen teniendo el poder. Hasta ahora el PRI solo tiene gubernaturas, peor hubiera sido si gobernara desde la presidencia de la República. Entonces Cirilo Vázquez no hubiera visto ni el polvo.
Dos fuerzas en pugna y el mito de la fidelidad.
Fue la del domingo una lucha de dos fuerzas. La del merlinismo contra el vazquismo. La de la presidencia de la república en poder del PAN, y la del gobernador del Estado, en poder del PRI. La de dos hijos de caciques: Héctor Merlín y Cirilo Vázquez. De los dos uno debía ganar. Uno expresando al poder estatal y caciquil regional; el otro expresando al poder federal, pero también, de provenir de un linaje similar al primero.
Por el modo como se llevó a cabo la elección y el proceder descarado del relleno de urnas que hubo en la madrugada del martes en Cosoleacaque, el gobernador del Estado, Fidel Herrera Beltrán, metió las manos por el merlinismo. Lo digo por lo siguiente: primero, por haber permitido que Héctor Merlín fuera candidato; segundo, por esperar mucho tiempo para que las urnas se trasladaran a Jalapa, a sabiendas de los conatos de violencia que se había vivido desde el domingo anterior. El gobernador Herrera no quiere a Cirilo Vázquez en el gobierno de Cosoleacaque, pero sí le hubiera gustado que éste hubiera sido candidato del PRI. No quería que ganara Yunes Linares, pero ahora, gracias a esta elección, se ha enterado que la fidelidad hacia su gobierno era un mito, un muñeco de papel que al primer viento quedó roto. La fidelidad se fue al barranco, porque ni había un 59% de diferencia a favor del PRI, ni el PAN tenía un 26% de preferencia. Esta es la primera muestra. Pero hay otra más: el PAN ganó mayoría de los municipios, aun cuando distritalmente el PRI se haya llevado veinte diputaciones uninominales y el Pan solamente diez.
Si se cronicara esta elección.
Paso a paso, segundo a segundo, encontraríamos que esta se llenó de gritos, quejas y denuncias, porque la tinta indeleble no siempre fue tal, pues en algunos casos se usó tinta ordinaria para votantes seleccionados, tal vez para que pudieran sufragar dos veces, tal y como sucedió en la colonia Congreso, en cuya casilla, la 1224 básica y contigua, se usó ese tipo de tinta, o en la 1237 de la colonia Oaxaqueña, donde operó una casa de compra de votos, ahí en la 21 de marzo No. 18, casa de Nicolasa Domínguez Eugenio, quien pagaba los quinientos pesos a quienes demostraban haberlo hecho a favor del PRI, previa foto tomada en el celular. Una señora de blanco, bien vestida, con celular abierto y credencial en la mano, llegó a la casilla. Le entregaron su voto, y nadie le dijo que el celular estaba prohibido si se pasaba a votar. Ella, antes de entrar, ya lo llevaba listo. Votó y tomó la foto. Lo acompañaban dos muchachos que parecían sus hijos. Cuando salió de la mampara y le entregaron su credencial, le hizo una seña afirmativa a uno de ellos como si hubiera logrado el objetivo.
Comprando dignidad y conciencia.
Y si eso no bastaba, ahí estaban los vales de despensa o por dinero en efectivo para cobrar al otro día en los domicilios indicados. Uno de esos vales señalaba la dirección de correos 151 para pasar a cobrarlo el lunes. Eran vales por despensa o mil pesos. Todo de acuerdo a la finura o pobreza del cliente. A los pobres las despensas; a los pudientes los mil pesos. El “Cuty” me entrego un vale como prueba, y aquí lo tengo para que nadie diga que me invento el dato. Pero sobre todo, siempre la presencia de pelones con armas ocultas, cuya tarea era merodear las casillas y entrar en acción previa indicación de su jefe, Heliodoro Merlín, que de nuevo tendrá que guardar en su corazón la derrota y ponerse a pensar que la familia ya dio todo lo que pudo, que no volverá a ganar porque el pueblo sabe como opera: compra votos y conciencia, rebaja la dignidad del pobre para convertirlo en piltrafa humana. Sobaja el orgullo humano y lo convierte en polvo. A trescientos pesos pagó a los que hicieron guarda frente a la Comisión electoral, y que el jueves por la noche se presentaron a cobrar a la casa de campaña de su hijo Héctor.
Así cualquiera demuestra que tiene simpatía. A trescientos pesos se vendieron las mujeres de mi colonia que apoyaron el plantón del PRI. Eso costaron. Eso valdrán siempre. Muy poco comparado con lo que cobró Jesús Gómez, de quien dicen se encargó de conseguir el cerrajero que abrió la cerradura de la puerta para entrar a manosear las urnas que ahí se encontraban. Muy poco comparado con lo que pudo haber recibido Abías Salomé y Román García Martínez por apoyar el relleno de urnas con miras a voltear los resultados de la elección, o crear el pretexto para un enfrentamiento y generar las condiciones de ingobernabilidad para establecer un Consejo Municipal en Cosoleacaque. Pero no pudieron, les faltó inteligencia. Les hizo falta pensamiento a los brazos y los pies. El viejo Heliodoro solo ya no puede. Desvaría. Sueña mal porque ya no piensa con serenidad, sino con odio. Siempre ha perdido las elecciones. La de Gladis, su hija del alma, también la perdió en el 2007. Lo que sucedió es que Hilda Gutiérrez vendió la elección. Esta hizo como que andaba en campaña, pero desde hace mucho que el destino ya estaba entregado. Gladis le dio el apoyo económico que aquella requería para aparecer como candidata opositora. Dicen que no le cumplió del todo. Pero así es la política. Abías Salomé también engañó a la “potra” que su hija Damara iba en la regiduría primero. Pero con lo que sé y supe, me permitió conocer de cerca como pensaba y actuaba al Abías que quería democratizar Cosoleacaque, aunque lo único que buscaba era saciar su sed de fortuna.
De láminas caídas y recuerdos ingratos.
Eran las once de la noche y el recuento no concluía en la colonia Congreso. Eran las once y la tensión crecía entre los panistas y los priístas, cada uno esperando resultados, aquellos por no saber; éstos por corroborar que habían ganado, dado la compra de votos que habían hecho. Pero el agua se dejó venir, y con un viento fuerte ocasionó que la luz se apagara y todo quedó en oscuras; el viento entraba zumbando y obligaba a la dispersión de los ciudadanos. Pero muy pocos se iban. Los vecinos ahí estaban, querían saber quien había ganado. El viento había llegado tan fuerte que quebró las láminas de asbesto de la vieja escuela primaria, que ese día le recordó a todos su condición de abandono y pobreza, debido a las tranzas que han cometido sus maestros y directivos, y sociedades de padres de familia, que ahora mendigan el apoyo popular e institucional para construir la loza. Pero si escarbaran un poco en la historia de esa escuela, encontrarían que existe mucha corrupción en el manejo del dinero. Para corroborarlo bata que le pregunten a Felisa Roque y al ex director Ricardo Salinas y a otras más que todavía están ahí como directivos de la sociedad de padres. Entre aquellos dos, que ya no están, se llevaron cinco mil pesos, que buena falta hace ahora.
Ante el viento fuerte, las viejas láminas no aguantaron y se rompieron todas, dejando a la escuela un recuerdo amargo junto a esta elección que también lo fue para la familia Merlín. Un recuerdo que habla de heridos, pues dos integrantes que participaban en el recuento, resultaron lesionados, que aunque levemente, generó el pánico de quienes vivieron el suceso. Junto a ese pánico, y por la fuerza del viento, la puerta de la escuela se abrió y la gente que esperaba el final de esta historia, se precipitaron al patio. Sin verse entre sí por la oscuridad del ambiente, solo voces se escuchaban. Una fue la que calmó a los priístas. Dicen que fue la voz de José Luis del Valle, presidente de una Casilla, quien conminó a la calma, que no había pasado nada y que regresaran a sus lugares. No había pasado nada, porque sólo hasta el otro día se supo, debido a la oscuridad de ese momento. Pero había una cabeza rota y un brazo lastimado. Y una familia que lloraba la derrota del hijo: la familia Merlín, y muchos aquí en la colonia Congreso le hacían comparsa.
Los operadores del fraude.
Al llegar el lunes la sonrisa de los priístas era de derrota total. Su candidato Héctor Merlín no había ganado la elección. Por eso la cabeza de Heliodoro empezó a pensar cómo voltearla. Pensó y pensó. Se acordó de cómo lo había hecho en 1988, 1991 y 1994. En la primera cuando fraudulentamente ganó Orlando Cadena e iba como síndico Juan Merlín. En la segunda cuando iba de candidato Rafael Merlín y ganó con claro relleno de urnas, según me contó cierta vez un testigo presencial. Y la tercera cuando Gladis Merlín perdió la elección frente al perredista Nicolás Reyes Álvarez.
La elección debía voltearse y se podía. Pero requería de un trabajo fino para ser un fraude de alto nivel, y unos operadores dispuestos a todo. Dinero tenía. Quería operadores. Y encontraron a los obreros de chambas sucias, nadas menos que en Jesús Cruz Gómez, dirigente del Partido del Trabajo, Abías Salomé y Román García Martínez, candidatos derrotados. Cada uno de estos, cooptado según el interés de cada quien, instruyó a sus comisionados electorales para que en la reunión del recuento del miércoles obraran en consecuencia: echar abajo el triunfo de Cirilo Vázquez, aduciendo que la chapa de la puerta de la comisión se había violado, acción que ellos mismos perpetraron en la madrugada del martes, y por lo mismo se debía contar voto por voto. Engaño en el cual, al parecer, cayó el comisionado electoral del PAN, quien sin conocer lo que había atrás de la elección, permitió el recuento total, sin haber causa legal justificada. Para apoyar este recuento Heliodoro Merlín concentró todo el miércoles, frente al IEV a los priistas y perredistas “ingenuos”, pero también a un grupo de choque, que con varas con puntas de alambre y armas de fuego, vigilaban que militantes del PAN no se acercara a la Comisión Electoral ni a su representante, quien estaba casi secuestrado y no podía salir para dar o recibir información, por temor a que lo golpearan. Ese día, Cirilo Vázquez no encontraba la solución al problema. La policía no quería desalojar a los maleantes al servicio de Gladis Merlín. Y la gente suya exigía resultados. La tensión aumentaba. El tiempo pasaba y no se podía descifrar el desenlace.
El recuento del miércoles.
Cirilo Vázquez cito temprano a su gente en el cruce de Correos e Iturbide. Como a las diez de la mañana de ese miércoles la ciudadanía que acompañaba a Cirilo acudió al IEV distrital y el pueblo congregado se enteró del problema. Ahí se denunció que la chapa había sido violada, los maleantes habían entrado y era de suponer que habían manoseado las urnas.
Pese a esa evidencia, y actuando en complot, tanto el IEV como los consejeros y comisionados de partidos, decidieron abrir urna por urna, sin que existiera motivo legal alguno. Las actas estaban ahí y debía procederse tal cual demanda la ley: solamente se abren los paquetes cuyas actas no obren en poder del IEV o no exista claridad en los números que reflejan. O porque se suponga que los paquetes hayan sido abiertos, pero los resultados que estos arrojen no pueden estar por arriba de lo que las actas que obren en poder de los partidos políticos. El voto por voto solamente procede cuando el número de votos nulos sea mayor a los votos con los que gane el candidato triunfador. Ninguna causal de las citadas se daba en Cosoleacaque, pero la presión y la amenaza latente impulsó al comisionado electoral del PAN aceptar la apertura de todos los paquetes.
Una idea, una toma de carretera.
Eran la una de la tarde, y ante la confusión del momento sugerí una idea coadyuvante. Si los priístas, perredistas, convergentes y petistas estaban apostados frente al IEV, apoyado por maleantes contratados expofeso, y eso hacía presionar al comisionado del PAN para abrir toda la paquetería, nosotros procederíamos a cerrar la carretera. La idea le pareció buena a Cirilo Vázquez, pero peligrosa, por el desenlace que podía pasar. Dijo que lo pensaría y esperaría un rato mientras esperaba a que el gobierno llamara para destrabar la elección. Pero este hacía causa omisa. Como a las dos de la tarde volví a insistir. Pero no se quería dar ese paso. Cirilo Vázquez no quería. Dudaba porque eso podía ocasionar un enfrentamiento de graves consecuencias. Pero de valor a valor había que saber quien era el mejor. El candidato lo decidió como a las tres y media cuando el diputado local, Rubén Pérez Vera informó al suscrito que siempre sí. A esos de las cuatro de la tarde, el cruce de transístmica esquina Correos se cubrió de panistas. Y como a las siete de la noche se tomó la autopista. En ese lapso se dejó venir la prensa, que no eran más que transmisores de lo que pasaba en el frente panista para luego reportarlo a la policía y a Gladis Merlín. Ahí llegó Mario Zepeda de Diario del Istmo, promotor publicitario, quien había conseguido en plena campaña un espacio por trescientos mil pesos, pagados por el ayuntamiento de Cosoleacaque. Esa fue la causa de que dicho informativo cambiara su línea, evidenciara su parcialidad y bloqueo a informar lo que verdaderamente ocurría en Cosoleacaque. La orden del capitán Barajas había sido tajante: no publicar nada que vaya en contra de Héctor Merlín –dijo mi informante. Por eso en los días consecuentes el diario se calló y con eso cayó la imagen que había conseguido en el lector de Cosoleacaque: de veraz pasó a mentiroso; de independiente al caciquismo, pasó a venal y subordinado, con eso se difundió que tan malo el Istmo como el Liberal o Notisur. De los tres ninguno escribía la verdad completa porque solo obraban sobre una sola voz. Al actuar así cada uno defendía la posición su grupo de poder en el gobierno, porque cada quien tiene fuertes intereses con Fidel Herrera. Por eso el silencio o la información sesgada o con verdades a medias. Lástima que por tan poco se hayan vendido. Y por eso se emparentan con las señoras que vendieron su voto. Ellas a trescientos pesos y una despensa; los diarios por un espacio de trescientos mil pesos. Si aquellas se prostituyeron, igual suerte corrieron los diarios de la región.
No fue esta una elección limpia, sino escabrosa y fraudulenta, llena de tensión y peligro de asalto a las urnas. Ninguna tan avasallante ni tan corrupta, donde todo salió a relucir: el insulto y la diatriba, las llamadas telefónicas que hablaban de quién tenía el poder o la compra de funcionarios del Intituto Electoral Veracruzano (IEV), las camionetas sin placas que circularon lleno de hombres malencarados, las encuestas amañadas que hablaban de un 59% por ciento de Javier Duarte sobre su más cercano opositor: Miguel Ángel Yunes Linares, con apenas el 26 por ciento de las preferencias, y que al final no resultó. Javier Duarte se da como ganador con 85 mil votos de diferencia. Pero no ha sido así. La verdad es otra, pero todavía no sale a relucir. Por lo pronto, intuyo que si la elección hubiera sido limpia, Javier Duarte no hubiera llegado ni al millón de votos, ni tampoco los resultados de Coatzacoalcos o Cosoleacaque hubieran ocurrido como sucedieron: en el primero, con una diferencia de cuatro mil votos Marcos Theurel se impuso a Gonzalo Guízar Valladares, y en el segundo, el relleno de urnas efectuado el martes en la madrugada, trastabilló la victoria de Cirilo Vázquez, que durante la elección llevaba un promedio de 2000 mil votos de ventaja, pero dado las mañas de la familia Merlín esos votos bajaron, finalmente, a 800. Por eso el cirilismo hubo de tomar carreteras durante dos días, -el 7 y el 9 de julio- en caso contrario hubiera sido fatal esperar sentado el resultado del recuento, que había empezado desde temprano del miércoles y no concluyó sino hasta las cuatro de la mañana del jueves cuando la comisión en pleno acordó un receso, pero que ya no pudo continuar sino en Jalapa, porque llegó la policía federal preventiva y se llevó las urnas con todo y comisionados, dado que en Cosoleacaque no había condiciones para seguir con el recuento, según argumentó el IEV estatal.
El PAN ganó, pero los Merlines están inconformes.
Durante la mañana del lunes se sabían los resultados. El PAN había ganado la elección, sin tanto aspaviento como lo había hecho Héctor Merlín y su familia, pero el cacique mayor no lo aceptaba ni quiere aún, y hará todo lo posible porque la votación se revierta en el tribunal. Por eso Cirilo Vázquez no debe ni puede cantar victoria todavía. La mano negra del caciquismo merlinista, dadas sus relaciones con el poder establecido, puede todavía voltear la elección, si extiende el millón de pesos, que dicen que dio aquella vez cuando Gladis Merlín, su hija del alma, perdió en 1994 la elección federal frente a Nicolás Reyes Álvarez. Así ha ganado siempre, y no va a dejar la oportunidad de demostrar que siguen teniendo el poder. Hasta ahora el PRI solo tiene gubernaturas, peor hubiera sido si gobernara desde la presidencia de la República. Entonces Cirilo Vázquez no hubiera visto ni el polvo.
Dos fuerzas en pugna y el mito de la fidelidad.
Fue la del domingo una lucha de dos fuerzas. La del merlinismo contra el vazquismo. La de la presidencia de la república en poder del PAN, y la del gobernador del Estado, en poder del PRI. La de dos hijos de caciques: Héctor Merlín y Cirilo Vázquez. De los dos uno debía ganar. Uno expresando al poder estatal y caciquil regional; el otro expresando al poder federal, pero también, de provenir de un linaje similar al primero.
Por el modo como se llevó a cabo la elección y el proceder descarado del relleno de urnas que hubo en la madrugada del martes en Cosoleacaque, el gobernador del Estado, Fidel Herrera Beltrán, metió las manos por el merlinismo. Lo digo por lo siguiente: primero, por haber permitido que Héctor Merlín fuera candidato; segundo, por esperar mucho tiempo para que las urnas se trasladaran a Jalapa, a sabiendas de los conatos de violencia que se había vivido desde el domingo anterior. El gobernador Herrera no quiere a Cirilo Vázquez en el gobierno de Cosoleacaque, pero sí le hubiera gustado que éste hubiera sido candidato del PRI. No quería que ganara Yunes Linares, pero ahora, gracias a esta elección, se ha enterado que la fidelidad hacia su gobierno era un mito, un muñeco de papel que al primer viento quedó roto. La fidelidad se fue al barranco, porque ni había un 59% de diferencia a favor del PRI, ni el PAN tenía un 26% de preferencia. Esta es la primera muestra. Pero hay otra más: el PAN ganó mayoría de los municipios, aun cuando distritalmente el PRI se haya llevado veinte diputaciones uninominales y el Pan solamente diez.
Si se cronicara esta elección.
Paso a paso, segundo a segundo, encontraríamos que esta se llenó de gritos, quejas y denuncias, porque la tinta indeleble no siempre fue tal, pues en algunos casos se usó tinta ordinaria para votantes seleccionados, tal vez para que pudieran sufragar dos veces, tal y como sucedió en la colonia Congreso, en cuya casilla, la 1224 básica y contigua, se usó ese tipo de tinta, o en la 1237 de la colonia Oaxaqueña, donde operó una casa de compra de votos, ahí en la 21 de marzo No. 18, casa de Nicolasa Domínguez Eugenio, quien pagaba los quinientos pesos a quienes demostraban haberlo hecho a favor del PRI, previa foto tomada en el celular. Una señora de blanco, bien vestida, con celular abierto y credencial en la mano, llegó a la casilla. Le entregaron su voto, y nadie le dijo que el celular estaba prohibido si se pasaba a votar. Ella, antes de entrar, ya lo llevaba listo. Votó y tomó la foto. Lo acompañaban dos muchachos que parecían sus hijos. Cuando salió de la mampara y le entregaron su credencial, le hizo una seña afirmativa a uno de ellos como si hubiera logrado el objetivo.
Comprando dignidad y conciencia.
Y si eso no bastaba, ahí estaban los vales de despensa o por dinero en efectivo para cobrar al otro día en los domicilios indicados. Uno de esos vales señalaba la dirección de correos 151 para pasar a cobrarlo el lunes. Eran vales por despensa o mil pesos. Todo de acuerdo a la finura o pobreza del cliente. A los pobres las despensas; a los pudientes los mil pesos. El “Cuty” me entrego un vale como prueba, y aquí lo tengo para que nadie diga que me invento el dato. Pero sobre todo, siempre la presencia de pelones con armas ocultas, cuya tarea era merodear las casillas y entrar en acción previa indicación de su jefe, Heliodoro Merlín, que de nuevo tendrá que guardar en su corazón la derrota y ponerse a pensar que la familia ya dio todo lo que pudo, que no volverá a ganar porque el pueblo sabe como opera: compra votos y conciencia, rebaja la dignidad del pobre para convertirlo en piltrafa humana. Sobaja el orgullo humano y lo convierte en polvo. A trescientos pesos pagó a los que hicieron guarda frente a la Comisión electoral, y que el jueves por la noche se presentaron a cobrar a la casa de campaña de su hijo Héctor.
Así cualquiera demuestra que tiene simpatía. A trescientos pesos se vendieron las mujeres de mi colonia que apoyaron el plantón del PRI. Eso costaron. Eso valdrán siempre. Muy poco comparado con lo que cobró Jesús Gómez, de quien dicen se encargó de conseguir el cerrajero que abrió la cerradura de la puerta para entrar a manosear las urnas que ahí se encontraban. Muy poco comparado con lo que pudo haber recibido Abías Salomé y Román García Martínez por apoyar el relleno de urnas con miras a voltear los resultados de la elección, o crear el pretexto para un enfrentamiento y generar las condiciones de ingobernabilidad para establecer un Consejo Municipal en Cosoleacaque. Pero no pudieron, les faltó inteligencia. Les hizo falta pensamiento a los brazos y los pies. El viejo Heliodoro solo ya no puede. Desvaría. Sueña mal porque ya no piensa con serenidad, sino con odio. Siempre ha perdido las elecciones. La de Gladis, su hija del alma, también la perdió en el 2007. Lo que sucedió es que Hilda Gutiérrez vendió la elección. Esta hizo como que andaba en campaña, pero desde hace mucho que el destino ya estaba entregado. Gladis le dio el apoyo económico que aquella requería para aparecer como candidata opositora. Dicen que no le cumplió del todo. Pero así es la política. Abías Salomé también engañó a la “potra” que su hija Damara iba en la regiduría primero. Pero con lo que sé y supe, me permitió conocer de cerca como pensaba y actuaba al Abías que quería democratizar Cosoleacaque, aunque lo único que buscaba era saciar su sed de fortuna.
De láminas caídas y recuerdos ingratos.
Eran las once de la noche y el recuento no concluía en la colonia Congreso. Eran las once y la tensión crecía entre los panistas y los priístas, cada uno esperando resultados, aquellos por no saber; éstos por corroborar que habían ganado, dado la compra de votos que habían hecho. Pero el agua se dejó venir, y con un viento fuerte ocasionó que la luz se apagara y todo quedó en oscuras; el viento entraba zumbando y obligaba a la dispersión de los ciudadanos. Pero muy pocos se iban. Los vecinos ahí estaban, querían saber quien había ganado. El viento había llegado tan fuerte que quebró las láminas de asbesto de la vieja escuela primaria, que ese día le recordó a todos su condición de abandono y pobreza, debido a las tranzas que han cometido sus maestros y directivos, y sociedades de padres de familia, que ahora mendigan el apoyo popular e institucional para construir la loza. Pero si escarbaran un poco en la historia de esa escuela, encontrarían que existe mucha corrupción en el manejo del dinero. Para corroborarlo bata que le pregunten a Felisa Roque y al ex director Ricardo Salinas y a otras más que todavía están ahí como directivos de la sociedad de padres. Entre aquellos dos, que ya no están, se llevaron cinco mil pesos, que buena falta hace ahora.
Ante el viento fuerte, las viejas láminas no aguantaron y se rompieron todas, dejando a la escuela un recuerdo amargo junto a esta elección que también lo fue para la familia Merlín. Un recuerdo que habla de heridos, pues dos integrantes que participaban en el recuento, resultaron lesionados, que aunque levemente, generó el pánico de quienes vivieron el suceso. Junto a ese pánico, y por la fuerza del viento, la puerta de la escuela se abrió y la gente que esperaba el final de esta historia, se precipitaron al patio. Sin verse entre sí por la oscuridad del ambiente, solo voces se escuchaban. Una fue la que calmó a los priístas. Dicen que fue la voz de José Luis del Valle, presidente de una Casilla, quien conminó a la calma, que no había pasado nada y que regresaran a sus lugares. No había pasado nada, porque sólo hasta el otro día se supo, debido a la oscuridad de ese momento. Pero había una cabeza rota y un brazo lastimado. Y una familia que lloraba la derrota del hijo: la familia Merlín, y muchos aquí en la colonia Congreso le hacían comparsa.
Los operadores del fraude.
Al llegar el lunes la sonrisa de los priístas era de derrota total. Su candidato Héctor Merlín no había ganado la elección. Por eso la cabeza de Heliodoro empezó a pensar cómo voltearla. Pensó y pensó. Se acordó de cómo lo había hecho en 1988, 1991 y 1994. En la primera cuando fraudulentamente ganó Orlando Cadena e iba como síndico Juan Merlín. En la segunda cuando iba de candidato Rafael Merlín y ganó con claro relleno de urnas, según me contó cierta vez un testigo presencial. Y la tercera cuando Gladis Merlín perdió la elección frente al perredista Nicolás Reyes Álvarez.
La elección debía voltearse y se podía. Pero requería de un trabajo fino para ser un fraude de alto nivel, y unos operadores dispuestos a todo. Dinero tenía. Quería operadores. Y encontraron a los obreros de chambas sucias, nadas menos que en Jesús Cruz Gómez, dirigente del Partido del Trabajo, Abías Salomé y Román García Martínez, candidatos derrotados. Cada uno de estos, cooptado según el interés de cada quien, instruyó a sus comisionados electorales para que en la reunión del recuento del miércoles obraran en consecuencia: echar abajo el triunfo de Cirilo Vázquez, aduciendo que la chapa de la puerta de la comisión se había violado, acción que ellos mismos perpetraron en la madrugada del martes, y por lo mismo se debía contar voto por voto. Engaño en el cual, al parecer, cayó el comisionado electoral del PAN, quien sin conocer lo que había atrás de la elección, permitió el recuento total, sin haber causa legal justificada. Para apoyar este recuento Heliodoro Merlín concentró todo el miércoles, frente al IEV a los priistas y perredistas “ingenuos”, pero también a un grupo de choque, que con varas con puntas de alambre y armas de fuego, vigilaban que militantes del PAN no se acercara a la Comisión Electoral ni a su representante, quien estaba casi secuestrado y no podía salir para dar o recibir información, por temor a que lo golpearan. Ese día, Cirilo Vázquez no encontraba la solución al problema. La policía no quería desalojar a los maleantes al servicio de Gladis Merlín. Y la gente suya exigía resultados. La tensión aumentaba. El tiempo pasaba y no se podía descifrar el desenlace.
El recuento del miércoles.
Cirilo Vázquez cito temprano a su gente en el cruce de Correos e Iturbide. Como a las diez de la mañana de ese miércoles la ciudadanía que acompañaba a Cirilo acudió al IEV distrital y el pueblo congregado se enteró del problema. Ahí se denunció que la chapa había sido violada, los maleantes habían entrado y era de suponer que habían manoseado las urnas.
Pese a esa evidencia, y actuando en complot, tanto el IEV como los consejeros y comisionados de partidos, decidieron abrir urna por urna, sin que existiera motivo legal alguno. Las actas estaban ahí y debía procederse tal cual demanda la ley: solamente se abren los paquetes cuyas actas no obren en poder del IEV o no exista claridad en los números que reflejan. O porque se suponga que los paquetes hayan sido abiertos, pero los resultados que estos arrojen no pueden estar por arriba de lo que las actas que obren en poder de los partidos políticos. El voto por voto solamente procede cuando el número de votos nulos sea mayor a los votos con los que gane el candidato triunfador. Ninguna causal de las citadas se daba en Cosoleacaque, pero la presión y la amenaza latente impulsó al comisionado electoral del PAN aceptar la apertura de todos los paquetes.
Una idea, una toma de carretera.
Eran la una de la tarde, y ante la confusión del momento sugerí una idea coadyuvante. Si los priístas, perredistas, convergentes y petistas estaban apostados frente al IEV, apoyado por maleantes contratados expofeso, y eso hacía presionar al comisionado del PAN para abrir toda la paquetería, nosotros procederíamos a cerrar la carretera. La idea le pareció buena a Cirilo Vázquez, pero peligrosa, por el desenlace que podía pasar. Dijo que lo pensaría y esperaría un rato mientras esperaba a que el gobierno llamara para destrabar la elección. Pero este hacía causa omisa. Como a las dos de la tarde volví a insistir. Pero no se quería dar ese paso. Cirilo Vázquez no quería. Dudaba porque eso podía ocasionar un enfrentamiento de graves consecuencias. Pero de valor a valor había que saber quien era el mejor. El candidato lo decidió como a las tres y media cuando el diputado local, Rubén Pérez Vera informó al suscrito que siempre sí. A esos de las cuatro de la tarde, el cruce de transístmica esquina Correos se cubrió de panistas. Y como a las siete de la noche se tomó la autopista. En ese lapso se dejó venir la prensa, que no eran más que transmisores de lo que pasaba en el frente panista para luego reportarlo a la policía y a Gladis Merlín. Ahí llegó Mario Zepeda de Diario del Istmo, promotor publicitario, quien había conseguido en plena campaña un espacio por trescientos mil pesos, pagados por el ayuntamiento de Cosoleacaque. Esa fue la causa de que dicho informativo cambiara su línea, evidenciara su parcialidad y bloqueo a informar lo que verdaderamente ocurría en Cosoleacaque. La orden del capitán Barajas había sido tajante: no publicar nada que vaya en contra de Héctor Merlín –dijo mi informante. Por eso en los días consecuentes el diario se calló y con eso cayó la imagen que había conseguido en el lector de Cosoleacaque: de veraz pasó a mentiroso; de independiente al caciquismo, pasó a venal y subordinado, con eso se difundió que tan malo el Istmo como el Liberal o Notisur. De los tres ninguno escribía la verdad completa porque solo obraban sobre una sola voz. Al actuar así cada uno defendía la posición su grupo de poder en el gobierno, porque cada quien tiene fuertes intereses con Fidel Herrera. Por eso el silencio o la información sesgada o con verdades a medias. Lástima que por tan poco se hayan vendido. Y por eso se emparentan con las señoras que vendieron su voto. Ellas a trescientos pesos y una despensa; los diarios por un espacio de trescientos mil pesos. Si aquellas se prostituyeron, igual suerte corrieron los diarios de la región.
La movilización detenida y vuelta a necesitar.
El jueves por la mañana, una hora después que habían abierto la carretera, con el consentimiento de David Tores Piñuelos, publiqué un manifiesto, donde pedía que el modo de recuperar la elección era no bajar la guardia sino mantener informado y movilizado a los simpatizantes y al pueblo, y convocábamos a las cuatro de la tarde a una magna marcha en repudio al fraude electoral que se estaba viviendo. Y para muestra un botón: ahí donde Héctor Merlín tenía 59 votos, se le validaron 138 votos, donde había 32, consiguió 223 durante la revisión. Muestra palpable de que el trabajo sucio había surtido su efecto. Pero no teníamos información precisa, todo era un rumor, verdades parciales que los diarios publicaban pero que no correspondían a la totalidad del hecho. Eso generaba las dudas y entre Galmichi y Justiniando Santiago, “el Cuty” fuimos e imprimimos los volantes. Ya habíamos repartido como quinientos, cuando llegó la contraorden. Cirilo dice que nadie se mueva para evitar una provocación. El volante dejó de circular, pero dejó constancia de que sin movilidad popular no podría hacerse respetar los sufragios que el pueblo había emitido el domingo anterior. Y regresamos a nuestra reflexión. A pensar desde los orígenes que piensa más un colegiado que una sola persona. Cirilo estaba equivocado, pero él tenía el sartén por el mango y había que acatar la decisión.
Pronto Cirilo se daba cuenta de que no bastaba estar en la Comisión electoral para que la ley se respetara. Que junto al camino legal marcha el ilegal, y como a eso de la una de la tarde del viernes 9 de julio emitió una contraorden. Que siempre sí había que tapar la carretera para presionar al gobierno a que sacara las manos de la elección y reconociera el triunfo. Pero ya no me invitaron. Alguien había sembrado la desconfianza al interior del panismo y opté por no participar. Los seguidores de este partido, en cambio, volvieron a obstruir la vía de comunicación a la altura de Oteapan, y ahí permanecieron de la una de la tarde hasta el sábado como a las diez de la mañana, cuando Cirilo Vázquez comunicaba que ya había recibido la constancia de mayoría, con 800 votos de ventaja sobre Héctor Merlín.
El jueves por la mañana, una hora después que habían abierto la carretera, con el consentimiento de David Tores Piñuelos, publiqué un manifiesto, donde pedía que el modo de recuperar la elección era no bajar la guardia sino mantener informado y movilizado a los simpatizantes y al pueblo, y convocábamos a las cuatro de la tarde a una magna marcha en repudio al fraude electoral que se estaba viviendo. Y para muestra un botón: ahí donde Héctor Merlín tenía 59 votos, se le validaron 138 votos, donde había 32, consiguió 223 durante la revisión. Muestra palpable de que el trabajo sucio había surtido su efecto. Pero no teníamos información precisa, todo era un rumor, verdades parciales que los diarios publicaban pero que no correspondían a la totalidad del hecho. Eso generaba las dudas y entre Galmichi y Justiniando Santiago, “el Cuty” fuimos e imprimimos los volantes. Ya habíamos repartido como quinientos, cuando llegó la contraorden. Cirilo dice que nadie se mueva para evitar una provocación. El volante dejó de circular, pero dejó constancia de que sin movilidad popular no podría hacerse respetar los sufragios que el pueblo había emitido el domingo anterior. Y regresamos a nuestra reflexión. A pensar desde los orígenes que piensa más un colegiado que una sola persona. Cirilo estaba equivocado, pero él tenía el sartén por el mango y había que acatar la decisión.
Pronto Cirilo se daba cuenta de que no bastaba estar en la Comisión electoral para que la ley se respetara. Que junto al camino legal marcha el ilegal, y como a eso de la una de la tarde del viernes 9 de julio emitió una contraorden. Que siempre sí había que tapar la carretera para presionar al gobierno a que sacara las manos de la elección y reconociera el triunfo. Pero ya no me invitaron. Alguien había sembrado la desconfianza al interior del panismo y opté por no participar. Los seguidores de este partido, en cambio, volvieron a obstruir la vía de comunicación a la altura de Oteapan, y ahí permanecieron de la una de la tarde hasta el sábado como a las diez de la mañana, cuando Cirilo Vázquez comunicaba que ya había recibido la constancia de mayoría, con 800 votos de ventaja sobre Héctor Merlín.
Una lucha que todavía no termina.
Pero el problema es que la lucha todavía no termina. Quedan dos instancias legales para resolver el problema: uno lo es el tribunal estatal y otro el de la federación. Los Merlines acudirán a esas instancias, y si estas fallan, estarán prestos para esperar la oportunidad de un pretexto: ensangrentar la elección o bien crear ingobernabilidad para que el Cabildo electo sea declarado desaparecido y se establezca un Consejo municipal. Así se piensa y se siente en el corazón de los cosoleacanecos cerrados y localistas, que miran en Cirilo Vázquez un enemigo, no por provenir del padre que ya murió y que también fue cacique en el Sur, sino por ser fuereño. Los chocos de Cosoleacaque prefieren ser gobernados por un choco, aunque este los friegue como lo ha fregado la familia Merlín. Vaya usted a saber de que modo están hechos los que piensan así, pero me consta que ABIAS SALOME y muchos más proceden igual. Lo del pueblo pobre es justificado porque no tienen estudios ni han abierto su conciencia a los cambios profundos que vive la sociedad, pero lo de Abías no es cerrazón sino burda negociación con el merlinismo. Vendió su alma Abías a sus golpeadores. Y con ello olvidó los golpes salvajes que le propinaron los pelones y los merlines el dos de julio del 2008. Por eso valga reproducir en esta crónica lo que él me platicó el lunes 5 de julio, en su casa:
Un diálogo escabroso.
–Desde el domingo en la noche, mucha gente me ha estado llamando para que hagamos algo. No podemos permitir que Cirilo Vázquez llegue a ser gobierno –dice Abías Salomé, sentado en el sillón negro de la recámara que se acondicionó como oficina, en la calle Correos no. 66. Pensando quizá que le ayude.
–Lo que te conviene es ponerte a pensar porque perdiste. Y perdiste porque nunca hiciste campaña y no tuviste dinero. Eso de los amarres fue un cuento. Le digo. La vieja ya perdió, así que mejor mira hacia delante, le sugiero.
–No vamos a permitir que un fuereño nos gobierne, vamos a buscar establecer un consejo. Faltan muchos meses para enero, dice molesto, como si le doliera en el alma.
Pensé que era natural. Perder una elección no es poca cosa, cuando el hombre vive ilusionado de que va a ganar. Pero Abías nunca se movió de su casa, y las pocas veces que lo hizo fue para realizar sus famosos “amarres” con Nicho Márquez, con Arturo Segovia, incluso con Antonio Benítez Lucho que llegó a visitarlo. Se creía seguro de ganar que hasta dijo haber vendido la regiduría primera y engañó a Perla Santos, de que iba en lugar de amara Gómez, para que esta le inyectara dinero a la campaña. Engañado por la “Potra” que le ofreció un millón por la regiduría primera y no le pagó, Abías Salomé anduvo sin dinero, o si lo tuvo lo ocultó. Unos días antes del domingo, Alfredo Basulto, un lugarteniente suyo, se le fue del redil y decidió apoyar a Héctor. Juana María, la hermana del Bronco, desde hace mucho lo había chaqueteado porque no había encontrado el dinero que ella necesitaba, y que Héctor Merlín sí pudo darle. Lo mismo pasó con Guadalupe, mejor conocido como Lupillo, nombrado coordinador al inicio de campaña. El dinero hace bailar al perro, y ellos bailaron a favor de quien lo tenía, pero no le bastó eso a Héctor, que ni así pudo ganar. Y no pudo porque el apellido Merlín obró en sentido contrario.
–No sé como le voy a hacer, pero meteremos un consejo, dice más molesto todavía Abías Salomé, cuando le digo que en eso no lo acompaño. Que ya lo había ayudado lo suficiente, pero que en echar abajo una elección ganada, no tenia caso, pues quien había avasallado con la compra de votos no había sido Cirilo Vázquez sino Gladis Merlín. Pero la expresión de Abías Salomé no era reflejo de un simple dolor electoral. Era una convicción. Porque por la tarde del mismo lunes recibí otra llamada:
–Quieren establecer un consejo. Van a echar abajo la elección. Quieren tomar la comisión electoral. Se acaban de reunir, Gladis Merlín, Abías Salomé y Román García, hasta el Diario del Istmo está de acuerdo. No van a publicar nada de lo que pase y favorezca a Cirilo –decía mi informante.
Y como sucedió. El martes en la madrugada los truhanes entraron a la Comisión Electoral. Hicieron su labor para revirar los resultados. Y luego reclamaron el conteo voto por voto con base en ese pretexto, que el comisionado de Cirilo no pudo resolver con tino ni legal ni político. Pero no solamente hicieron eso. Reunieron como a cien golpeadores y los apostaron estratégicamente. Era el grupo de choque contra los panistas. Convocaron a los militantes priístas que eran quienes llegaron a plantarse frente al IEV municipal, pero no venían por convicción. Venían a cambio de trescientos pesos. Toda la noche del miércoles no se sabía que ocurría dentro de la comisión. Ni cuáles fueron los argumentos esgrimidos para abrir toda la paquetería. Lo único que existía el rumor insistente: va arriba ligeramente Cirilo; va arriba Héctor Merlín. Cuando iba revisados las 75 casillas, Cirilo Vázquez iba arriba con apenas 500 votos de diferencia.
Por esos resultados el operador de ese trabajo, Chucho Cruz, comisionado del PT, se regodeaba de su labor cacomixtle, cuando recibió una llamada como a las once de la noche:
–No te hagas pendejo. Ya sé que fuiste tú y otros los que se metieron a la oficina del IEV para ensuciar la elección.
Aquel decía que no. Se decía inocente frente a la acusación. Pero la voz enojada lo increpaba.
–Te va a llevar tu madre cabrón.
Y es que en efecto, como a las doce del día del miércoles, una voz anónima me había informado que el lunes muy de mañana, Chucho Cruz andaba en busca de un cerrajero. Le urgía encontrarlo para un trabajo que no dijo. Pero que luego se supo cuál fue la chamba que hizo: violar la chapa de la Comisión Municipal Electoral. Lo que falta es encontrar al cerrajero para que despepite la verdad y el pueblo de Cosoleacaque lo sepa, que esta elección fue violentada desde sus inicios y que estuvo a punto de perderse, gracias a los dirigentes de los propios partidos, que tiempo atrás se decían defensores del pueblo. Pero todavía la guerra no se gana. Se ganó la primera batalla, pero faltan largos meses para poder descifrar el futuro. Y tres años más para saber cómo se van a comportar los tres regidores que el PRI tendrá contra los tres del PAN y uno de la alianza PRD, PT y Convergencia en el ayuntamiento. Y valga recordar un dato: cuando ganó Román García, los tres regidores del PRI, le hicieron la vida de cuadritos durante todo su gobierno, y estuvieron a punto de tirarlo, cuando este pidió permiso para irse como candidato a la diputación local.
Así se escribió este pasaje electoral. No ajeno a los muchos que ha habido cuando participa la familia Merlín con Heliodoro a la cabeza. Para los habitantes de este pueblo, ir a una elección y enfrentarse a los Merlines es enfrentarse al mismo diablo. Hacen valer su influencia en el gobierno, en el dinero que les permite comprar conciencia, en el trabajo que muchos están dispuestos a realizar. Porque en la tierra del señor hay de todo: desde aquel que vende su voto por trescientos pesos o el que pide más por violar la cerradura y anular los votos buenos para que surja otro triunfador. En Cosoleacaque la inteligencia más fructífera se queda perpleja de lo que pueda ocurrir. Pues quien tiene dinero consigue lo que quiere, aunque a veces le falle el intento. A Gladis le surtió efecto cuando compró a Hilda Gutiérrez, a Cirilo no lo pudo comprar. Pero a lo mejor si lo puedan condicionar: te reconocemos la elección pero no toques nada de mi periodo, no denuncies, parece que la oigo decir en algún lugar, en lo oscurito. Ojalá que no ocurra así y que Cirilo Vázquez actué conforme a derecho, se apegue a la razón y establezca un gobierno democrático. Solamente eso, no se puede pedir más.
La declaración de Cirilo.
Días después de haberle entregado la constancia de mayoría que lo declara Alcalde electo de Cosoleacaque, Cirilo Vázquez, declaró en una conferencia de prensa efectuada en el Café La parroquia, en el puerto de Veracruz. Ahí declaro que “Garantizo la transición porque es lo que quiero: que haya democracia y que todo empiece a cambiar la forma en hacer política.” También se comprometió a no implementar un gobierno caciquil cuando asuma el poder. La nota salió publicada el 12 de julio del 2010. Pero todavía quedan largos meses de espera y tres años de gobierno. El tiempo le dará la razón a sus palabras o las desacreditará. Veremos qué sucede primero.
Pero el problema es que la lucha todavía no termina. Quedan dos instancias legales para resolver el problema: uno lo es el tribunal estatal y otro el de la federación. Los Merlines acudirán a esas instancias, y si estas fallan, estarán prestos para esperar la oportunidad de un pretexto: ensangrentar la elección o bien crear ingobernabilidad para que el Cabildo electo sea declarado desaparecido y se establezca un Consejo municipal. Así se piensa y se siente en el corazón de los cosoleacanecos cerrados y localistas, que miran en Cirilo Vázquez un enemigo, no por provenir del padre que ya murió y que también fue cacique en el Sur, sino por ser fuereño. Los chocos de Cosoleacaque prefieren ser gobernados por un choco, aunque este los friegue como lo ha fregado la familia Merlín. Vaya usted a saber de que modo están hechos los que piensan así, pero me consta que ABIAS SALOME y muchos más proceden igual. Lo del pueblo pobre es justificado porque no tienen estudios ni han abierto su conciencia a los cambios profundos que vive la sociedad, pero lo de Abías no es cerrazón sino burda negociación con el merlinismo. Vendió su alma Abías a sus golpeadores. Y con ello olvidó los golpes salvajes que le propinaron los pelones y los merlines el dos de julio del 2008. Por eso valga reproducir en esta crónica lo que él me platicó el lunes 5 de julio, en su casa:
Un diálogo escabroso.
–Desde el domingo en la noche, mucha gente me ha estado llamando para que hagamos algo. No podemos permitir que Cirilo Vázquez llegue a ser gobierno –dice Abías Salomé, sentado en el sillón negro de la recámara que se acondicionó como oficina, en la calle Correos no. 66. Pensando quizá que le ayude.
–Lo que te conviene es ponerte a pensar porque perdiste. Y perdiste porque nunca hiciste campaña y no tuviste dinero. Eso de los amarres fue un cuento. Le digo. La vieja ya perdió, así que mejor mira hacia delante, le sugiero.
–No vamos a permitir que un fuereño nos gobierne, vamos a buscar establecer un consejo. Faltan muchos meses para enero, dice molesto, como si le doliera en el alma.
Pensé que era natural. Perder una elección no es poca cosa, cuando el hombre vive ilusionado de que va a ganar. Pero Abías nunca se movió de su casa, y las pocas veces que lo hizo fue para realizar sus famosos “amarres” con Nicho Márquez, con Arturo Segovia, incluso con Antonio Benítez Lucho que llegó a visitarlo. Se creía seguro de ganar que hasta dijo haber vendido la regiduría primera y engañó a Perla Santos, de que iba en lugar de amara Gómez, para que esta le inyectara dinero a la campaña. Engañado por la “Potra” que le ofreció un millón por la regiduría primera y no le pagó, Abías Salomé anduvo sin dinero, o si lo tuvo lo ocultó. Unos días antes del domingo, Alfredo Basulto, un lugarteniente suyo, se le fue del redil y decidió apoyar a Héctor. Juana María, la hermana del Bronco, desde hace mucho lo había chaqueteado porque no había encontrado el dinero que ella necesitaba, y que Héctor Merlín sí pudo darle. Lo mismo pasó con Guadalupe, mejor conocido como Lupillo, nombrado coordinador al inicio de campaña. El dinero hace bailar al perro, y ellos bailaron a favor de quien lo tenía, pero no le bastó eso a Héctor, que ni así pudo ganar. Y no pudo porque el apellido Merlín obró en sentido contrario.
–No sé como le voy a hacer, pero meteremos un consejo, dice más molesto todavía Abías Salomé, cuando le digo que en eso no lo acompaño. Que ya lo había ayudado lo suficiente, pero que en echar abajo una elección ganada, no tenia caso, pues quien había avasallado con la compra de votos no había sido Cirilo Vázquez sino Gladis Merlín. Pero la expresión de Abías Salomé no era reflejo de un simple dolor electoral. Era una convicción. Porque por la tarde del mismo lunes recibí otra llamada:
–Quieren establecer un consejo. Van a echar abajo la elección. Quieren tomar la comisión electoral. Se acaban de reunir, Gladis Merlín, Abías Salomé y Román García, hasta el Diario del Istmo está de acuerdo. No van a publicar nada de lo que pase y favorezca a Cirilo –decía mi informante.
Y como sucedió. El martes en la madrugada los truhanes entraron a la Comisión Electoral. Hicieron su labor para revirar los resultados. Y luego reclamaron el conteo voto por voto con base en ese pretexto, que el comisionado de Cirilo no pudo resolver con tino ni legal ni político. Pero no solamente hicieron eso. Reunieron como a cien golpeadores y los apostaron estratégicamente. Era el grupo de choque contra los panistas. Convocaron a los militantes priístas que eran quienes llegaron a plantarse frente al IEV municipal, pero no venían por convicción. Venían a cambio de trescientos pesos. Toda la noche del miércoles no se sabía que ocurría dentro de la comisión. Ni cuáles fueron los argumentos esgrimidos para abrir toda la paquetería. Lo único que existía el rumor insistente: va arriba ligeramente Cirilo; va arriba Héctor Merlín. Cuando iba revisados las 75 casillas, Cirilo Vázquez iba arriba con apenas 500 votos de diferencia.
Por esos resultados el operador de ese trabajo, Chucho Cruz, comisionado del PT, se regodeaba de su labor cacomixtle, cuando recibió una llamada como a las once de la noche:
–No te hagas pendejo. Ya sé que fuiste tú y otros los que se metieron a la oficina del IEV para ensuciar la elección.
Aquel decía que no. Se decía inocente frente a la acusación. Pero la voz enojada lo increpaba.
–Te va a llevar tu madre cabrón.
Y es que en efecto, como a las doce del día del miércoles, una voz anónima me había informado que el lunes muy de mañana, Chucho Cruz andaba en busca de un cerrajero. Le urgía encontrarlo para un trabajo que no dijo. Pero que luego se supo cuál fue la chamba que hizo: violar la chapa de la Comisión Municipal Electoral. Lo que falta es encontrar al cerrajero para que despepite la verdad y el pueblo de Cosoleacaque lo sepa, que esta elección fue violentada desde sus inicios y que estuvo a punto de perderse, gracias a los dirigentes de los propios partidos, que tiempo atrás se decían defensores del pueblo. Pero todavía la guerra no se gana. Se ganó la primera batalla, pero faltan largos meses para poder descifrar el futuro. Y tres años más para saber cómo se van a comportar los tres regidores que el PRI tendrá contra los tres del PAN y uno de la alianza PRD, PT y Convergencia en el ayuntamiento. Y valga recordar un dato: cuando ganó Román García, los tres regidores del PRI, le hicieron la vida de cuadritos durante todo su gobierno, y estuvieron a punto de tirarlo, cuando este pidió permiso para irse como candidato a la diputación local.
Así se escribió este pasaje electoral. No ajeno a los muchos que ha habido cuando participa la familia Merlín con Heliodoro a la cabeza. Para los habitantes de este pueblo, ir a una elección y enfrentarse a los Merlines es enfrentarse al mismo diablo. Hacen valer su influencia en el gobierno, en el dinero que les permite comprar conciencia, en el trabajo que muchos están dispuestos a realizar. Porque en la tierra del señor hay de todo: desde aquel que vende su voto por trescientos pesos o el que pide más por violar la cerradura y anular los votos buenos para que surja otro triunfador. En Cosoleacaque la inteligencia más fructífera se queda perpleja de lo que pueda ocurrir. Pues quien tiene dinero consigue lo que quiere, aunque a veces le falle el intento. A Gladis le surtió efecto cuando compró a Hilda Gutiérrez, a Cirilo no lo pudo comprar. Pero a lo mejor si lo puedan condicionar: te reconocemos la elección pero no toques nada de mi periodo, no denuncies, parece que la oigo decir en algún lugar, en lo oscurito. Ojalá que no ocurra así y que Cirilo Vázquez actué conforme a derecho, se apegue a la razón y establezca un gobierno democrático. Solamente eso, no se puede pedir más.
La declaración de Cirilo.
Días después de haberle entregado la constancia de mayoría que lo declara Alcalde electo de Cosoleacaque, Cirilo Vázquez, declaró en una conferencia de prensa efectuada en el Café La parroquia, en el puerto de Veracruz. Ahí declaro que “Garantizo la transición porque es lo que quiero: que haya democracia y que todo empiece a cambiar la forma en hacer política.” También se comprometió a no implementar un gobierno caciquil cuando asuma el poder. La nota salió publicada el 12 de julio del 2010. Pero todavía quedan largos meses de espera y tres años de gobierno. El tiempo le dará la razón a sus palabras o las desacreditará. Veremos qué sucede primero.
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