domingo, 25 de julio de 2010


DE COSOLEACAQUE Y ESPECIES GATUNAS DEL CACIQUISMO.

Samuel Pérez García.


Después de la derrota electoral del hijo de Heliodoro, Héctor Merlín, a la presidencia municipal de Cosoleacaque, el viejo Choyoyo no se resigna a ese doble dolor en su memoria. El primero cuando fue derrotado por Román García, por una diferencia de 500 votos. Ante ese primer dolor, lo que hizo Heliodoro fue dar línea los tres regidores que iban en la lista del PRI, para que ellos mantuvieran en zozobra al presidente en funciones. Aquella vez el cacique vivo no hizo ninguna lucha poselectoral. Perdió y hubo de aceptar su derrota, aunque el caso se ventiló en los tribunales. En esa ocasión ya no era el cacique de antes, que le sobraba dinero e influencias, como la que le había permitido arrebatarle para su hija Gladis Merlín, el triunfo a Nicolás Reyes Álvarez por la diputación federal del distrito XXI. Pero si bien aceptó, el dolor no se le desapareció y por eso mantuvo en Jaque a Román García en los tres años de gobierno.
El segundo dolor es recientísimo. Sucedió el 4 de julio, fecha histórica para el pueblo de Cosoleacaque y nefasta para el viejo Choyoyo. No acepta ni aceptará nunca que su hijo Héctor Merlín haya perdido la elección presidencial. Ni el dinero ni las despensas, ni el pago ostentoso de un mil quinientos pesos a los representantes ante las casillas, le basto al cacique Merlín Alor para ganar dicha elección. Tampoco el fraude orquestado para rellenar las urnas en la madrugada del 6 de julio, acción que dice que presuntamente perpetró Jesús Cruz Gómez (dirigente del Partido del trabajo) y otros mercenarios de la política, ni el apoyo publicitario que en la lucha poselectoral le otorgó el reformador de Cosoleacaque ABIAS SALOME, golpeador de mujeres y la democracia, han impedido que finalmente, el voto popular se imponga en Cosoleacaque. Para muchos ciudadanos, la elección ya pasó. Pero no para Heliodoro. El sigue aferrándose al odio que como cáncer se le desarrolla en todo el cuerpo. Malo y bueno resulta su actitud. Malo porque morirá con ese rencor que le dejó la política. Bueno porque a su edad, pronto podrá olvidar ese hecho lastimoso. O a lo mejor sucede lo contrario: en lugar de olvidar más recuerde y le haga imaginarse: primero él, su constancia de mayoría un 29 de octubre de 1997, y después de él, vea a su hijo recibir la propia un 7 de julio del 2010. Hay casos que suceden así. Cuando algo nos duele, para evadirlo, pensamos lo contario. En Choyoyo esto no puede ser la excepción.
Es este último dolor el que lo lleva a maquinar turbias escenas de vandalismo y violencia poselectoral, como aquellos viejos tiempos de los años setenta y ochenta cuando era un plato común, que si la familia no ganaba la elección para un familiar o para un allegado obediente, se planeaba un conflicto para convertir la elección constitucional en un Consejo Municipal. 15 de estos consejos están escritos en la historia y en la memoria de los viejos políticos de Cosoleacaque. Por eso ahora Heliodoro, vía Gladis Merlín, ha buscado quien le haga el trabajo sucio: crear las condiciones para que se genere un proceso violento y el gobierno encuentra la justificación para imponer un Consejo Municipal, a cuya cabeza debe ir un allegado merlinista. ¿Lo podrá?
La respuesta es afirmativa si el pueblo de Cosoleacaque consigue olvidar ese pasado lastimoso. Pero si no, el mismo pasado le dará fuerza y convicción democrática, para que los priístas de Heliodoro y Gladis Merlín desistan de ese intento insano de manosear la democracia y en lugar suyo, imponer la voluntad de un grupúsculo por sobre la voluntad del pueblo. Cosoleacaque ya no es coto familiar, ni de los Cadena, ni los Merlín ni de los Vázquez. Cosoleacaque debe poco a poco ir ganando su independencia, aun cuando hoy, para quitarse a una familia, se haya entregado a la voluntad de otra. De esto seguiré hablando en otra entrega, por lo mientras quede aquí.
Sin embargo, hay que prepararse para lo peor. No ser ingenuo de que la familia Merlín doblará las manos. Ellos no conocen lo caballeroso de la política. Se orientan más por el colmillo y los dientes filosos. Saben que si no triunfan, ya no tendrán el lujo de vivir como hasta ahora lo hacen. Por eso el ardite de mover a los dos candidatos, Román García y Abías Salomé para que actúen como si fueran motivos propios lo que a éstos los impulsan. Pero no es así por la siguiente razón: Ni Román ni Abías poseen los recursos económicos y la inteligencia para asestar este golpe democrático a Cosoleacaque. Pero sí poseen esos recursos económicos Gladis Merlín y su padre. Éstos ofrecen el dinero, y aquellos dan la cara y se rebelan. Pero sus verdaderas intenciones están ocultas. No es tanto el fraude que ellos alegan se cometió en contra de sus propios partidos. Eso no les quita el sueño. La democracia es lo de menos, lo que los mueve son los dividendos que eso conlleva: un dinero, un puesto público o cualquier otra dádiva. Ni siquiera quieren hacer ganar a Héctor Merlín, en su mente y bajo el botón que aprieta Heliodoro, pretenden crear las condiciones para un Consejo Municipal, lo que desde mi punto de vista sería un grave error regresar hasta ese estadio del cual se nutre la historia política de Cosoleacaque. Ojalé que estos fines desleales a la democracia no se consigan.
Esperemos que no suceda nada de eso, ni hoy ni mañana, y que quienes han cambiado su conducta a cambio de dinero, puedan enderezarla. Digo esto no por los protagonistas de este drama político, sino por los ciudadanos que se encuentran confundidos o para quienes hacen de la política un santuario de buena fe. Porque esos actores de ahora ya nacieron torcido y con nada se enderezan. Hablo en primer lugar de Abías Salomé, quien ni con ir a rezar a Chalma hincado podrá cambiar. Su conducta es incambiable: de aparentar ser un político anticaciquil cayó a los pies de quienes hoy lo mandan. De golpeador de mujeres –Perla lo sabe bien- pasó a golpeador de la democracia. De enemigo jurado del merlinismo por haber sido golpeado el 2 de julio del 2008 pasó a defensor y amante, o sea, que en él se da el síndrome de Estocolmo: el secuestrado que termina por adorar a su secuestrador. ¿Quién puede defender a Abías de esa conducta impúdica de entregarse al Merlinismo, cuando él sabe bastante bien que el fraude electoral se orquestó desde la calle Hidalgo y tuvo como operadora a Gladis Merlín y como inteligencia inobjetable al mismo Heliodoro Merlín? Nadie, ni incluso la propia familia cercana que lo apoyó. Porque me consta y lo digo con la seriedad del caso - en la mera campaña política fueron los mismos familiares, los jóvenes, no los viejos, los que no le daban ningún crédito moral al candidato de Nueva Alianza. Y pese a ello, quien esto escribe, - no por confusión ni algún otro motivo, sino para tener una trinchera para denunciar el caciquismo -hube de seguir hasta tres días antes del cuatro de julio cuando se vislumbró la derrota del reformador Abías. Su actitud compulsiva y violenta, sus sueños de grandeza, su verborrea vacía demostraba que Abías no era ni demócrata ni hombre de honor, acaso un vividor de la política, tal cual hoy se refleja en su conducta y en su pensamiento. Es decir, otro Darío Aburto que de mandón pasó a mandadero.
De Jesús Cruz Gómez me resulta increíble su nueva conducta. Lo digo por las circunstancias políticas que me orillaron a caminar juntos en algunas luchas. Oigo, veo y no lo creo –pero la verdad es una- que el lunes por la mañana anduviera de afanoso buscando un cerrajero. Para qué querría Chucho Gómez un cerrajero. El miércoles se supo para qué. La chapa de la puerta de la Comisión Electoral había sido violada y en su interior varios sujetos –a cambio de veinte mil pesos por cabeza- habían hecho de las suyas. Habían inflado la votación a favor de Héctor Merlín y del PRD y había bajado la del PAN. Un clásico trabajo del cual Choyoyo es experto, porque fue así como ganó en 1988 Orlando Cadena –Juan Merlín iba de síndico- la elección contra Genaro Luna y en 1991, Rafael Merlín. Estos datos lo sé porque me consta directamente y porque también la gente habla y no se calla lo que sabe. Chucho Cruz quemó sus naves aparentando defender lo indefendible, pero a trasmano, lo que habló fue el poder que da el dinero. Igual que Abías de crítico pasó a gato merlinés. Nueva especie animal solamente criada en Cosoleacaque.
De Román García Martínez hay que lamentarse su pobreza moral. Pese a ser de poca inteligencia, tuvo un golpe de suerte que lo llevó a la cumbre del poder regional. Se convirtió en presidente municipal de su pueblo, en 1997. Pero para gobernar no basta la suerte, sino también la inteligencia política. Y el hombre no la tuvo, pero sí ambición, cualidad ésta que al no ser compaginada con la otra lo llevó a casi perder el poder en manos de sus propios regidores y de los otros que el Choyoyo le mando para hostigarlo. Ese hecho fue olvidado por Román García en estas elecciones y para coronar su olvido se alió a Héctor Merlín para –supuestamente- demandar la anulación de la elección de la cual se dice ofendido, cuando el suceso pasó al revés. Otro más que pasa a formar parte del zoológico gatuno de la familia que hoy todavía está en el poder.
El deslinde.
Lo que mis detractores dicen de mí no me amilana. Ni me vendo ni me arrastro. Me declaro luchador democrático con pensamiento propio y no obedezco más consigna que la yo mismo me dicto con ayuda de los autores que leo y ensayo. Dije autores de libros no caciques.
Por eso digo que es cierto que fui a una conferencia de prensa el martes 6 en el Café Colonial de Coatzacoalcos con Cirilo Vázquez. Ahí señalé que la familia Merlín debía respetar los resultados. Que pese a las despensas y compras del voto la familia Merlín no había ganado la elección. Que no deseábamos un Consejo Municipal en Cosoleacaque como tiene propuesto el merlinismo. Fui a señalar lo que pienso como intelectual y como ciudadano que lucha por la democracia en el municipio, pero no fui a expensas de un pago previo ni en la búsqueda de un puesto público. Fui porque me asistía una razón fundamental: los votos daban el gane inobjetable a Cirilo Vázquez Parisi, pero veía nubarrones de intolerancia y antidemocracia. Aún cuando en mi libro Caciquismo y Democracia sostenía y sostengo que el pueblo de Cosoleacaque se encuentra como el jamón dentro del sándwich: por un lado lo aprieta la familia Merlín, y por otro, la familia Vázquez, me parecía justo reclamar respeto a la elección sostenida el 4 de julio, pues no resulta posible enfrentar a dos enemigos al mismo tiempo. Por eso resulta saludable que Cirilo Vázquez –como presidente electo- haya declarado que no ejercerá un gobierno caciquil ni familiar, -tal y como las medias hermanas se turnan el poder en Acayucan- y dejará que llegue la alternancia al gobierno de Cosoleacaque cuando él abandone el poder. Esto puede ser cierto o puede ser falso. No me incumbe en estos momentos desechar la propuesta. En los tres primeros meses de gobierno del presidente electro sabremos realmente cuáles serán sus intenciones. Si el candidato en lugar de escoger a sus hombres de confianza de los ciudadanos de Cosoleacaque, elige a aquellos que vienen de fuera, entonces no cumplirá su palabra; si en lugar de elegir a los delegados de colonias mediante el voto lo elige mediante el dedo sabio del presidente o de sus allegados íntimos, entonces no cumplirá su palabra; si la obra pública la realiza en virtud de quienes votaron por él, pero no en virtud de las necesidades de la población, entonces no cumplirá lo que dijo; si nos sigue cobrando el diez por ciento a los vecinos por cada obra que realice, en lugar de eximirnos de ese impuesto, entonces, solamente entonces es cuando podremos ver si el nuevo presidente electo quiere en verdad ejercer un gobierno democrático para Cosolecaque. Solamente entonces se podrá hablar con menos dudas que las que hoy existen. En tanto eso no suceda y mientras comienza el primero de enero del 2011, lo que me queda es dar como ciudadano un voto de confianza al nuevo presidente electo, si y solo sí desiste de la idea de ser cacique. En Cosoleacaque los caciques deben dejar de existir para bien de la democracia. Pero no será por voluntad propia ni por la exigencia de un grupo opositor, la erradicación del caciquismo tendrá que provenir del alma del pueblo organizado, el único que puede decidir el rumbo de esta ciudad asolada por el caciquismo. Y en esa lucha contra esa forma de gobierno no quitaremos el dedo del renglón. Si algún día logramos erradicarlo de nuestro pueblo, entonces lo mismo pasará con la especie gatuna que creó el caciquismo merlinés. Cada sistema de gobierno crea a sus mandones y a sus sirvientes. La especie gatuna de los que hoy mandan está llegando al ocaso. Tal vez mañana se levante otra especie. Todavía no sabemos.

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