Samuel Pérez García
Uno de los tantos hijos que tuvo el Cacique Cirilo Vázquez, Ponciano Vázquez, egresado de la escuela de caciques que establecieron en Acayucan las hermanitas Vásquez Saut, Sofía y Regina, pretende ahora enseñorearse a costa de los cosoleacanecos.
Tanto Cirilo como Ponciano llegaron como el hombre que no tiene casa, tímidos en el 2010, enarbolando una lucha contra sus compadres en el poder: Merlín Alor, y le ganaron al otro cachorro: Héctor Merlín Castro. Pero una vez vencido el hijo de Heliodoro Merlín, los Vázquez se inflaron como el sapo. Así, ahora el actual presidente, Cirilo Vázquez, quiere cederle a su hermano la silla y lo ha nombrado candidato a la presidencia municipal, llevando como regidora primera a la hija de Gladis Merlín, Carla, la niña de los ojos dorados, no por el color, sino por el dinero público que ya ve próximo a su bolsillo.
Mal semblante nos ofrece la política ahora. Pero para que no ataquen duro a los Vázquez, los estrategas del PRI quisieron darle chance a Gustavo Jiménez, del CAEV, para que se la juegue con la sindicatura; alguien no quemado, contra el carbón político que es Ponciano Vázquez, estafador de pueblo con las malas obras que el 2012 construyó en la sierra con su compañía, cuya maquinaria, pobladores de Tatahuicapan tuvieron que retener para que cumpliera construyendo bien. Sin embargo, tanto peca el que agarra la pata como el que la mata. Así está el caso con Gustavo Jiménez.
Ahora bien, el nuevo PRI, el democrático PRI que dijera Peña Nieto en su campaña, tiene que echar mano de las viejas familias caciquiles para poder competir contra una oposición que, dividida como está, dudamos mucho que haga un buen papel.
Resulta que los precandidatos no se quisieron unir, creyéndose los salvadores solitarios de Cosoleacaque, pero lo único que habrán de ganar es entregarle el poder a la familia Vázquez, que no por algo tiene sus esquiroles y apoyos familiares en quienes les gusta vivir del presupuesto público. Pero no crea el ciudadano que todos están con Ponciano, va un decir: ¿Ustedes creen que Gladis Merlín, la candidata a diputada local votará por Ponciano Vázquez? ¿Ustedes creen que abonará ella misma a su propia derrota en el 2018? De ningún modo: Gladis le apuesta a que Ponciano sea derrotado por el propio voto priista, para que ella salga como candidata natural dentro de cuatro años. Y Ponciano piensa también que no gane Gladys y buscará aliarse con algún candidato de oposición para votar en contra. Cosas de la vida: los dos candidatos del PRI se jugarán la contra para salir airosos de la contienda. Si no fuera por esto, la política no tendría chiste. Pero la mañosa Gladis, si bien le apuesta a que Ponciano no gane, no desea que pierda su hija. Por eso la colocó en la regiduría primera. Si perdiera Ponciano, la hija saldría ganando.
Estos dos ciudadanos: Ponciano y Gladis, son dos seres que al mismo tiempo que se quieren, se repelen, porque ambos buscan lo más preciado: seguir viviendo del presupuesto público. Pero también que, para lograrlo, buscan comparsas en el pueblo, de preferencia si es la oposición, que no la izquierda. Así que Román García es uno de ellos, pero dudamos a quien apoyará el gallo galante: si a su patrón Los Vázquez o a la hermana de su otro patrón: Héctor Merlín. Y como Román está necesitado de dinero se irá con quien pague más. El otro comparsa lo es Víctor García, precandidato todavía pero que ya quiere ser nombrado para que divida y haga ganar al PRI. Hombre de pelea de gallos y toreo ha confundido la política con un palenque: ahí se la rifan los mejores gallos y lo que sobresale son las apuestas. La procedencia del dinero es lo de menos, lo que importa es el juego. Así Víctor García: de dónde viene el dinero quién sabe, lo que importa es estar en la jugada, aunque sólo sea para engañar al pueblo con una "honrosa oposición". A ver quién le cree ese cuento.
Muy acá, y sin muchas tablas, pregonará su palabra Ángel Santiago, quien con el Partido del Trabajo hará una campaña testimonial, si es que le alcanza el dinero y los que lo impulsan no cansan con su labia mimosa para convertir al buen Lancero en “cartucho quemado” en esta elección, que a buen decir no me gustaría que perdiera, pero el problema es que la oposición no sabe hacer política ni distinguir quién es el enemigo preciso. Por eso piensan que solos lo pueden lograr. Pero no. Para ganarle al gobierno hace falta no solo ánimo, sino dinero y estructura. Pero el PT no tiene ni dinero ni estructura y a lo sumo lo que podrá conseguir será unos cuántos votos, de aquellos ciudadanos que repudian a los Vázquez y a los Merlín. Sin dinero toda campaña es una pobre campaña. Sin unión del pueblo, cualquier candidato está propenso a perder. Y aquí la conseja de Obrador entra fácil: sólo la unión del pueblo puede salvar al pueblo. Pero la oposición entró dividido al toreo político.
Porque vuelvo a recordar, no se está peleando contra un individuo sino contra una estructura de poder que trae dinero y labia para vencer al más cabrón. Porqué atrás de Ponciano y Gladis está el poder del Estado. Y a éste solo se le puede vencer unido.
Así, aunque un poco tarde, los candidatos de la oposición al cacicazgo deberían aprender esta conseja pública: aquel que no suma en una elección está condenado a perder; aquel que tenga demasiada cola que le puedan pisar, ni se meta a candidato. ¿Aquel que dinero no tenga para qué dar lástima puebleando? Y finalmente: si el pueblo de Cosoleacaque se quiere quitar el cacicazgo debe pedirle a los candidatos de la oposición que se unan, aún hay tiempo. Que dejen a un lado sus rencillas y su amor al poder público y salgan juntos a combatir al enemigo. Ya lo hizo una vez el buen Heberto Castillo, quien en mayo de 1988 decidió abandonar la candidatura y unirse a Cuauhtémoc Cárdenas, con el cual la oposición se vio animada y ganó, aunque le hayan hecho fraude. Entonces, si queremos ganar en Cosoleacaque debe haber alianza de facto, si de verdad se busca el bienestar social y no el personal. Ojalá que pueda lograrse. Y si no, seguiremos soportando un cacicazgo atroz. Mañana me dicen si no tuve razón, candidatos solitarios.
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