sábado, 31 de julio de 2010


RECORDANDO A RUBEN SALAZAR MALLÉN.
CAMARADAS
[1]: UNA NOVELA QUE DENUNCIA LOS INTRINGULIS DE LOS COMUNISTAS/ PERREDISTAS.
Samuel Pérez García

Para unos, Camaradas es la primera novela anticomunista publicada por vez primera en 1959, un año después del movimiento ferrocarrilero (1958); siete del movimiento médico de 1966, nueve del movimiento del 68 y doce de la masacre del movimiento estudiantil de 1971, de otros tantos de la guerrilla urbana y de la de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez Rojas. En ese contexto de difusión hubo de resultar difícil que se le publicara con el mismo aire de triunfalismo como sucedió con otras obras como Pedro Páramo de Juan Rulfo o El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz, que también vieron la luz en esa década.
Y creo, que si la hubiera leído en esos años del movimiento estudiantil del 68 mi juicio habría sido el mismo que Rubén Salazar pone en boca de alguno de sus personajes: que la novela contenía prejuicios “pequeñoburgueses”, que era una “obra reaccionaria” o que servía a la reacción y a los capitalistas. Pero ahora de ningún modo puede afirmarse juicios tan sumarios. Por eso valdría la pena retomar su lectura.
Camaradas lo que hace es husmear en la conciencia de los jóvenes y viejos izquierdistas de los años treinta y retratar lo que ellos pensaban y cómo actuaban frente a las ideas del socialismo estalinista de aquellos años. En esa época y todavía muy reciente, la de los setenta y ochenta del siglo pasado, no apoyar con el compromiso por delante a los “revolucionarios” era suponer que el militante izquierdista todavía estaba permeado por ideas pequeñoburguesas y clericales. Antes que la vida propia, estaba la revolución y quien no pensaba conforme el canon de Lenin o Marx era ser troskista, maoísta o contrarevolucionario para usar el concepto de los nicaragüenses de los años ochenta.
Pero la novela va mucho más allá y no solamente retrata la vida inhóspita y diferenciada entre los militantes obreros, de clase proletaria y los de de nivel económico alto, de la buena vida que ellos se daban y la mala que llevaban los militantes de base, tal condición los hacía contradecirse en las perspectivas de vida que cada uno buscaba en la revolución y a la cual se decían entregados. Expone también de manera cruda lo que hoy pasa en el movimiento de los sedicentes luchadores sociales que se cobijan en los partidos actuales, llámense amarillos o verdes, (antes eran revolucionarios), cuyo propósito parece ser el conseguir logros personales más que colectivos. Vender movimientos con tal de concretar lo que se busca casi siempre: el sobresalir a través de un cargo público por encima del sufrimiento de los demás.
En dicha novela Duplan y Lafragua y Campos, son los personajes del Comité Central que dan la línea ideológica y pretenden hacer valer su propia palabra sin chistar dentro del movimiento que dirigen. La verdad residía en ellos, y cualquier objeción era vista como atentatoria a la disciplina ideológica y partidaria. Pero no solamente esto, sino que, además, y como en todo grupo, proliferan los celos de poder y tomas de decisión a trasmano del colectivo. Y también la infidelidad amorosa y promiscuidad sexual, natural de generarse en todo grupo partidario. Aurelio Zárate, militante impoluto y Secretario de la Cámara de Trabajo mantiene relación amorosa con Alicia (compañera camal de Felipe), aun cuando aquél tiene esposa a Rosa, militante también; Felipe, militante y ayudante de Aurelio en la Cámara, amante de Rosa.
Pero el argumento central de la novela gira en torno a la necesidad de desbancar de la Cámara de Trabajo a Aurelio Zárate, a quien quieren suplir porque ya no satisface la moral corrupta y entreguista de quienes dirigen al partido comunista. Como el asunto no es fácil, piensan en varias estrategias. La primera es involucrarlo en una gesta heroica por amor a la revolución. Se le comisiona tomar él solo la estación de radio y lanzar una proclama a favor de la revolución rusa y contra el gobierno. Dicho acto llevaba dos fines: celebrar ese onomástico, pero también que la toma fracasara y Aurelio fuera a prisión. En ese acto riesgoso no hay paga de por medio, es amor y entrega por los ideales de la revolución proletaria. Aquél cumple la misión, pero en secreto se lleva de apoyo al estudiante Raúl Arroyo, quien cree fervientemente en el comunismo y en lo que hacen y dicen los altos dirigentes. Con su apoyo, Aurelio Zárate cumple con éxito la tarea.
Al fracasar ese modo de deshacerse del líder, el Comité Central elucubra darle caballazo en la próxima elección interna. Para ello preparan al propio Raúl Arroyo como sustituto, pero llegado la hora, éste decide no acatar la disposición, porque reconocía el papel de honestidad y compromiso que Aurelio Zárate tenía con el movimiento obrero, por esa razón prefiere renunciar al partido. Pero como los comunistas de ese entonces no aceptaban renuncias, lo que procede es la expulsión de Arroyo.
Al fallar ese segundo intento piensan en otro subterfugio: reconocerle a Aurelio su dedicación y entrega a la revolución, y en virtud de eso lo mandan pensionado a la URSS a prepararse mejor. Este cae en el garlito y decide viajar a Rusia dejando a su compañera Rosa al “cuidado” de Felipe.
Por su parte, Raúl Arroyo una vez que ha salido del partido, se encuentra cierta tarde a Laura, quien había sido su novia durante la militancia. Durante ese encuentro, ella le indica que están a la espera de que salgan los obreros de una fábrica con el fin de hacer un mitin relámpago y repartir volantes. Raúl, por la simpatía que siente por Laura se le suma, aún sin ser ya partidario comunista, y el mitin se desarrolla sin contratiempo policial. Pero cuando él y Laura abordan el tranvía que los aleje del lugar, la policía los apresa y se los llevan.
En la cárcel, previo antes de salir libre, Laura recibe la visita de Campos, quien le da instrucciones de lo que debe decir y hacer una vez que salga de prisión: que Raúl Arroyo llegó al comunismo porque estaba enamorada de ella –aunque ella sabe que fue al revés- que se había ido de la militancia porque había sido expulsado, para aquellos que no supieran que él había renunciado. Ella protesta, pero finalmente acepta su suerte y lo que tiene que decir llegado el caso.
Sin embargo, algo inquieta al Comité Central: Raúl sabe bastante. Por eso Duplan y Lafragua y Campos no se quedan quietos. Piensan que Arroyo puede hablar en prisión y todos pueden caer. Para evitarlo creen un deber denunciarlo a la policía para que ésta sepa que él fue uno de los que tomaron la estación de radio. Otro señala que a Arroyo lo mandarán a las Islas Marías y que ahí ni caso tiene preocuparse por él. Otro más habla de la necesidad de una enfermedad o de un accidente mortal. Lo que sea será beneficioso para el grupo de comunistas que teme por que Raúl hable. La novela concluye con un noticioso periodístico: un preso asesinó en la cárcel a su compañero de celda de nombre Raúl Arroyo. En tanto, Laura al salir de la cárcel, piensa en l la suerte de Arroyo, pero finalmente por beneficio propio, se queda callada por deber revolucionario.
Leer la novela me llevó a pensar cómo fue mi actuación en los años setenta cuando militaba en la izquierda revolucionaria. El sacrificio y la entrega a la cual nosotros mismos nos imponíamos. O nos imponían aquellos que más sabían. Salir a pintar las bardas durante las noches era un acto heroico al cual nos entregábamos por amor a la revolución. Pero también mirar la diferencia entre los que dirigían y los dirigidos. Aquellos viviendo bien por ser los intelectuales; nosotros viviendo como pudiéramos. Nosotros comiendo bien y hablando del cambio y la revolución a otros que apenas comían. Nosotros vociferando el compromiso, la entrega, el heroísmo; aquellos escuchando y en sus ojos cerniéndose la desconfianza. Unos muriendo y otros llorando la muerte. Unos caminando bajo el sol inclemente de Juchitán a Oaxaca, y otros negociando la salida al movimiento. Unos sufriendo el hambre y el fío; otros durmiendo bien y gozando. El discurso revolucionario entrando por un oído y saliendo por el otro. Los huipiles rojos, las enaguas de mil colores. El viento que zumba y el habla cantada del zapoteco ondear el aire de Juchitán en aquellos años ochenta cuando la COCEI y sus dirigentes practicaban el centralismo democrático, que no era más que aceptar que un grupo de luminarias decidiera lo que debía hacerse y cómo hacerlo. Que aquellos que no acataran las disposiciones de ese comité central eran contrarios a los propósitos de la democracia exclusivista que se practicaba. En esa época o se era leninista o se era troskista o maoísta; ser priísta era un deshonor, de arrastrado y vendido no bajaban al opositor. A los que no procedían conforme al dictado del centralismo democrático eran expulsados de la COCEI. Así sobrevivió esa organización hasta que la misma realidad les hizo ver que tan lejos estaban de ella, y lo que no querían que sucediera, pasó inevitablemente. Héctor Sánchez, uno de los altos dirigentes, hoy anda del tingo al tango político: lo mismo está en un lado que en otro. Los demás, como Leopoldo de Gyves –de un periodo de honestidad revolucionaria pasaron a otro de corrupción democrática. De cada uno de esos dirigentes –supuestos incorruptibles a la del francés Robespierre- solamente queda una estela donde brilla el individualismo y el clásico “chinga quedito que atrás te vienen chingando.” Ni la memoria de Rodrigo Carrasco López, asesinado en 1981 y Víctor Yodo, desaparecido en 1978 y muchos otros asesinados en ese movimiento social que vivió el istmo oaxaqueño a partir de los años setenta y ochenta del siglo pasado, inmutan a esos dirigentes coceístas de antaño, que como Duplan, Campos y Lafragua, los personajes de Camarada, hicieron de la revolución un modo singular de sobrevivencia personal, pero no colectivo. Si no eras rojo, eras verde; si no eras coceísta eras reaccionario. Si no te plegabas al canon del comité central no existías. Camaradas de Rubén Salazar Mallén, escritor oriundo de Coatzacoalcos (1905-1986), bien merece ser releída porque ahora no refleja solamente los entretelones de los militantes comunistas, sino de los que hoy militan en el perredismo, en especial en la zona del sur veracruzano.
[1] Rubén Salazar Mallén (1905-1986). Camaradas.Crónica novelada del PCM. México, Universo, 1987, 95 pp.

domingo, 25 de julio de 2010


DE COSOLEACAQUE Y ESPECIES GATUNAS DEL CACIQUISMO.

Samuel Pérez García.


Después de la derrota electoral del hijo de Heliodoro, Héctor Merlín, a la presidencia municipal de Cosoleacaque, el viejo Choyoyo no se resigna a ese doble dolor en su memoria. El primero cuando fue derrotado por Román García, por una diferencia de 500 votos. Ante ese primer dolor, lo que hizo Heliodoro fue dar línea los tres regidores que iban en la lista del PRI, para que ellos mantuvieran en zozobra al presidente en funciones. Aquella vez el cacique vivo no hizo ninguna lucha poselectoral. Perdió y hubo de aceptar su derrota, aunque el caso se ventiló en los tribunales. En esa ocasión ya no era el cacique de antes, que le sobraba dinero e influencias, como la que le había permitido arrebatarle para su hija Gladis Merlín, el triunfo a Nicolás Reyes Álvarez por la diputación federal del distrito XXI. Pero si bien aceptó, el dolor no se le desapareció y por eso mantuvo en Jaque a Román García en los tres años de gobierno.
El segundo dolor es recientísimo. Sucedió el 4 de julio, fecha histórica para el pueblo de Cosoleacaque y nefasta para el viejo Choyoyo. No acepta ni aceptará nunca que su hijo Héctor Merlín haya perdido la elección presidencial. Ni el dinero ni las despensas, ni el pago ostentoso de un mil quinientos pesos a los representantes ante las casillas, le basto al cacique Merlín Alor para ganar dicha elección. Tampoco el fraude orquestado para rellenar las urnas en la madrugada del 6 de julio, acción que dice que presuntamente perpetró Jesús Cruz Gómez (dirigente del Partido del trabajo) y otros mercenarios de la política, ni el apoyo publicitario que en la lucha poselectoral le otorgó el reformador de Cosoleacaque ABIAS SALOME, golpeador de mujeres y la democracia, han impedido que finalmente, el voto popular se imponga en Cosoleacaque. Para muchos ciudadanos, la elección ya pasó. Pero no para Heliodoro. El sigue aferrándose al odio que como cáncer se le desarrolla en todo el cuerpo. Malo y bueno resulta su actitud. Malo porque morirá con ese rencor que le dejó la política. Bueno porque a su edad, pronto podrá olvidar ese hecho lastimoso. O a lo mejor sucede lo contrario: en lugar de olvidar más recuerde y le haga imaginarse: primero él, su constancia de mayoría un 29 de octubre de 1997, y después de él, vea a su hijo recibir la propia un 7 de julio del 2010. Hay casos que suceden así. Cuando algo nos duele, para evadirlo, pensamos lo contario. En Choyoyo esto no puede ser la excepción.
Es este último dolor el que lo lleva a maquinar turbias escenas de vandalismo y violencia poselectoral, como aquellos viejos tiempos de los años setenta y ochenta cuando era un plato común, que si la familia no ganaba la elección para un familiar o para un allegado obediente, se planeaba un conflicto para convertir la elección constitucional en un Consejo Municipal. 15 de estos consejos están escritos en la historia y en la memoria de los viejos políticos de Cosoleacaque. Por eso ahora Heliodoro, vía Gladis Merlín, ha buscado quien le haga el trabajo sucio: crear las condiciones para que se genere un proceso violento y el gobierno encuentra la justificación para imponer un Consejo Municipal, a cuya cabeza debe ir un allegado merlinista. ¿Lo podrá?
La respuesta es afirmativa si el pueblo de Cosoleacaque consigue olvidar ese pasado lastimoso. Pero si no, el mismo pasado le dará fuerza y convicción democrática, para que los priístas de Heliodoro y Gladis Merlín desistan de ese intento insano de manosear la democracia y en lugar suyo, imponer la voluntad de un grupúsculo por sobre la voluntad del pueblo. Cosoleacaque ya no es coto familiar, ni de los Cadena, ni los Merlín ni de los Vázquez. Cosoleacaque debe poco a poco ir ganando su independencia, aun cuando hoy, para quitarse a una familia, se haya entregado a la voluntad de otra. De esto seguiré hablando en otra entrega, por lo mientras quede aquí.
Sin embargo, hay que prepararse para lo peor. No ser ingenuo de que la familia Merlín doblará las manos. Ellos no conocen lo caballeroso de la política. Se orientan más por el colmillo y los dientes filosos. Saben que si no triunfan, ya no tendrán el lujo de vivir como hasta ahora lo hacen. Por eso el ardite de mover a los dos candidatos, Román García y Abías Salomé para que actúen como si fueran motivos propios lo que a éstos los impulsan. Pero no es así por la siguiente razón: Ni Román ni Abías poseen los recursos económicos y la inteligencia para asestar este golpe democrático a Cosoleacaque. Pero sí poseen esos recursos económicos Gladis Merlín y su padre. Éstos ofrecen el dinero, y aquellos dan la cara y se rebelan. Pero sus verdaderas intenciones están ocultas. No es tanto el fraude que ellos alegan se cometió en contra de sus propios partidos. Eso no les quita el sueño. La democracia es lo de menos, lo que los mueve son los dividendos que eso conlleva: un dinero, un puesto público o cualquier otra dádiva. Ni siquiera quieren hacer ganar a Héctor Merlín, en su mente y bajo el botón que aprieta Heliodoro, pretenden crear las condiciones para un Consejo Municipal, lo que desde mi punto de vista sería un grave error regresar hasta ese estadio del cual se nutre la historia política de Cosoleacaque. Ojalé que estos fines desleales a la democracia no se consigan.
Esperemos que no suceda nada de eso, ni hoy ni mañana, y que quienes han cambiado su conducta a cambio de dinero, puedan enderezarla. Digo esto no por los protagonistas de este drama político, sino por los ciudadanos que se encuentran confundidos o para quienes hacen de la política un santuario de buena fe. Porque esos actores de ahora ya nacieron torcido y con nada se enderezan. Hablo en primer lugar de Abías Salomé, quien ni con ir a rezar a Chalma hincado podrá cambiar. Su conducta es incambiable: de aparentar ser un político anticaciquil cayó a los pies de quienes hoy lo mandan. De golpeador de mujeres –Perla lo sabe bien- pasó a golpeador de la democracia. De enemigo jurado del merlinismo por haber sido golpeado el 2 de julio del 2008 pasó a defensor y amante, o sea, que en él se da el síndrome de Estocolmo: el secuestrado que termina por adorar a su secuestrador. ¿Quién puede defender a Abías de esa conducta impúdica de entregarse al Merlinismo, cuando él sabe bastante bien que el fraude electoral se orquestó desde la calle Hidalgo y tuvo como operadora a Gladis Merlín y como inteligencia inobjetable al mismo Heliodoro Merlín? Nadie, ni incluso la propia familia cercana que lo apoyó. Porque me consta y lo digo con la seriedad del caso - en la mera campaña política fueron los mismos familiares, los jóvenes, no los viejos, los que no le daban ningún crédito moral al candidato de Nueva Alianza. Y pese a ello, quien esto escribe, - no por confusión ni algún otro motivo, sino para tener una trinchera para denunciar el caciquismo -hube de seguir hasta tres días antes del cuatro de julio cuando se vislumbró la derrota del reformador Abías. Su actitud compulsiva y violenta, sus sueños de grandeza, su verborrea vacía demostraba que Abías no era ni demócrata ni hombre de honor, acaso un vividor de la política, tal cual hoy se refleja en su conducta y en su pensamiento. Es decir, otro Darío Aburto que de mandón pasó a mandadero.
De Jesús Cruz Gómez me resulta increíble su nueva conducta. Lo digo por las circunstancias políticas que me orillaron a caminar juntos en algunas luchas. Oigo, veo y no lo creo –pero la verdad es una- que el lunes por la mañana anduviera de afanoso buscando un cerrajero. Para qué querría Chucho Gómez un cerrajero. El miércoles se supo para qué. La chapa de la puerta de la Comisión Electoral había sido violada y en su interior varios sujetos –a cambio de veinte mil pesos por cabeza- habían hecho de las suyas. Habían inflado la votación a favor de Héctor Merlín y del PRD y había bajado la del PAN. Un clásico trabajo del cual Choyoyo es experto, porque fue así como ganó en 1988 Orlando Cadena –Juan Merlín iba de síndico- la elección contra Genaro Luna y en 1991, Rafael Merlín. Estos datos lo sé porque me consta directamente y porque también la gente habla y no se calla lo que sabe. Chucho Cruz quemó sus naves aparentando defender lo indefendible, pero a trasmano, lo que habló fue el poder que da el dinero. Igual que Abías de crítico pasó a gato merlinés. Nueva especie animal solamente criada en Cosoleacaque.
De Román García Martínez hay que lamentarse su pobreza moral. Pese a ser de poca inteligencia, tuvo un golpe de suerte que lo llevó a la cumbre del poder regional. Se convirtió en presidente municipal de su pueblo, en 1997. Pero para gobernar no basta la suerte, sino también la inteligencia política. Y el hombre no la tuvo, pero sí ambición, cualidad ésta que al no ser compaginada con la otra lo llevó a casi perder el poder en manos de sus propios regidores y de los otros que el Choyoyo le mando para hostigarlo. Ese hecho fue olvidado por Román García en estas elecciones y para coronar su olvido se alió a Héctor Merlín para –supuestamente- demandar la anulación de la elección de la cual se dice ofendido, cuando el suceso pasó al revés. Otro más que pasa a formar parte del zoológico gatuno de la familia que hoy todavía está en el poder.
El deslinde.
Lo que mis detractores dicen de mí no me amilana. Ni me vendo ni me arrastro. Me declaro luchador democrático con pensamiento propio y no obedezco más consigna que la yo mismo me dicto con ayuda de los autores que leo y ensayo. Dije autores de libros no caciques.
Por eso digo que es cierto que fui a una conferencia de prensa el martes 6 en el Café Colonial de Coatzacoalcos con Cirilo Vázquez. Ahí señalé que la familia Merlín debía respetar los resultados. Que pese a las despensas y compras del voto la familia Merlín no había ganado la elección. Que no deseábamos un Consejo Municipal en Cosoleacaque como tiene propuesto el merlinismo. Fui a señalar lo que pienso como intelectual y como ciudadano que lucha por la democracia en el municipio, pero no fui a expensas de un pago previo ni en la búsqueda de un puesto público. Fui porque me asistía una razón fundamental: los votos daban el gane inobjetable a Cirilo Vázquez Parisi, pero veía nubarrones de intolerancia y antidemocracia. Aún cuando en mi libro Caciquismo y Democracia sostenía y sostengo que el pueblo de Cosoleacaque se encuentra como el jamón dentro del sándwich: por un lado lo aprieta la familia Merlín, y por otro, la familia Vázquez, me parecía justo reclamar respeto a la elección sostenida el 4 de julio, pues no resulta posible enfrentar a dos enemigos al mismo tiempo. Por eso resulta saludable que Cirilo Vázquez –como presidente electo- haya declarado que no ejercerá un gobierno caciquil ni familiar, -tal y como las medias hermanas se turnan el poder en Acayucan- y dejará que llegue la alternancia al gobierno de Cosoleacaque cuando él abandone el poder. Esto puede ser cierto o puede ser falso. No me incumbe en estos momentos desechar la propuesta. En los tres primeros meses de gobierno del presidente electro sabremos realmente cuáles serán sus intenciones. Si el candidato en lugar de escoger a sus hombres de confianza de los ciudadanos de Cosoleacaque, elige a aquellos que vienen de fuera, entonces no cumplirá su palabra; si en lugar de elegir a los delegados de colonias mediante el voto lo elige mediante el dedo sabio del presidente o de sus allegados íntimos, entonces no cumplirá su palabra; si la obra pública la realiza en virtud de quienes votaron por él, pero no en virtud de las necesidades de la población, entonces no cumplirá lo que dijo; si nos sigue cobrando el diez por ciento a los vecinos por cada obra que realice, en lugar de eximirnos de ese impuesto, entonces, solamente entonces es cuando podremos ver si el nuevo presidente electo quiere en verdad ejercer un gobierno democrático para Cosolecaque. Solamente entonces se podrá hablar con menos dudas que las que hoy existen. En tanto eso no suceda y mientras comienza el primero de enero del 2011, lo que me queda es dar como ciudadano un voto de confianza al nuevo presidente electo, si y solo sí desiste de la idea de ser cacique. En Cosoleacaque los caciques deben dejar de existir para bien de la democracia. Pero no será por voluntad propia ni por la exigencia de un grupo opositor, la erradicación del caciquismo tendrá que provenir del alma del pueblo organizado, el único que puede decidir el rumbo de esta ciudad asolada por el caciquismo. Y en esa lucha contra esa forma de gobierno no quitaremos el dedo del renglón. Si algún día logramos erradicarlo de nuestro pueblo, entonces lo mismo pasará con la especie gatuna que creó el caciquismo merlinés. Cada sistema de gobierno crea a sus mandones y a sus sirvientes. La especie gatuna de los que hoy mandan está llegando al ocaso. Tal vez mañana se levante otra especie. Todavía no sabemos.

martes, 13 de julio de 2010


COSOLEACAQUE: CRONICA DE UNA ELECCION VIOLENTADA.
Samuel Pérez García.


Las acciones y el fantasma de Cirilo Vázquez Lagunes.
Ni la compra descarada de votos, que estuvieron a cambio de una despensa y trescientos pesos, previa fotografía del voto otorgado; la intimidación por parte de un grupo de facinerosos, con cabeza rapada que se escondían ante quien quisiera tomarle alguna foto; las camisas rojas de los cuidadores de casilla de parte del PRI; la presencia permanente del bañaperro Saúl Vázquez (consorte de Gladys Merlín) en el área que comprende a las colonias Congreso, Emiliano Zapata y Diez de mayo; ni la lluvia y el ventarrón que se dejó caer como a las once de la noche del 4 de julio; ni los heridos que hubo en la colonia Congreso, donde las láminas de la escuela se desprendieron ocasionando dos heridos, al presidente de la mesa directiva y a una representante del PRI, ni los vales de despensa o vales por mil pesos que Héctor Merlín se comprometió a entregar al día siguiente de la elección; ni la violencia perpetrada en la casilla 1197 por parte de los merlinistas, pudieron evitar que el fantasma de CIRILO VAZQUEZ LAGUNES, derrotara al cacique vivo, HELIODORO MERLIN ALOR, quien a las once de la noche sabía de su derrota y por eso, él personalmente daba vueltas y vueltas por varias colonias donde sabía que había perdido, con el ánimo de arrebatar las urnas para que fueran anuladas las votaciones.

De amarillos pasaron a azules.
La del domingo 4 de julio fue una elección a cargo del erario público. Gladis Merlín en persona fue la coordinadora de campaña de su hermano Héctor, que en estos menesteres es neófito. Pero no tanto Gladis, porque ésta es también inexperta, sino más bien, la cabeza maquiavélica del padre Heliodoro, quien diseñó una campaña basada en la compra del voto y en promesas que ya no cumplirá, porque en Cosoleacaque, la familia Merlín perdió la elección a ojos de los votantes, que ahora se hicieron azules, cuando en antaño lo fueron amarillos.

Un recuento inconcluso.
No fue esta una elección limpia, sino escabrosa y fraudulenta, llena de tensión y peligro de asalto a las urnas. Ninguna tan avasallante ni tan corrupta, donde todo salió a relucir: el insulto y la diatriba, las llamadas telefónicas que hablaban de quién tenía el poder o la compra de funcionarios del Intituto Electoral Veracruzano (IEV), las camionetas sin placas que circularon lleno de hombres malencarados, las encuestas amañadas que hablaban de un 59% por ciento de Javier Duarte sobre su más cercano opositor: Miguel Ángel Yunes Linares, con apenas el 26 por ciento de las preferencias, y que al final no resultó. Javier Duarte se da como ganador con 85 mil votos de diferencia. Pero no ha sido así. La verdad es otra, pero todavía no sale a relucir. Por lo pronto, intuyo que si la elección hubiera sido limpia, Javier Duarte no hubiera llegado ni al millón de votos, ni tampoco los resultados de Coatzacoalcos o Cosoleacaque hubieran ocurrido como sucedieron: en el primero, con una diferencia de cuatro mil votos Marcos Theurel se impuso a Gonzalo Guízar Valladares, y en el segundo, el relleno de urnas efectuado el martes en la madrugada, trastabilló la victoria de Cirilo Vázquez, que durante la elección llevaba un promedio de 2000 mil votos de ventaja, pero dado las mañas de la familia Merlín esos votos bajaron, finalmente, a 800. Por eso el cirilismo hubo de tomar carreteras durante dos días, -el 7 y el 9 de julio- en caso contrario hubiera sido fatal esperar sentado el resultado del recuento, que había empezado desde temprano del miércoles y no concluyó sino hasta las cuatro de la mañana del jueves cuando la comisión en pleno acordó un receso, pero que ya no pudo continuar sino en Jalapa, porque llegó la policía federal preventiva y se llevó las urnas con todo y comisionados, dado que en Cosoleacaque no había condiciones para seguir con el recuento, según argumentó el IEV estatal.

El PAN ganó, pero los Merlines están inconformes.
Durante la mañana del lunes se sabían los resultados. El PAN había ganado la elección, sin tanto aspaviento como lo había hecho Héctor Merlín y su familia, pero el cacique mayor no lo aceptaba ni quiere aún, y hará todo lo posible porque la votación se revierta en el tribunal. Por eso Cirilo Vázquez no debe ni puede cantar victoria todavía. La mano negra del caciquismo merlinista, dadas sus relaciones con el poder establecido, puede todavía voltear la elección, si extiende el millón de pesos, que dicen que dio aquella vez cuando Gladis Merlín, su hija del alma, perdió en 1994 la elección federal frente a Nicolás Reyes Álvarez. Así ha ganado siempre, y no va a dejar la oportunidad de demostrar que siguen teniendo el poder. Hasta ahora el PRI solo tiene gubernaturas, peor hubiera sido si gobernara desde la presidencia de la República. Entonces Cirilo Vázquez no hubiera visto ni el polvo.

Dos fuerzas en pugna y el mito de la fidelidad.
Fue la del domingo una lucha de dos fuerzas. La del merlinismo contra el vazquismo. La de la presidencia de la república en poder del PAN, y la del gobernador del Estado, en poder del PRI. La de dos hijos de caciques: Héctor Merlín y Cirilo Vázquez. De los dos uno debía ganar. Uno expresando al poder estatal y caciquil regional; el otro expresando al poder federal, pero también, de provenir de un linaje similar al primero.
Por el modo como se llevó a cabo la elección y el proceder descarado del relleno de urnas que hubo en la madrugada del martes en Cosoleacaque, el gobernador del Estado, Fidel Herrera Beltrán, metió las manos por el merlinismo. Lo digo por lo siguiente: primero, por haber permitido que Héctor Merlín fuera candidato; segundo, por esperar mucho tiempo para que las urnas se trasladaran a Jalapa, a sabiendas de los conatos de violencia que se había vivido desde el domingo anterior. El gobernador Herrera no quiere a Cirilo Vázquez en el gobierno de Cosoleacaque, pero sí le hubiera gustado que éste hubiera sido candidato del PRI. No quería que ganara Yunes Linares, pero ahora, gracias a esta elección, se ha enterado que la fidelidad hacia su gobierno era un mito, un muñeco de papel que al primer viento quedó roto. La fidelidad se fue al barranco, porque ni había un 59% de diferencia a favor del PRI, ni el PAN tenía un 26% de preferencia. Esta es la primera muestra. Pero hay otra más: el PAN ganó mayoría de los municipios, aun cuando distritalmente el PRI se haya llevado veinte diputaciones uninominales y el Pan solamente diez.

Si se cronicara esta elección.
Paso a paso, segundo a segundo, encontraríamos que esta se llenó de gritos, quejas y denuncias, porque la tinta indeleble no siempre fue tal, pues en algunos casos se usó tinta ordinaria para votantes seleccionados, tal vez para que pudieran sufragar dos veces, tal y como sucedió en la colonia Congreso, en cuya casilla, la 1224 básica y contigua, se usó ese tipo de tinta, o en la 1237 de la colonia Oaxaqueña, donde operó una casa de compra de votos, ahí en la 21 de marzo No. 18, casa de Nicolasa Domínguez Eugenio, quien pagaba los quinientos pesos a quienes demostraban haberlo hecho a favor del PRI, previa foto tomada en el celular. Una señora de blanco, bien vestida, con celular abierto y credencial en la mano, llegó a la casilla. Le entregaron su voto, y nadie le dijo que el celular estaba prohibido si se pasaba a votar. Ella, antes de entrar, ya lo llevaba listo. Votó y tomó la foto. Lo acompañaban dos muchachos que parecían sus hijos. Cuando salió de la mampara y le entregaron su credencial, le hizo una seña afirmativa a uno de ellos como si hubiera logrado el objetivo.

Comprando dignidad y conciencia.
Y si eso no bastaba, ahí estaban los vales de despensa o por dinero en efectivo para cobrar al otro día en los domicilios indicados. Uno de esos vales señalaba la dirección de correos 151 para pasar a cobrarlo el lunes. Eran vales por despensa o mil pesos. Todo de acuerdo a la finura o pobreza del cliente. A los pobres las despensas; a los pudientes los mil pesos. El “Cuty” me entrego un vale como prueba, y aquí lo tengo para que nadie diga que me invento el dato. Pero sobre todo, siempre la presencia de pelones con armas ocultas, cuya tarea era merodear las casillas y entrar en acción previa indicación de su jefe, Heliodoro Merlín, que de nuevo tendrá que guardar en su corazón la derrota y ponerse a pensar que la familia ya dio todo lo que pudo, que no volverá a ganar porque el pueblo sabe como opera: compra votos y conciencia, rebaja la dignidad del pobre para convertirlo en piltrafa humana. Sobaja el orgullo humano y lo convierte en polvo. A trescientos pesos pagó a los que hicieron guarda frente a la Comisión electoral, y que el jueves por la noche se presentaron a cobrar a la casa de campaña de su hijo Héctor.
Así cualquiera demuestra que tiene simpatía. A trescientos pesos se vendieron las mujeres de mi colonia que apoyaron el plantón del PRI. Eso costaron. Eso valdrán siempre. Muy poco comparado con lo que cobró Jesús Gómez, de quien dicen se encargó de conseguir el cerrajero que abrió la cerradura de la puerta para entrar a manosear las urnas que ahí se encontraban. Muy poco comparado con lo que pudo haber recibido Abías Salomé y Román García Martínez por apoyar el relleno de urnas con miras a voltear los resultados de la elección, o crear el pretexto para un enfrentamiento y generar las condiciones de ingobernabilidad para establecer un Consejo Municipal en Cosoleacaque. Pero no pudieron, les faltó inteligencia. Les hizo falta pensamiento a los brazos y los pies. El viejo Heliodoro solo ya no puede. Desvaría. Sueña mal porque ya no piensa con serenidad, sino con odio. Siempre ha perdido las elecciones. La de Gladis, su hija del alma, también la perdió en el 2007. Lo que sucedió es que Hilda Gutiérrez vendió la elección. Esta hizo como que andaba en campaña, pero desde hace mucho que el destino ya estaba entregado. Gladis le dio el apoyo económico que aquella requería para aparecer como candidata opositora. Dicen que no le cumplió del todo. Pero así es la política. Abías Salomé también engañó a la “potra” que su hija Damara iba en la regiduría primero. Pero con lo que sé y supe, me permitió conocer de cerca como pensaba y actuaba al Abías que quería democratizar Cosoleacaque, aunque lo único que buscaba era saciar su sed de fortuna.

De láminas caídas y recuerdos ingratos.
Eran las once de la noche y el recuento no concluía en la colonia Congreso. Eran las once y la tensión crecía entre los panistas y los priístas, cada uno esperando resultados, aquellos por no saber; éstos por corroborar que habían ganado, dado la compra de votos que habían hecho. Pero el agua se dejó venir, y con un viento fuerte ocasionó que la luz se apagara y todo quedó en oscuras; el viento entraba zumbando y obligaba a la dispersión de los ciudadanos. Pero muy pocos se iban. Los vecinos ahí estaban, querían saber quien había ganado. El viento había llegado tan fuerte que quebró las láminas de asbesto de la vieja escuela primaria, que ese día le recordó a todos su condición de abandono y pobreza, debido a las tranzas que han cometido sus maestros y directivos, y sociedades de padres de familia, que ahora mendigan el apoyo popular e institucional para construir la loza. Pero si escarbaran un poco en la historia de esa escuela, encontrarían que existe mucha corrupción en el manejo del dinero. Para corroborarlo bata que le pregunten a Felisa Roque y al ex director Ricardo Salinas y a otras más que todavía están ahí como directivos de la sociedad de padres. Entre aquellos dos, que ya no están, se llevaron cinco mil pesos, que buena falta hace ahora.
Ante el viento fuerte, las viejas láminas no aguantaron y se rompieron todas, dejando a la escuela un recuerdo amargo junto a esta elección que también lo fue para la familia Merlín. Un recuerdo que habla de heridos, pues dos integrantes que participaban en el recuento, resultaron lesionados, que aunque levemente, generó el pánico de quienes vivieron el suceso. Junto a ese pánico, y por la fuerza del viento, la puerta de la escuela se abrió y la gente que esperaba el final de esta historia, se precipitaron al patio. Sin verse entre sí por la oscuridad del ambiente, solo voces se escuchaban. Una fue la que calmó a los priístas. Dicen que fue la voz de José Luis del Valle, presidente de una Casilla, quien conminó a la calma, que no había pasado nada y que regresaran a sus lugares. No había pasado nada, porque sólo hasta el otro día se supo, debido a la oscuridad de ese momento. Pero había una cabeza rota y un brazo lastimado. Y una familia que lloraba la derrota del hijo: la familia Merlín, y muchos aquí en la colonia Congreso le hacían comparsa.

Los operadores del fraude.
Al llegar el lunes la sonrisa de los priístas era de derrota total. Su candidato Héctor Merlín no había ganado la elección. Por eso la cabeza de Heliodoro empezó a pensar cómo voltearla. Pensó y pensó. Se acordó de cómo lo había hecho en 1988, 1991 y 1994. En la primera cuando fraudulentamente ganó Orlando Cadena e iba como síndico Juan Merlín. En la segunda cuando iba de candidato Rafael Merlín y ganó con claro relleno de urnas, según me contó cierta vez un testigo presencial. Y la tercera cuando Gladis Merlín perdió la elección frente al perredista Nicolás Reyes Álvarez.
La elección debía voltearse y se podía. Pero requería de un trabajo fino para ser un fraude de alto nivel, y unos operadores dispuestos a todo. Dinero tenía. Quería operadores. Y encontraron a los obreros de chambas sucias, nadas menos que en Jesús Cruz Gómez, dirigente del Partido del Trabajo, Abías Salomé y Román García Martínez, candidatos derrotados. Cada uno de estos, cooptado según el interés de cada quien, instruyó a sus comisionados electorales para que en la reunión del recuento del miércoles obraran en consecuencia: echar abajo el triunfo de Cirilo Vázquez, aduciendo que la chapa de la puerta de la comisión se había violado, acción que ellos mismos perpetraron en la madrugada del martes, y por lo mismo se debía contar voto por voto. Engaño en el cual, al parecer, cayó el comisionado electoral del PAN, quien sin conocer lo que había atrás de la elección, permitió el recuento total, sin haber causa legal justificada. Para apoyar este recuento Heliodoro Merlín concentró todo el miércoles, frente al IEV a los priistas y perredistas “ingenuos”, pero también a un grupo de choque, que con varas con puntas de alambre y armas de fuego, vigilaban que militantes del PAN no se acercara a la Comisión Electoral ni a su representante, quien estaba casi secuestrado y no podía salir para dar o recibir información, por temor a que lo golpearan. Ese día, Cirilo Vázquez no encontraba la solución al problema. La policía no quería desalojar a los maleantes al servicio de Gladis Merlín. Y la gente suya exigía resultados. La tensión aumentaba. El tiempo pasaba y no se podía descifrar el desenlace.

El recuento del miércoles.
Cirilo Vázquez cito temprano a su gente en el cruce de Correos e Iturbide. Como a las diez de la mañana de ese miércoles la ciudadanía que acompañaba a Cirilo acudió al IEV distrital y el pueblo congregado se enteró del problema. Ahí se denunció que la chapa había sido violada, los maleantes habían entrado y era de suponer que habían manoseado las urnas.
Pese a esa evidencia, y actuando en complot, tanto el IEV como los consejeros y comisionados de partidos, decidieron abrir urna por urna, sin que existiera motivo legal alguno. Las actas estaban ahí y debía procederse tal cual demanda la ley: solamente se abren los paquetes cuyas actas no obren en poder del IEV o no exista claridad en los números que reflejan. O porque se suponga que los paquetes hayan sido abiertos, pero los resultados que estos arrojen no pueden estar por arriba de lo que las actas que obren en poder de los partidos políticos. El voto por voto solamente procede cuando el número de votos nulos sea mayor a los votos con los que gane el candidato triunfador. Ninguna causal de las citadas se daba en Cosoleacaque, pero la presión y la amenaza latente impulsó al comisionado electoral del PAN aceptar la apertura de todos los paquetes.

Una idea, una toma de carretera.
Eran la una de la tarde, y ante la confusión del momento sugerí una idea coadyuvante. Si los priístas, perredistas, convergentes y petistas estaban apostados frente al IEV, apoyado por maleantes contratados expofeso, y eso hacía presionar al comisionado del PAN para abrir toda la paquetería, nosotros procederíamos a cerrar la carretera. La idea le pareció buena a Cirilo Vázquez, pero peligrosa, por el desenlace que podía pasar. Dijo que lo pensaría y esperaría un rato mientras esperaba a que el gobierno llamara para destrabar la elección. Pero este hacía causa omisa. Como a las dos de la tarde volví a insistir. Pero no se quería dar ese paso. Cirilo Vázquez no quería. Dudaba porque eso podía ocasionar un enfrentamiento de graves consecuencias. Pero de valor a valor había que saber quien era el mejor. El candidato lo decidió como a las tres y media cuando el diputado local, Rubén Pérez Vera informó al suscrito que siempre sí. A esos de las cuatro de la tarde, el cruce de transístmica esquina Correos se cubrió de panistas. Y como a las siete de la noche se tomó la autopista. En ese lapso se dejó venir la prensa, que no eran más que transmisores de lo que pasaba en el frente panista para luego reportarlo a la policía y a Gladis Merlín. Ahí llegó Mario Zepeda de Diario del Istmo, promotor publicitario, quien había conseguido en plena campaña un espacio por trescientos mil pesos, pagados por el ayuntamiento de Cosoleacaque. Esa fue la causa de que dicho informativo cambiara su línea, evidenciara su parcialidad y bloqueo a informar lo que verdaderamente ocurría en Cosoleacaque. La orden del capitán Barajas había sido tajante: no publicar nada que vaya en contra de Héctor Merlín –dijo mi informante. Por eso en los días consecuentes el diario se calló y con eso cayó la imagen que había conseguido en el lector de Cosoleacaque: de veraz pasó a mentiroso; de independiente al caciquismo, pasó a venal y subordinado, con eso se difundió que tan malo el Istmo como el Liberal o Notisur. De los tres ninguno escribía la verdad completa porque solo obraban sobre una sola voz. Al actuar así cada uno defendía la posición su grupo de poder en el gobierno, porque cada quien tiene fuertes intereses con Fidel Herrera. Por eso el silencio o la información sesgada o con verdades a medias. Lástima que por tan poco se hayan vendido. Y por eso se emparentan con las señoras que vendieron su voto. Ellas a trescientos pesos y una despensa; los diarios por un espacio de trescientos mil pesos. Si aquellas se prostituyeron, igual suerte corrieron los diarios de la región.

La movilización detenida y vuelta a necesitar.
El jueves por la mañana, una hora después que habían abierto la carretera, con el consentimiento de David Tores Piñuelos, publiqué un manifiesto, donde pedía que el modo de recuperar la elección era no bajar la guardia sino mantener informado y movilizado a los simpatizantes y al pueblo, y convocábamos a las cuatro de la tarde a una magna marcha en repudio al fraude electoral que se estaba viviendo. Y para muestra un botón: ahí donde Héctor Merlín tenía 59 votos, se le validaron 138 votos, donde había 32, consiguió 223 durante la revisión. Muestra palpable de que el trabajo sucio había surtido su efecto. Pero no teníamos información precisa, todo era un rumor, verdades parciales que los diarios publicaban pero que no correspondían a la totalidad del hecho. Eso generaba las dudas y entre Galmichi y Justiniando Santiago, “el Cuty” fuimos e imprimimos los volantes. Ya habíamos repartido como quinientos, cuando llegó la contraorden. Cirilo dice que nadie se mueva para evitar una provocación. El volante dejó de circular, pero dejó constancia de que sin movilidad popular no podría hacerse respetar los sufragios que el pueblo había emitido el domingo anterior. Y regresamos a nuestra reflexión. A pensar desde los orígenes que piensa más un colegiado que una sola persona. Cirilo estaba equivocado, pero él tenía el sartén por el mango y había que acatar la decisión.
Pronto Cirilo se daba cuenta de que no bastaba estar en la Comisión electoral para que la ley se respetara. Que junto al camino legal marcha el ilegal, y como a eso de la una de la tarde del viernes 9 de julio emitió una contraorden. Que siempre sí había que tapar la carretera para presionar al gobierno a que sacara las manos de la elección y reconociera el triunfo. Pero ya no me invitaron. Alguien había sembrado la desconfianza al interior del panismo y opté por no participar. Los seguidores de este partido, en cambio, volvieron a obstruir la vía de comunicación a la altura de Oteapan, y ahí permanecieron de la una de la tarde hasta el sábado como a las diez de la mañana, cuando Cirilo Vázquez comunicaba que ya había recibido la constancia de mayoría, con 800 votos de ventaja sobre Héctor Merlín.

Una lucha que todavía no termina.
Pero el problema es que la lucha todavía no termina. Quedan dos instancias legales para resolver el problema: uno lo es el tribunal estatal y otro el de la federación. Los Merlines acudirán a esas instancias, y si estas fallan, estarán prestos para esperar la oportunidad de un pretexto: ensangrentar la elección o bien crear ingobernabilidad para que el Cabildo electo sea declarado desaparecido y se establezca un Consejo municipal. Así se piensa y se siente en el corazón de los cosoleacanecos cerrados y localistas, que miran en Cirilo Vázquez un enemigo, no por provenir del padre que ya murió y que también fue cacique en el Sur, sino por ser fuereño. Los chocos de Cosoleacaque prefieren ser gobernados por un choco, aunque este los friegue como lo ha fregado la familia Merlín. Vaya usted a saber de que modo están hechos los que piensan así, pero me consta que ABIAS SALOME y muchos más proceden igual. Lo del pueblo pobre es justificado porque no tienen estudios ni han abierto su conciencia a los cambios profundos que vive la sociedad, pero lo de Abías no es cerrazón sino burda negociación con el merlinismo. Vendió su alma Abías a sus golpeadores. Y con ello olvidó los golpes salvajes que le propinaron los pelones y los merlines el dos de julio del 2008. Por eso valga reproducir en esta crónica lo que él me platicó el lunes 5 de julio, en su casa:

Un diálogo escabroso.
–Desde el domingo en la noche, mucha gente me ha estado llamando para que hagamos algo. No podemos permitir que Cirilo Vázquez llegue a ser gobierno –dice Abías Salomé, sentado en el sillón negro de la recámara que se acondicionó como oficina, en la calle Correos no. 66. Pensando quizá que le ayude.
–Lo que te conviene es ponerte a pensar porque perdiste. Y perdiste porque nunca hiciste campaña y no tuviste dinero. Eso de los amarres fue un cuento. Le digo. La vieja ya perdió, así que mejor mira hacia delante, le sugiero.
–No vamos a permitir que un fuereño nos gobierne, vamos a buscar establecer un consejo. Faltan muchos meses para enero, dice molesto, como si le doliera en el alma.
Pensé que era natural. Perder una elección no es poca cosa, cuando el hombre vive ilusionado de que va a ganar. Pero Abías nunca se movió de su casa, y las pocas veces que lo hizo fue para realizar sus famosos “amarres” con Nicho Márquez, con Arturo Segovia, incluso con Antonio Benítez Lucho que llegó a visitarlo. Se creía seguro de ganar que hasta dijo haber vendido la regiduría primera y engañó a Perla Santos, de que iba en lugar de amara Gómez, para que esta le inyectara dinero a la campaña. Engañado por la “Potra” que le ofreció un millón por la regiduría primera y no le pagó, Abías Salomé anduvo sin dinero, o si lo tuvo lo ocultó. Unos días antes del domingo, Alfredo Basulto, un lugarteniente suyo, se le fue del redil y decidió apoyar a Héctor. Juana María, la hermana del Bronco, desde hace mucho lo había chaqueteado porque no había encontrado el dinero que ella necesitaba, y que Héctor Merlín sí pudo darle. Lo mismo pasó con Guadalupe, mejor conocido como Lupillo, nombrado coordinador al inicio de campaña. El dinero hace bailar al perro, y ellos bailaron a favor de quien lo tenía, pero no le bastó eso a Héctor, que ni así pudo ganar. Y no pudo porque el apellido Merlín obró en sentido contrario.
–No sé como le voy a hacer, pero meteremos un consejo, dice más molesto todavía Abías Salomé, cuando le digo que en eso no lo acompaño. Que ya lo había ayudado lo suficiente, pero que en echar abajo una elección ganada, no tenia caso, pues quien había avasallado con la compra de votos no había sido Cirilo Vázquez sino Gladis Merlín. Pero la expresión de Abías Salomé no era reflejo de un simple dolor electoral. Era una convicción. Porque por la tarde del mismo lunes recibí otra llamada:
–Quieren establecer un consejo. Van a echar abajo la elección. Quieren tomar la comisión electoral. Se acaban de reunir, Gladis Merlín, Abías Salomé y Román García, hasta el Diario del Istmo está de acuerdo. No van a publicar nada de lo que pase y favorezca a Cirilo –decía mi informante.
Y como sucedió. El martes en la madrugada los truhanes entraron a la Comisión Electoral. Hicieron su labor para revirar los resultados. Y luego reclamaron el conteo voto por voto con base en ese pretexto, que el comisionado de Cirilo no pudo resolver con tino ni legal ni político. Pero no solamente hicieron eso. Reunieron como a cien golpeadores y los apostaron estratégicamente. Era el grupo de choque contra los panistas. Convocaron a los militantes priístas que eran quienes llegaron a plantarse frente al IEV municipal, pero no venían por convicción. Venían a cambio de trescientos pesos. Toda la noche del miércoles no se sabía que ocurría dentro de la comisión. Ni cuáles fueron los argumentos esgrimidos para abrir toda la paquetería. Lo único que existía el rumor insistente: va arriba ligeramente Cirilo; va arriba Héctor Merlín. Cuando iba revisados las 75 casillas, Cirilo Vázquez iba arriba con apenas 500 votos de diferencia.
Por esos resultados el operador de ese trabajo, Chucho Cruz, comisionado del PT, se regodeaba de su labor cacomixtle, cuando recibió una llamada como a las once de la noche:
–No te hagas pendejo. Ya sé que fuiste tú y otros los que se metieron a la oficina del IEV para ensuciar la elección.
Aquel decía que no. Se decía inocente frente a la acusación. Pero la voz enojada lo increpaba.
–Te va a llevar tu madre cabrón.
Y es que en efecto, como a las doce del día del miércoles, una voz anónima me había informado que el lunes muy de mañana, Chucho Cruz andaba en busca de un cerrajero. Le urgía encontrarlo para un trabajo que no dijo. Pero que luego se supo cuál fue la chamba que hizo: violar la chapa de la Comisión Municipal Electoral. Lo que falta es encontrar al cerrajero para que despepite la verdad y el pueblo de Cosoleacaque lo sepa, que esta elección fue violentada desde sus inicios y que estuvo a punto de perderse, gracias a los dirigentes de los propios partidos, que tiempo atrás se decían defensores del pueblo. Pero todavía la guerra no se gana. Se ganó la primera batalla, pero faltan largos meses para poder descifrar el futuro. Y tres años más para saber cómo se van a comportar los tres regidores que el PRI tendrá contra los tres del PAN y uno de la alianza PRD, PT y Convergencia en el ayuntamiento. Y valga recordar un dato: cuando ganó Román García, los tres regidores del PRI, le hicieron la vida de cuadritos durante todo su gobierno, y estuvieron a punto de tirarlo, cuando este pidió permiso para irse como candidato a la diputación local.
Así se escribió este pasaje electoral. No ajeno a los muchos que ha habido cuando participa la familia Merlín con Heliodoro a la cabeza. Para los habitantes de este pueblo, ir a una elección y enfrentarse a los Merlines es enfrentarse al mismo diablo. Hacen valer su influencia en el gobierno, en el dinero que les permite comprar conciencia, en el trabajo que muchos están dispuestos a realizar. Porque en la tierra del señor hay de todo: desde aquel que vende su voto por trescientos pesos o el que pide más por violar la cerradura y anular los votos buenos para que surja otro triunfador. En Cosoleacaque la inteligencia más fructífera se queda perpleja de lo que pueda ocurrir. Pues quien tiene dinero consigue lo que quiere, aunque a veces le falle el intento. A Gladis le surtió efecto cuando compró a Hilda Gutiérrez, a Cirilo no lo pudo comprar. Pero a lo mejor si lo puedan condicionar: te reconocemos la elección pero no toques nada de mi periodo, no denuncies, parece que la oigo decir en algún lugar, en lo oscurito. Ojalá que no ocurra así y que Cirilo Vázquez actué conforme a derecho, se apegue a la razón y establezca un gobierno democrático. Solamente eso, no se puede pedir más.

La declaración de Cirilo.
Días después de haberle entregado la constancia de mayoría que lo declara Alcalde electo de Cosoleacaque, Cirilo Vázquez, declaró en una conferencia de prensa efectuada en el Café La parroquia, en el puerto de Veracruz. Ahí declaro que “Garantizo la transición porque es lo que quiero: que haya democracia y que todo empiece a cambiar la forma en hacer política.” También se comprometió a no implementar un gobierno caciquil cuando asuma el poder. La nota salió publicada el 12 de julio del 2010. Pero todavía quedan largos meses de espera y tres años de gobierno. El tiempo le dará la razón a sus palabras o las desacreditará. Veremos qué sucede primero.