Ramiro Guillén Tapia se inmoló el 30 de septiembre del 2008, frente al palacio de Gobierno, en la ciudad de Jalapa. Lo hizo como protesta del engaño y la cerrazón de las autoridades federales y estatales para resolver el problema de 200 hectáreas que unos 40 campesinos tenían invadidas, y que reclamaban como suyas, pero que por la Reforma Salinista al artículo 27 constitucional en 1992, dichas tierras habían pasado a manos privadas. El gobierno había prometido indemnizar a los campesinos de Ocozotepec, municipio de San Pedro Soteapan en Veracruz, pero ya habían corrido cuatro años y no recibían más que engaños y entretenimientos.
Ramiro Guillén Vive en el corazón de cada campesino que luche por un pedazo de tierra, por la libertad y por la dignidad del hombre.
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