Samuel Pérez García
Si pulsamos las opiniones
de los que visitan estos sitios, podemos encontrar una opinión dividida sobre
los sucesos actuales. Cada uno plegándose hacia lo que consideran su razón,
algunas fundamentadas, otras no, pues son meras opiniones, sin más propósito
que atacar al hombre y no a los argumentos. Unos defendiendo su pertenencia
social a la clase con la cual se identifican o forman parte desde su origen;
otros vociferando en favor del gobierno, exigiendo clases como si fueran los
nuevos patrones en esta sociedad. No me sorprende que los líderes sindicales
vengan, digan, amenacen con sancionar a los maestros si no se presentan a
trabajar, pero me sorprende que ciudadanos sin más atributo que su lengua,
llamen a los maestros huevones por estar defendiendo un derecho que a
cualquiera le asiste. Son ciudadanos que parecen olvidar que si esta lucha no
se estuviera dando, más adelante todos los pobres de este país estarán con la
soga al cuello, solamente esperando que alguien jale la cuerda.
A esta situación de
opiniones divididas debido a la insurgencia magisterial y de otros sectores
sociales, le llamaría estado de la lucha
de clases, entre quienes son los dueños del estado y los medios de
producción contra aquellos que solo poseen su fuerza de trabajo, es decir,
entre dominadores y dominados. Así, el desenlace de este conflicto dependerá en
mucho de la fortaleza y los trucos de cada contendiente para ganar esta
batalla. Si la clase dominante impone su voz y directriz, no duden que meses
después de este estallido, empezaremos a ver oleadas de profesores despedidos,
petroleros sin trabajo, campesinos sin tierra, estudiantes sin escuela,
egresados desempleados, mucho más de los que hoy existen. Si alguien lo duda
que lea La lucha de clases en Francia,
La comuna de París, ambas obras de
Carlos Marx, el teórico hoy olvidado en muchas escuelas, pero siempre atinado
en su radiografía del sistema capitalista y su modo de expansión y producción
de la plusvalía.
Si los maestros quieren
abrir su mente a otras voces de inconformidad y encontrar argumentos para
seguir luchando tienen que, algún día, hojear El Capital, o por lo menos, una lectura rápida al Manifiesto del Partido Comunista, sin
que tampoco olviden al filósofo italiano Antonio Gramsci, uno de los
impulsadores de la idea de forjar un intelectual orgánico para superar el
estado de esclavitud del obrero moderno. Además, teórico de la idea de
construir un estado educador que sirva a los dominados en su lucha contra los
dominadores. Y para concluir: la metáfora del ring:
Por eso resulta necesario
irse definiendo en esta arena social: pelearan a vida o muerte, sin límite de
tiempo, en esta esquina la clase proletaria, representada por los maestros y
los trabajadores en peligro de perder su trabajo, así como sectores del pueblo
empobrecido; en la otra, la clase burguesa representada por Peña Nieto y los
empresarios, así como los gobernadores estatales. Hagan sus apuestas: el que
gane, conseguirá el paraíso; el que pierda tendrá una tumba o una muerte lenta
y persistente, encadenado como un esclavo antiguo.
Ojalá que estas líneas
sirvan de algo a los maestros que han enseñado lectoescritura, pero se han
olvidado de avivar la conciencia de pertenencia a la clase social proletaria,
única capaz de enterrar a los que hoy quieren imponernos leyes lesivas a
nuestra dignidad humana. Sept. 21 del 2013

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