Samuel Pérez García
Para los que piensan que la escuela con la nueva Reforma
educativa no se privatiza, voy a ponerles otro ejemplo donde se mira bien dicha
privatización. ¿Se acuerdan que hay una prueba piloto para escuelas de tiempo
completo? Bien, cuando esas escuelas se establezcan en muchas partes, habrá que
darles a los niños a lo sumo una comida, si no es que dos. ¿Cómo podrá darse si
ninguna escuela cuenta con espacio disponible para establecer una cocina? Es
fácil, la nueva ley de educación permite que un comerciante en cocina pueda
invertir su capital para construir las instalaciones y poder ofrecer los
desayunos o comidas a los niños. ¿Cómo lo hará? Del siguiente modo: el gobierno
federal a través del Estatal y éste a través del municipal, mediante un programa específico, pagará un
porcentaje de ese desayuno, dijéramos ocho pesos por niño, y los padres de
familia aportarán dos pesos, si acaso el servicio costara diez pesos. Así, la
escuela salvaría el problema. Y si cada escuela posee 300 alumnos, entonces
multipliquen por diez pesos y les arroja tres mil pesos diarios por el servicio
de un desayuno, y el doble si incluye la comida. Esta operación resulta redituable para el inversionista
privado, porque sin arriesgarse mucho, encontró su filón de oro: clientes
cautivos y un gobierno amigo que le da todas las facilidades para su propio
enriquecimiento. Es como cuando Carlos Slim compró Telmex. Encontró clientes
cautivos con los cuales hizo crecer su fortuna. Pero también un gobierno amigo
que le permito adquirir la empresa pública a precio barato. Así está esto de la
privatización: una ley que se reforma para que el capital privado entré a la
escuela, use a nuestros hijos como clientes seguros, y venga para los
inversionistas un modo honesto de vida, sin despeinarse. Lógicamente, desde
luego, el inversionista no tendrá una cocina, sino muchísimas, porque cuando se
habla de capital no se dice del pobre, sino de los grandes inversionistas que a
través de prestanombres ganarán a costa de la escuela. E incluso, de tanta
corrupción que hay, es muy posible que hasta los flamantes directores evaluados
con la nueva reforma, sean parte de esa sociedad mercantil, cuyo propósito es
el lucro no la educación. Así o más claro, dijera Chencho.

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