Samuel Pérez García
Hay periodistas que
suponen pensar y ofrecer puntos de vista, pero lo único que hacen es repetir el
sentido común, sin llegar a ofrecer nada que no sea siempre lo mismo. Ponen al
hijo como pretexto y argumentan que va a perder el año lectivo, si la huelga
continua. Pero no se preguntan cómo se originó el conflicto ni cuáles son las
salidas que se pueden encontrar para destrabarlo. Acusan a los maestros de
estar cobrando sin trabajar, y se olvidan que el derecho de huelga existe, pero
también que si Javier Duarte les pagó la quincena pasada a los maestros, no es
porque haya querido, sino porque el problema, en primer lugar, se le puede
agrandar, tal y como ha ocurrido debido a la represión de la madrugada del 14 de
septiembre; pero también, en segundo lugar, porque el conflicto que los
maestros mantenemos no es el con el gobierno de Veracruz, sino con el federal
que encabeza Peña Nieto. Ese es el punto central.
Yo supongo que a Javier
Duarte, si la solución estuviera en sus manos, ya hubiera dado marcha atrás en
esa mentada ley laboral disfrazada de educativa, pero no puede avanzar mucho,
porque no está en sus manos modificar una ley a modo como él lo quiera, porque
es una disposición legal que está fuera de su ámbito. Y si optara por repetir
la dosis del 14 de septiembre, creo que así como están las cosas, pudiera salirle
peor.
Es cierto que la ley tiene
artículos transitorios que hablan de la definitividad del nombramiento para
quienes pasen la evaluación, pero también hay que ver que tiene su espina para
quienes no lo pasen. Pero además, es una ley que quiere aplicarse
retroactivamente. Y si bien existen recursos legales, estos pueden caer en
manos de jueces que, pese a las evidencias del caso, obren en sentido contrario
al querellante. Lo hemos visto de sobra en México. La justicia no existe para
los pobres, sino para los ricos. Solamente cuando un rico se enfrenta a otro
rico, es como uno de ellos va a la cárcel, tal y como sucedió con Raúl Salinas,
que, al final de cuentas, salió libre de carga y con toda su fortuna
recuperada.
Por otro lado, si bien la
ley pone un recurso de revisión contra la evaluación negativa, no es un
organismo ajeno a la autoridad la que va a decidir la controversia, sino la
misma autoridad que aplicó el examen. Entonces, la Secretaría de Educación
jugara el papel de juez y parte. Entonces, ¿Cuál garantía de que se van a
respetar los derechos de los profesores?
Hay periodistas que meten
en un mismo saco a todos los maestros, es decir, los emparentan como si todos
fueran líderes sindicales, y no es así.
Es muy cierto, los líderes
charros en el Estado de Veracruz, han creado un coto de poder y de influencias
nefastas, que les han valido para probar las mieles del poder político:
regidores, diputados, presidentes municipales, son cargos que han conseguido al
amparo de ese viejo sindicalismo que realizó una acción simbiótica entre poder
político y poder sindical, que el propio sistema de gobierno aceptó porque le
servía de maravilla para mantener el control magisterial. Sin embargo, esa
vieja artimaña ya se le fue de las manos al gobierno. Son las bases las que
ahora están en la insurgencia, no los líderes; son los maestros de infantería
los que luchan por derogar la reforma a los artículos 3o. y 73, no las
dirigencias sindicales. Pero eso los periodistas del sur veracruzano, no logran
captar o hacen como que no comprenden y atizan el fuego bajo calificativos
denigrantes contra el magisterio, como si éstos tuvieran la culpa total de todo
lo que está ocurriendo.
Hay periodistas, como en
todo proceso o fenómeno social, que más que servir a su propia conciencia,
sirven a sus patrones, y la exigua paga que reciben es a cambio de que denosten
a todos aquellos que contravengan la paz social de los que mandan. No pueden
escribir contra el régimen de gobierno porque es este el que les da la publicidad,
el chayote y las canongías diversas que se pueden conseguir al rentar la pluma
al mejor postor. Por eso en lugar de ofrecer perspectivas diversas, analizando
a las partes en conflicto, solo atinan a ver a un solo actor como el causante
del problema, y por supuesto, a ponerse de lado de los terceros perjudicados. Cuando
un hombre pone su pluma al servicio de quienes le pagan, el pensamiento ya no
profundiza, pues está atado a ese estímulo material; se embota y no jalona las
neuronas más sensibles para clarificar el punto de vista.
No es que el periodista no
pueda, sino que los intereses materiales que lo atan al periódico en el cual
trabaja, lo obligan a pensar siempre a favor de quienes le pagan. Así,
encontramos que se va creando toda una costumbre de leer un periodismo cortado,
censurado, siempre manejando un solo punto de vista, sin lograr entender el
proceso dialéctico de los movimientos sociales. Al habernos acostumbrado a que
siempre tienen un punto de vista dominante, que va siempre sobre el más débil,
la gente empieza a mirar al periodista como "servidor del patrón o del
gobierno" y a calificarlo como "prensa vendida", lo cual, desde
luego, pone en peligro la integridad física de los periodistas, sean culpables
o no. Pero aquí vale hacer la aclaración que cierta vez dijo el colega Carlos
Heredia: "nosotros somos la infantería", si los dueños de los
periódicos están peleados entre sí, nosotros no tenemos que estarlo. Tiene
razón, y lo aplico a esta analogía: muchos periodistas ven bien el
levantamiento magisterial y les gustaría escribir a favor de este movimiento,
pero no lo pueden hacer porque no se mandan ellos mismos. Dependen del patrón.
Pero este patrón vive de la publicidad y de las prebendas que el gobierno le
da. Por eso no pueden publicar nada contra el sistema actual. Se les comprende.
Pero en tanto los comprendemos nos rompen la madre a los maestros. Así de
injusto es este sistema. Espero que no me tache de malagradecido porque a mí me
paga el Gobierno Federal como maestro que soy. Pero sobre esto quiero aclarar:
como fuerza de trabajo me debo al Estado federal, pero mi conciencia no. Vendo
mis conocimientos impartiendo clases a mis alumnos, los maestros, esos que
ahorita han tomado las calles y se manifiestan contra la reforma educativa
(laboral), me identifico con ellos porque somos de la misma clase social y de
la misma profesión y también porque sé que no podemos cargar con toda la culpa
ante la situación de la educación. Los maestros somos apenas un brazo ejecutor
de los planes y programas. El cerebro, el Estado, el gobierno, es el realiza
los planes y programas. Pero de esto hablaré en otra ocasión. Basta decir ahora
que hay periodistas que se equivocan cuando nos denostan, pero hay que
entenderlos porque no han distinguido que rentar la fuerza de trabajo es una, y
rentar la conciencia, es otra.

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