lunes, 14 de octubre de 2013

Carta a la burguesía mexicana


Para los maestros y maestras que luchan e invitan a la lucha de clases


Samuel Pérez García


No estás viviendo en un lecho de rosas, porque tus trabajadores a quienes explotas, les dio por levantar la cabeza, y mira que no sabes cómo aplastárselas. Y no lo sabes, no porque desconozcas el camino, sino porque le temes a su furia. Es que son muchos los que te cierran carreteras, te bloquean la entrada a tus negocios, le recriminan a tu gobierno -el de Peña Nieto y el de Duarte- sobre todo al primero de los dos, que sea un pendejo que hasta los océanos confunde. Pero así lo quisiste, querías un pendejo en la presidencia y ahí está. No sabe cómo resolver la situación por haber hecho mal sus cálculos políticos: creyó que encarcelando a su alfil, la Elba Esther Gordillo, la reforma educativa vendría sin más contratiempo y si toda esta revoltura social no estuviera sucediendo, ustedes estarían mirando en cuántas escuelas entrarían a invertir su capital con los desayunos escolares: miles de niños cautivos bajo ese programa de escuela de tiempo completo: oro puro sin tanto esfuerzo ni grado de riesgo en cuanto a la inversión de su capitales.
Pero les falló burgueses  hijoeputas. Les falló porque pusieron a dirigir la orquesta a alguien que no sabe de composición musical, menos de política. Que no piensa por sí mismo. El hace lo que ustedes le proponen tal y como es el caso de la reforma educativa, diseñada por Mexicanos Primero, un organismos al servicio de ustedes; de igual modo también sobrevino la reforma energética, que diseñaron no para tu propio crecimiento y desarrollo, sino para tus compinches extranjeros, que por ser fuereños, en la inversión que sobrevenga sólo les van a dejar las sobras para que medio comas tu y la pequeña burguesía, tu siempre acompañante, si es que todavía existe, porque el pinche mercado del cual te sirves, está convirtiendo a esa pequeña burguesía (clase media le nombran algunos) en asalariados, y a los otros, los obreros y maestros en una masa empobrecida que lastima  verlos deambular por las calles de la ciudad, esa en la que tú te jactas de pasearte en carros del año y asistes a comer en los más caros restaurantes.
Pero la fiesta no la estás disfrutando como lo habías pensado. Los pinches maestros, así los llamas, se quitaron la venda de los ojos y decidieron salir a la calle, tomarlas y plantearle al gobierno de ustedes en su propia jeta, que no van a descansar hasta que se desistan de las reformas que tanto empeño tienen de que se lleven a cabo. Así que cobíjate si puedes, porque no estás en un lecho de rosas como dijera el indígena Cuauhtémoc, símbolo de lucha de los antiguos pobladores de México, sino viviendo una abierta lucha de clases contra aquello que emane del poder, llámese Gobierno federal o estatal o consorcio nacional dedicado a la venta de mercancías.
Claro, tú todavía no estás vencida. Tienes en tu favor al ejército y a su policía, y ahora los mandas para que detenga el tránsito de los autobuses donde los maestros se trasladan. O simplemente nos reprimes. Por el momento así ha pasado, pero sábete que te la estás jugando, un error podrá ser la chispa para que la pradera social se incendie. Y si le prendes fuego, vete despidiendo de esos grandes privilegios de los cuales te ufanas.
Pues ya es mucha la explotación que están realizando contra nosotros los asalariados: desde los años 80 del siglo pasado nos has impuesto salario de hambre, nos has metido empresas llamadas Afores para que jineteen nuestras pensiones, nos has elevado el precio del gas, de la luz, de la gasolina, y ahora has dejado sin empleo a muchos electricistas, quieres dejar a la intemperie a los trabajadores petroleros, y has impuesto salarios exiguos en los grandes almacenes donde acuden nuestras hijas a trabajar; las matas de hambre, pero las pobres deben trabajar para ganarse la comida. No les queda de dónde escoger, en todos lados es igual.
Por todo eso, hoy nos dispusimos a luchar y empezamos a convocar al pueblo para que se una en esta justa lucha que reivindica la desobediencia civil como estrategia, porque no es posible ya, seguir obedeciendo leyes injustas. No podemos ser cómplices de esos mecanismos legales que tu emites para mantenernos sumisos. Por eso hemos preferido salir a la calle, protestar, luchar con ahínco para que nos respetes, porque ya basta, señora burguesía, ya basta de usarnos como carne de cañón, como escalón para que tu vivas en la segunda planta y yo viva a la orilla del pantano. Ya basta de que me quieras imponer tus reglas para que yo eduque a tus hijos. Ahora seremos nosotros los que diremos en qué valores educarlos, que actitudes desarrollarles, que tipo de historias contarles, no la oficial, por supuesto, sino la nuestra, la del mundo de los dominados, pero no sumisos; dominados pero no callados; dominados pero insurgentes.
Así que ya no te espantes por lo que pasa, porque esto que vives es una gran lucha de clases, en la cual tienes mucho que perder, pero nosotros nada, y sí, en cambio, un mundo nuevo que ganar, un mundo que sea más justo y democrático, un mundo donde no haya burgueses ni proletarios, sino hombres en proceso de liberación. Un mundo donde no haya escuela para los ricos y escuela para los pobres, donde no haya justicia para los ricos y justicia para los pobres, donde no existan niños con hambre, a pesar de sobrar mucha comida; donde no haya mujeres parturientas sin hospital, ni viejitos andando por las calles, sin comida y sin cobija. Es decir, nosotros los maestros huevones como tu les llamas, peleamos por un mundo al revés: los que mandan hoy serán los obedientes del mañana, y los mandados de hoy, estarán dirigiendo la vida social y el gobierno. Ese es nuestro sueño. Sábelo ahorita que estás vivo. Mañana no lo sabrías.


No hay comentarios:

Publicar un comentario