jueves, 1 de septiembre de 2011

CIBERNAUTAS PRESOS EN VERACRUZ


Cuando esparcir rumor es terrorismo.

 

Samuel Pérez García

Hace muchos años, el Estado de Veracruz era un estado tranquilo. Los hechos delictivos ocurrían en el norte (Sinaloa, Guadalajara, Ciudad Juárez) y no creíamos que un día, los veracruzanos despertáramos con el rumor en la boca: “balacera en Jalapa entre narcotraficantes y policías” “estallaron una granada en el Puerto” “secuestraron y mataron a periodistas”, “acribillan a policías en Cosoleacaque”.

Los juicios anteriores no eran rumores, eran y son realidades. Tal condición ha generado una sicosis en la sociedad veracruzana, de norte a sur, porque el hecho real es que los narcotraficantes están aquí y se están matando entre ellos, pero también a los ciudadanos que se cruzan entre sus balas.

Coatzacoalcos, Minatitlán y Acayucan no escapan de esos hechos. La realidad violenta nos avasalla y eso ha permitido que el rumor se convierta en el modo de enterarse  y cuidarse sobre lo que pasa en la ciudad. Es el rumor el modo de enteramiento de los ciudadanos, porque también la policía no informa, o desinforma cuando los hechos ya ocurrieron, debido a que para “no entorpecer las indagaciones”, hasta se resguarda de los periodistas, y ha firmado un acuerdo de que antes que los  comunicólogos lleguen al lugar del crimen, deben ser ellos, los que arriben primero, bajo el pretexto de no distorsionar los hechos.

Dentro de este contexto criminalizante y violento que estamos padeciendo, el rumor ha sido el único modo de información con que cuentan los ciudadanos, bien sea de boca en boca, o bien a través de las páginas de Internet. Así, nos enteramos de los “Mata Zetas”, un video que circula en la red, y que acusa a Fidel Herrera de ser el primer Zeta. Pero también, no ha sido rumor que la zona conurbada de Veracruz Puerto, esté en el centro del huracán violento del narcotráfico. Por eso, ahora, debido a rumores sobre hechos que a diario suceden, el gobierno de Veracruz, quiere tapar la realidad con un golpe de maza sobre el cuerpo de cibernautas que subieron a la red una presunta balacera en escuelas del puerto, así como secuestros, y que no tuvieron la debida credibilidad, pero que generó pánico en la sociedad de padres de familia y estudiantes, quienes dejaron de acudir a los centros escolares.

Sin más indagación ni valoración jurídica y política de la realidad que vivimos, la Justicia de Veracruz, que encabeza Reynaldo Escobar como Procurador de Justicia y Gerardo Buganza como Secretario de gobierno, arrestaron a quienes promovieron ese rumor de balacera. Se trata de  MARIA DE JESUS BRAVO PAGOLA, conocida como “Maruchi”, periodista y ex directora de Actividades Artísticas y Culturales de la Secretaría de Educación de Veracruz, así como a Gilberto Martínez Vera, maestro de matemáticas, por difundir falsos rumores en la red, el pasado 25 de agosto. Lo hicieron al equiparar el falso rumor como terrorismo y sabotaje, y para lo cual, piensan aplicarles de uno a 30 años de prisión, derivado de lo que marca el código penal en el Estado.

Tal actuación justiciera me parece un sinsentido, además de aberrante aplicación de la justicia, porque el rumor no está ocasionado en un contexto de paz social, sino de violencia clara y veraz, que el narcotráfico ha venido configurando en  su enfrentamiento contra otras bandas criminales y contra el propio Gobierno federal y estatal.

En este caso que nos ocupa, los cibernautas –supongo sin conceder-no propiciaron, vía la clandestinidad- el rumor de una bomba en x escuela, o que alguien iría a rociarla y quemar con gasolina como se hizo en un casino de Monterrey. Ellos subieron al ciberespacio, lo que otros les enviaron, pero si el rumor tuvo credibilidad en la sociedad, no fue porque ésta sea inocente e ingenua, sino que los hechos cotidianos que estamos viviendo, ha logrado que el rumor, tenga carácter verdadero, y en base a ello, los ciudadanos obraron: “de lamentar después, mejor precaverse lo que en la red está proliferando”.

Así, el gobierno, en lugar de encarcelar a los rumorantes, debería calibrar cuál es el grado de psicosis que se está viviendo en cada ciudad del Estado. Y se está viviendo esa psicosis porque los hechos palpables de violencia lo corroboran. Ningún hombre se asusta de que  lo van a matar por simple noticia que corra, salvo que tenga un síndrome de persecución neurótica, o sepa que en efecto, un enemigo suyo lo persigue. Son los hechos que suceden, lo que nos está convirtiendo a todos en psicóticos. Andamos por la calle, pero sabemos que en cualquier momento puede ocurrir alguna balacera. Subimos a un camión y como que intuimos que a lo mejor nos puede ocurrir algo grave. Pero no porque estemos locos por naturaleza, es que la violencia incontenible de “robos, asaltos violentos, asesinatos, descuartizados, esta poniéndonos nerviosos”. En esas condiciones, el rumor tiene credibilidad. De ser otras las condiciones, lo que los cibernautas propagaran, nos haría lo que el viento a Juárez. Pero no vivimos en un Estado tranquilo, sino en uno atosigado de violencia.

Sin embargo, con esa actuación errática de la Justicia veracruzana, lo único que se está reiterando es que se encuentra acorralada y desesperada, a tal grado de no actuar contra quien comete los desmanes, que son fuertes y organizados, sino contra indefensos ciudadanos que hicieron valer su escasa libertad de expresión: difundir un hecho que a ellos espantó, y quisieron con su difusión, buscar que no sucumbieran gente inocente. Pero el Estado miró en ellos a moros con alfanjes, y decidió actuar sin reflexionar,  con la consecuencia  que ahora se distinga como un estado represor de la libertad de expresión contra indefensos ciudadanos, y se encuentre, en el ojo del huracán nacional e internacional, por aparecer como un Estado totalitario, donde todo está prohibido, hasta mandar un mensaje, que al no ser cierto, se  equipara con terrorismo y sabotaje, que atentan contra la tranquilidad social. Pero entonces, ¿Por qué a los narcotraficantes cuando los agarran no les aplican ese mismo artículo, y sólo los meten a la cárcel por venta de droga, asesinato y portación de armas prohibidas. ¿Por qué también, no entra a la cárcel el gobierno cuando difunde el rumor de que la economía está blindada, y ahora, que la crisis nos avasalla, salen con la babosada de que hicieron lo que pudieron, pero no lograr detener la recesión económica?

Mal está Gerardo Buganza y Reynaldo Escobar al haber actuado así contra María de Jesús Bravo Pagola y Gilberto Martínez Vera. La desesperación que los envuelve, les crea confusión en la identificación de los criminales. Mientras que los verdaderos delincuentes andan sueltos, ellos cazan ratoncitos, porque con los otros no pueden.

viernes, 12 de agosto de 2011

¿De verdad estamos tan solos?


El poeta Efráin Bartolomé, quien forma parte del grupo por la paz que lidera Javier Sicilia, el once de agosto 2011, fue violentado en la tranquilidad de su casa, por la irrupción de policías federales. No solamente la suya, sino la de otros vecinos. Buscaban a un capo, que lógicamente no encontraron en el lugar, en tanto, y frente a la agresión, se llamó a la policía, y como destino o por magia, la policía que debía auxiliarlos nunca apareció. Lean la crónica, escrita por el propio poeta y la respuesta, un testaferro del régimen, pretende opacar la cronica con la simpleza que la policía ya no usa las siglas ni el uniforme negro.
Efraín Bartolomé

¿DE VERDAD ESTAMOS TAN SOLOS?

Son las 4:43 de la mañana del día 11 de agosto de 2011.

Hace aproximadamente dos horas un grupo de hombres armados irrumpieron en mi casa ubicada en Conkal 266 (esq. Becal), Col. Torres de Padierna, 14200, México, D. F.

Comenzamos a escuchar golpes violentos como contra una puerta metálica y me extrañó porque se escuchaba demasiado cerca y no hay ninguna puerta así en la casa.

Prendí la luz.

Los golpes arreciaban ahora como contra nuestras puertas de madera.

Quité la tranca que protege la puerta de nuestra recámara y me asomé al pasillo: hacia el comedor veía luces (¿verdosas? ¿azulosas? ¿intermitentes?) acompañando los golpes violentos contra el cristal que da al sur.

Mi mujer me gritó que me metiera.

Así lo hice apresuradamente y alcancé a poner la tranca de nuevo.

Oí cristales rompiéndose y pasos violentos hacia nuestra recámara: rápidos y fuertes.

“¡Abran la puerta!” era el grito que se repetía antes de que empezaran a golpear con violencia mayor nuestra puerta con tranca.

Nos encerramos en el baño y busqué a tientas un silbato que cuelga de un muro sin repellar: comencé a soplarlo con desesperación, unas diez veces, quizá.

Mi mujer está llamando a la policía.

Les dice que están entrando a la casa, que vengan pronto por favor, que nos auxilien.

Yo sigo soplando el silbato con desesperación.

En la oscuridad, mi mujer se ubicó tras de mí mientras oíamos que la tranca de la puerta se quebraba y los hombres entraban.

¿Tres, cuatro, cinco?

Quise cerrar la puerta del baño pero ya no alcancé a hacerlo.

Empujé unas cajas hacia dicha puerta y en algo estorbó los empujones.

“¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta, hijos de la chingada...!” gritaban mientras empujaban y metían sus rifles negros hacia el interior.

Quise detener la puerta con mis manos pero no tenía sentido: vencieron mi mínima resistencia y entraron.

Policías vestidos de negro, con pasamontañas y lo que supongo que serían “rifles de alto poder”.

“¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Al suelo, hijos de la chingada! ¡Al suelo y no se muevan!”

Uno de los hombres me da un manazo en la cabeza y me tira los lentes.

Alcanzo a pescarlos antes de que toquen el suelo.

Me quita el silbato.

−¡No golpee a mi esposo! –grita mi mujer.

−¡El teléfono! ¡Déme el teléfono! –le responde y pregunta si no tenemos otro teléfono o un celular.

Ella y yo nos arrodillamos primero y después nos medio sentamos en el suelo de cemento de este baño sin terminar.

Policías jorobados y nocturnos, como en el romance de García Lorca.

Quién lo diría: aquí, en nuestra amada casa donde cultivamos y enseñamos la armonía.

Aquí...

Justo aquí estos hombres de negro, con pasamontañas, con guantes, con rifles de asalto, con chalecos o chamaras que tienen inscritas las siglas blancas PFP, nos apuntan con sus armas a la cabeza.

Uno de ellos, siempre amenazante, nos interroga.

Dos más permanecen en la puerta.

− ¡Las armas! ¡Dónde están las armas!

− Aquí no hay armas, señor, somos gente de trabajo.

− ¡A qué se dedica!”

−Soy psicoterapeuta y escribo libros.

−¿Desde cuándo vive aquí?

− Desde hace treinta años...

−Cómo se llama.

−Efraín Bartolomé.

−Cuántos años tiene.

−60.

−A qué se dedica.

−Ya se lo dije, señor, soy psicólogo y escribo libros.

−Usted cómo se llama... –se dirige a mi mujer.

−Guadalupe Belmontes de Bartolomé.

−A qué se dedica.

−Soy arqueóloga y ama de casa.

−Cuántos años tiene.

−54.

−Tranquilos. Respiren profundo... Voy a verificar los datos.

El hombre sale.

Oigo ruidos en toda la casa.

Están vaciando cajones, abriendo puertas, pisando fuerte sobre la duela de madera.

Oigo ruidos afuera, en el cuarto de huéspedes, en la torre, en el estudio de abajo.

Nos cambiamos de posición.

Mi mujer pone algo sobre el frío piso de cemento.

Cinco o siete minutos después regresa el hombre y repite su interrogatorio.

Si recibimos gente en la casa, con qué frecuencia, cada cuánto salimos de viaje, quién cuida entonces.

Respondemos a todo brevemente.

Dice nuevamente que va a verificar los datos y que volverá a decirnos porqué están aquí.

El tiempo pasa.

Oímos que abren nuestro carro en el garage.

Voces ininteligibles en el patio del norte.

Más tiempo.

Varios minutos después se oyen motores que se prenden y carros que arrancan.

Mi mujer y yo seguimos en la oscuridad.

Comenzamos a movernos.

Sólo silencio.

Nos incorporamos con cierto temor.

Salimos del baño hacia la recámara iluminada.

Desorden.

Cajones abiertos.

Cosas volcadas en el buró.

La chapa de la puerta en el suelo.

Restos de la tranca destrozada.

La puerta de tambor machacada y rota, pandeada en su parte media.

Salimos al pasillo: un cuadro en el suelo y abiertas las puertas de lo que fueron las recámaras de mis hijos.

Desorden en el interior: maletas y cajas abiertas, cajones vaciados.

Vamos hacia el comedor: uno de los vidrios roto en su ángulo inferior izquierdo, muchos cristales en el piso.

La puerta de la sala está rota de la misma forma en que rompieron la de nuestra recámara: la chapa en el suelo y fragmentos de duela en el piso.

Está abierta la puerta de la torre y prendidas las luces del cuarto de huéspedes.

Salimos por la puerta de la sala y nos asomamos con cierto temor.

Nada.

Mi mujer llama por segunda vez a la policía.

Es en vano: piden los datos una vez más.

Dicen que ya enviaron una unidad.

Llego a la barda y me asomo: no hay carros.

El portón del garage está intacto.

Bajamos las escaleras hasta la puerta de acceso: rota igual que las de adentro.

El estudio de abajo está con las luces prendidas.

De por sí desordenado, ahora lo está más.

Vamos hacia la torre y entramos al cuarto de huéspedes: cajones volcados, revistas en el suelo, cosas sobre la mesa, puertas del clóset colgando, zafadas de su riel inferior.

Subo al tercer piso: una esculturita de alambre volcada pero no se nota demasiado desorden.

Subo a los pisos superiores: no hay daño en la salita de arte.

En el último piso dejaron abierta la puerta a la terraza.

Volvemos al interior: queremos tomar fotos pero no está la cámara de mi mujer que estaba sobre el buró.

“¡Tampoco está la memoria de mi computadora!”, grita.

También se la llevaron

Quiero ver la hora y voy al buró por mi reloj: ha desaparecido mi querido Omega Speedmaster Professional que me acompañó por casi cuarenta años.

Tiene mi nombre grabado en la parte posterior: Efraín Bartolomé.

Oímos que un auto se estaciona y nos asomamos.

Mi mujer llama una vez más a la policía: lo mismo.

Ya tienen los datos pero nunca enviaron apoyo.

Indefensión.

Del auto blanco baja un joven y avanza hacia la esquina.

Se asoma y regresa.

Lo saludo y responde.

Le preguntamos qué pasa y responde que viene en atención a una llamada de su amiga que vive a la vuelta y a cuya casa también se metieron.

Mi mujer pregunta de qué familia se trata, cómo se apellida.

Magaña, responde el joven.

¡Es Paty!, dice mi mujer.

Salimos a la calle y voy hacia allá.

Encontramos a Patricia Magaña, bióloga, investigadora universitaria, acompañada de su papá, en la calle.

Entraron a ambas casas la de ella y la de sus padres, con la misma violencia que a la nuestra.

Patricia y su hija estaban solas.

Sus padres octogenarios también estaban solos.

Volvemos a nuestra casa vejada y con la puerta rota.

Atranco la destruida puerta de la calle.

Con todo, mantenemos una sorprendente calma.

“Pudieron habernos matado”, dice mi mujer.

Yo imagino por unos segundos nuestros cuerpos ensangrentados en el baño en desorden.

¿Sabe el presidente Calderón esto que pasa en las casas de la ciudad?

¿Lo sabe Marcelo Ebrard?

¿Lo sabe el procurador Mancera?

¿Ordenan Maricela Morales o Genaro García Luna estos operativos?

¿Sabrán quién fue el encargado de este acto en contra de inocentes?

Antenoche volvimos a casa levitando, en la felicidad más plena, tras la amorosa y conmovedora recepción del público ante nuestro libro presentado en Bellas Artes.

Un día después, en la atroz madrugada, la PFP irrumpe violentamente en nuestra casa, quiebra nuestras puertas, destruye los cristales, hurga sin respeto en nuestra más íntima propiedad, nos amenaza con armas poderosas a mi bella mujer y a mí, a la edad que tenemos...

Y pensar que también son humanos los que hacen esto contra su prójimo.

Subo al estudio a escribir esto.

Allá, abajo, la ciudad parece embellecida por la calma.

Arriba la impasible Luna de agosto, casi llena.

Son ya las 6:35 de la mañana.

La luz de oriente comienza a colorear y a inflamar el horizonte.

La policía nunca llegó.

¿De verdad estamos tan solos?
Publicado por Astillero.TV en 10:41
12 comentarios:
RogerR dijo...
Buena historia, evidentemente inventada. La Policia Federal no usa las letras PFP ni el color negro hace algunos años. Retiraron TODOS los uniformes

Asi que queda claro que que es imaginacion pagada. Que pena da
Mi solidaridad y mi amor para ustedes, debemos denunciar esta guerra que preparan contra el pueblo, recordemos que lo primero que intenta destruir el fascismo es la belleza y a los que la crean, es hora de para el holocausto mexicano que preparan.
Abraham García
Ana María dijo...
El escritor Efraín Bartolomé denuncia:
http://www.eluniversal.com.mx/notas/785280.html
Inventado el desarrollo del país, inventada la mejoría de los sueldos de los mexicanos y que se pueda vivir dignamente de ellos, inventada la justicia que se imparte, inventada la educación para todos, inventado el empleo en aumento, inventada la guerra contra el narco, inventada la transparencia de las instituciones, inventada la integridad de las fuerzas armadas, inventada la democracia... cretino! más infinitamente más pena das tú.







viernes, 15 de julio de 2011

PERIODISMO Y LITERATURA EN EL SUR DE VERACRUZ.
Samuel Pérez García

Unir el periodismo y la literatura tuvo su época. La ha tenido siempre. En mi caso personal recuerdo la década de los años setenta y los ochenta del siglo pasado. En los setenta en Uno más Uno con Sábado. Y El Búho con Excélsior. Luego apareció La Jornada y  se publicó La Jornada semanal. En estos periódicos de cultura y literatura comenzó mi formación y mi gusto por leer sistemáticamente todo aquello que tratara de la poesía y el ensayo, muy poco la novela. Me gustaban los ensayos sobre los estilos literarios predominantes, hasta que llegaba alguien con más visión y desmoronaba todo el edificio conceptual que se tenía hasta ese momento. La crítica a tal o cual poeta, tal vez porque no era de la mafia de quienes publicaban en esa página, o porque se sentía envidia que tuviera mejor destino literario. Pero fue a través de esas publicaciones que comenzó mi camino hacia el conocimiento de quienes eran los escritores del momento y cuáles eran los temas que se debatían. Ahí conocí literariamente a Roberto Vallarino, Ignacio Trejo Fuentes, a Jesús Gardea, Evodio Escalante, Naief Yehya, a muchísimos autores y cronistas, que en esas páginas se daban vuelo  para analizar alguna obra literaria, musical o pictórica, escribir un poema o un cuento. Pero también  me permitió adentrarme al conocimiento de los autores consagrados como Mario Benedetti, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, cuyas obras eran recomendadas por los colaboradores de esos espacios culturales.
Le apostaba a los cuentos que ahí se publicaban y que le llamaban “el cuento del sábado” o “el cuento semanal”. Me gustaban las reseñas sobre libros de poesía o sobre las novelas recién publicadas. Leía las traducciones de poesía. Me acercaba tímidamente, como aprendiz literario, no como escritor. Ni idea que algún día iba a publicar mis propios libros. Leía por placer y por saber. Y aprendía la técnica de cómo se analizaba y sintetizaba un texto, cómo se realizaba cierta operación quirúrgica literaria sobre alguna obra recién publicada, o de que fortaleza o debilidad se nutrían los escritores. Me gustaban mucho los puntos de vista encontrados entre un escritor y otro. Plantear un problema y contradecirlo en la siguiente entrega, era un placer de los mejores que me dejó esa época. Cada semana adquiría, desde el lugar donde anduviera, el Uno mas Uno o La jornada para hacerme de mi semanario, según fuera el caso o la época. A Excelsior lo tomaba como sustituto cuando alguno de estos faltaba. Y dejé de adquirirlo, cuando el Uno más Uno desapareció de la provincia y La jornada, le tocó irse por falta de quien pudiera distribuirlo a tiempo.
Contrario a esa vida cultural que en aquella época nos proporcionaba Uno más Uno, Excelsior y después La jornada, aquí, en el sur de Veracruz, la situación era una tierra inhóspita, si de literatura se trataba. No había diario que se ocupara de un ejercicio similar. A lo sumo, dejaba colar casi siempre malísimos poemas, que en lugar de formar, deformaban y engañaban al lector.
Así, los pocos que escribían poesía o cuento o crónica eran individuos sin ningún proceso formativo. Escribían por intuición, pero sin saber. Así que no valía la pena abrir un diario para aprender, aunque  mucho se diga que no hay texto malo que no te deje una enseñanza. Todo de pende de qué se busque a la hora de leer.
A partir de la década de 1985 del siglo pasado, Diario del Istmo, de aparición en la ciudad de Coatzacoalcos, fue quien comenzó a publicar un semanario tabloide de unas ocho páginas, donde se daban a conocer aspectos de la cultura social, la etnografía de la región y  la literatura. Lo dirigía un muchacho oriundo de Las Choapas, de nombre Agustín del Moral Tejeda, que al parecer había estudiado comunicación social; con esas páginas inició su carrera de escritor  José Homero y otros que no recuerdo. Por cierto, en 1987 ganaron un premio nacional de periodismo cultural. Hecho que fue muy sonado no sólo dentro del quehacer del diario, sino a nivel regional, pues era la primera vez que un diario local conseguía un premio nacional de periodismo en la rama de la cultura. Sin embargo, poco duró el gusto, pues a raíz del premio se generó un conflicto entre el Director, José Pablo Robles Martínez y los escribidores de la publicación semanal. Los  muchachos, en sus reclamos de reconocimiento al mérito señalaron, con justa razón, que el mérito a ellos les correspondía y lo exigían. Pero el director, les dijo que sin él, ellos no hubieran logrado el premio. Lo que les dio a entender que el premio no había sido exclusivamente por la escritura, es decir, debido al esfuerzo de escribir de los muchachos, sino que había sido negociado por el director para conseguir una imagen nacional de periodismo veraz y culto. Eso molestó a los incipientes escritores, cuyo tiraje El Istmo en la cultura les había servido de fogueo sin paga, porque los diarios culturales en la región nunca han pagado, ni pagarán, salvo honrosos casos. Tal conflicto los obligó a separarse del diario, y como la mayoría ya estaba en jalapa estudiando su respectiva profesión, ahí se acabó ese único proyecto de difusión cultural de calidad que hubo en la región.
Pero los que ahí colaboraban gratuitamente, con el tiempo trascendieron, y muchos de ellos son ahora escritores, si no consagrados, tienen un trayectoria estimable y reconocible.
Fue su ingreso a El istmo en la cultura, lo que les permitió foguearse en la escritura literaria, y con los años, publicar sus primeras obras. Quien fungía como director del tabloide, Agustín del Moral, publicó en 1997 una excelente novela Nuestra alma melancólica en conserva. José Homero, otro colaborador, ya como egresado de la Facultad de Letras publicó un libro de ensayo La construcción del amor en 1992. Y después han aparecido otros libros más, que les ha dado a ambos una respetable posición como escritores y difusores de la literatura. Su inicio, como el de muchos, fue a través de escribir para un diario local. Pero no lo hicieron solamente por publicar ahí, lo lograron porque en ellos prevalecía el talento y la perseverancia de llegar adonde buscaban con empeño.
Desde mi perspectiva, esta aparición de El Istmo en la cultura en el sur veracruzano, impulsó  a muchos las ganas de escribir o de entender la cultura y el quehacer de la literatura. Por eso, a raíz de que  dicho tabloide dejó de publicarse a principios de 1987, fue que apareció en Diario de Sotavento, Serpiente, página de cultura dirigido por el filósofo y periodista Javier Pulido Biosca, pero solamente duró unos cuantos meses. Pero Javier, como los anteriores, fue abriendo su propia brecha en la cultura, y durante mucho tiempo publicó una revista de carácter histórico etnográfico, Raíces, y ha incursionado en la obra de autor con algunos libros sobre la historia de Coatzacoalcos y sus problemas.
No está de más reconocer aquí, el papel que desde principios de la década de los 80s había venido desempeñando el poeta y periodista Humberto Burguette Pedrero, “Huarichi”, quien en los años ochenta publicó una revista de carácter político cultural, cuyo título fue Índice, e hizo por escribir poesía, cuyo eje temático era la ecología.
 En ese contexto de aparición y desaparición de las páginas culturales en los principales diarios de Coatzacoalcos: Diario del Istmo y Diario de Sotavento, y a raíz de que éste último fue vendido por su antiguo dueño: Alfonso M. Grajales,  al cacique sureño Cirilo Vázquez Lagunes, y que mi amigo Roberto Sosa González, era el jefe de información de este diario, es como me animé a publicar, con escasa paga, por supuesto, una página de cultura, la cual se llamó Signo del tiempo, de existencia efímera, pues el diario languidecía económicamente, y hubo que buscar mejores oficios para la sobrevivencia, porque de la escritura, era bastante difícil.
En esa página, el suscrito era el diseñador, recopilador  de los textos que, algunos amigos podían ofrecer, y por supuesto, de escribidor. Quienes aquí colaboraron no tenían por oficio la literatura, pero gustaban de ella. Tal esfuerzo, sin embargo, no trascendió más allá de la propia ciudad y de quienes colaboramos con dicha página: Luciano R. Antonio Cornelio, Alberto Martínez Acosta, Rubén de Leo y algunos más colaboradores espontáneos. Esto sucedió entre finales de 1987 y principios de 1988.
Luego, en 1991, colaboré durante un año y medio en un nuevo periódico que se abrió en ese año en la ciudad: El liberal del Sur. Ahí me dieron la oportunidad de dirigir la sección cultural y, aprovechando el puesto, propuse que se abriera una página de cultura sabatina. Se intituló Berelele. Participaron como colaboradores Rubén de Leo, Armando de la Maza (+), Mario Flores(+), Andrés Bolaño, Teresa Cadena de Ponce, Magdalena Rosales, Germán Rodríguez Filigrana(+), Desiderio Cadena(+), Oscar Lainez y otros.
Recuerdo que cuando se inició dicha página, me autorizaron pagar  (de diez a veinte pesos por cada colaboración), pero a los dos meses de iniciados, ya no tenían con qué cubrir la paga a los colaboradores, y a duras penas se pudo saldar lo se les había prometido. Después, todo fue de gratis. Lógicamente eso bajó el nivel  de la publicación, y para que apareciera había que andar refriteando lo que sobre cultura mandaban  los cables de información o tomarlos de alguna revista nacional.
Si  de la página de cultura que se publicaba en Diario de Sotavento, me salí por la falta de paga, a pesar de que el nuevo dueño era Cirilo Vázquez Lagunes[1], del periódico El Liberal salí por la puerta trasera, debido que el poeta Andrés Bolaños escribió un poema erótico, cuyo personaje central era una rubia, y como la esposa del Director del diario, era de ese perfil, pensó que tal vez, el poema era dirigido hacia ella, entonces se quejó con su esposo, y al otro día, ya estaba fuera del diario,  triste y feliz. Triste porque ya no tendría mi quincenita, que aunque poca, me aliviaba el hambre; y feliz, por haber colaborado aunque sea un año y haber probado que la cultura en el sur veracruzano, era una cosa rara que casi nadie entendía y la veían como una enferma a la cual hay que socorrer por lástima. Los diarios aceptaban publicar esa página, no tanto por ser dueños de una visión y actitud culta, sino para aparentar una talla cultural que no tenían. Pero también, sucedía lo que siempre pasa en cada pueblo ramplón: los lectores enviaban textos, que generalmente eran poemas, y solicitaban que se les publicara, sin que dichos textos presentaran orfebrería literaria. Se creía, en ese entonces, y creo que todavía se sigue en esa lógica, que poeta es aquel que escribe por inspiración, sin tener ningún proceso formativo. Por lo que, lo primero que se escribe es lo que se debe publicar. Sin querer queriendo, además de formador y recopilador de material para la página, hube de practicar la función de censor. Esto sí, esto no. Hasta que me llegó el cuchillo de la güera esposa, que, ni en cuenta. Porque la mujer por la cual me asaba por dentro era la administradora, que en aquella época era  muy sensual, pero que ahora, pasado los años, ha perdido todo su atractivo. Mucho de aquello que escribí en Berelele tiene el olor de esa mujer. Que, aunque le di todas las vueltas posibles, nunca pudo tragar el anzuelo que le tendía día con día, a través de los aforismos y poemas.
A la par que incursionábamos en el periodismo cultural, promovía los Encuentros de Poetas del Istmo Mexicano. De éstos, se realizaron tres en Acayucan (1987, 1991 y1993) Juchitán (1988) Coatzacoalcos (1989), Tabasco (1992) Veracruz (1994). Al iniciar estos encuentros con poetas de varios estados, le dimos un carácter fraterno, pero también crítico sobre la creación poética. El poeta invitado leía, después recibía su serie de reclamo literario como para que se moldeara y se comprometiera con el estudio de la poesía. Eso era cuando lo realizábamos en Acayucan, pero en otros lados, lo único que se hacía era leer y recibir el aplauso de los escasos concurrentes, 20 o 30 asistentes, y por las noches, ir a los tugurios para poetizar la realidad ginecológica. O también organizar una borrachera en la casa de quien prestara el lugar, cuando se hizo en Acayucan, generalmente recaía en la casa de Germán Rodríguez Filigrana(+), director en esos ayeres de la Casa de Cultura de Acayucan.
La ganancia de esos encuentros fue la talacha con la  escritura, conocer a poetas de otros lados  por el solo afán de compartir el estado de la poesía de cada terruño. Era una acción que no buscaba gloria ni fama, pero sí, sentirse entre cómplices que se ocupan de las letras por puro amor al arte, porque ninguno vivía de eso, sino de sobarse el lomo en alguna ocupación, sea dar clases, sembrar el campo, o cocinar para el marido.
Recuerdo un caso que pasó en un encuentro celebrado en Acayucan en 1987: Milko Galarza (+) era un poeta de Coatzacoalcos, de profesión médico, cuya primera incursión llegó con una queridita muy guapa que, nosotros enseguida le echamos un ojo de luz, creyendo que era su hija, pero no. Luego supimos que era una enfermera al servicio del poeta médico. En esta primera ocasión, llegaron poetas de Chiapas y de Oaxaca y de la región sur de Veracruz. Como Milko venia bien acompañado quiso lucirse en cada una de sus intervenciones, pero la mirada y la atención no estaban puestas en lo que decía, sino en la muchachita que lo acompañaba.
Para 1991 Milko llegó solo, pero trajo la espada desenvainada. Y fue el centro de una discusión poética. Resulta que  cierto poeta leyó un poema erótico, con vocablos poco amables: clítoris vagina, nalgas, y todos los conceptos que tienen que ver con la mujer. El poeta Milko Galarza se paró y dijo que eso no podía ser un poema, por lo vulgar de su escritura. Entonces, solo para seguir la contra, dije que no necesariamente los poemas se escribían con palabra bellas, podían usarse las palabrotas siempre y cuando se justificara. Y como la polémica continuó, terminé diciendo, entonces, que bien valdría la pena hacer en ese encuentro una división de poetas: de un lado, los no emputecidos, por aquellos de no usar lenguaje grosero; y por el otro lado, los poetas emputecidos. Así quedó esa tarde, un poco tensa la situación, que luego se quitó por la noche, durante la cena, donde el trago hizo bailar sobre la mesa a Andrés Bolaños, y a otros, irse de parranda a “La Quinta”, a escribir poemas cachondos con las putas de ese lugar.
Después de esas experiencias, directas o indirectas en torno al periodismo cultural y la escritura, preferí sustraerme de la realidad existente, y me dediqué por compromiso propio, a escribir lo que a mí me gustaba, sin tener una línea que me dijera, esto se publica, esto otro no. Y ni pensar que llevaría mis textos para que se apiadaran de mí y me los publicaran, como todavía siguen haciendo muchos, con el ánimo de no sentirse hombres muertos, o tal vez por crearse un poco de fama a través de las páginas de los diarios. Preferí, también con eso de que las editoriales solo otorgan al autor un 10% sobre la venta de la obra, - siempre y cuando sortees  el obstáculo de tener renombre literario a efecto de poder publicarte-  decidí formar mi propia editorial, invertir en mi obra y difundirla entre amigos y escasos lectores. Así, en lugar de estar publicando gratuitamente en los diarios de la región, espero pacientemente la conclusión de mi obra, reúno el dinero, la publico y la presentó entre mis clientes cautivos: amigos, alumnos y uno que otro lector verdadero (es decir, aquel que lee por gusto y no por obligación). Al diario solo lo utilizo para dar a conocer alguna nota de prensa sobre la presentación de determinada obra, porque es impensable que algún periodista sepa reseñar críticamente lo que se escribe. Los reporteros saben de nota roja y de amarillismo, pero casi nada de literatura. Desde luego, existen honrosas excepciones.
Sin embargo, reconozco que el periodismo cultural es un instrumento muy necesario para difundir la cultura literaria o de cualquier tipo. A través de él, se pueden formar lectores, que a la larga, puede redundar en el consumo de la literatura. Pues si de algo carece nuestra literatura actualmente, es la de no tener lectores en demasía. Son muy escasos quienes, por placer propio, se acercan a las librerías a adquirir la novela o el libro recién publicado. Producto de esta situación es que muchas librerías en Coatzacoalcos y Minatitlán cerraron sus puertas. Sin lectores no hay librería, y sin éstas, el autor no tiene donde exponer su mercancía. Y aunque ahora, Liverpool y Sanborns cubran esa deficiencia, a ellos también les hace falta lectores para las diversas obras que ahí expenden.
Ese es uno de los grandes problemas de nuestro entorno: el mexicano tiene el defecto de no leer, de no gustar una obra literaria o del talante que sea. No existe esa vocación por la lectura, y por ende, la vocación por la  literatura, no en tanto escritor, sino en tanto lector. Ante esa falta, el medio adecuado para irlos formando, con paciencia y enjundia, pudiera ser la página de los diarios. Sin embargo, el problema que se presenta es que los directores de los medios, no están interesados en salvar ese problema, porque la cultura no vende; en cambio, venden los muertos, los sucesos de balazos entre narcos y policías, los asesinatos a mansalva. Hay muchos diarios amarillistas que usan esos hechos lastimosos para vender su periódico ante un lector sádico, que gusta de saber a quién violaron, a quién asesinaron, a quién robaron. Pero no cuál es la última novela de tal autor, o la obra de divulgación mejor escrita. Incluso, cuando los diarios anuncian al Premio Nobel de Literatura no le dan la primera plana, sino que lo ubican allá, escondido en una sección que pocos miran. Pero en cambio, si mataron a alguien de cierto nivel económico, le dan toda la plana, y seguro que ese día, el diario se acaba antes de las diez de la mañana. Imposible competir con esta idiosincrasia. Imposible ganarle, si hay muchos años atrás de ir moldeando una conducta típica de degustar con placer la nota policíaca, pero no la literaria. Así, los diarios culturales no solo han servido para formar a un escritor en cierne o a un lector ávido, sino también para crear cierto gusto  que limita la visión y el entendimiento del papel que pudiera jugar un diario para el desarrollo de la cultura y la literatura.
Desde  mi punto de vista, sea el sur de Veracruz o la misma capital del Estado, existe una gran barrera entre el diarismo y la literatura. Ambas son polos extremos de un gran problema: la falta de lectores. El diario actual, el que se ejercita aquí o en otras ciudades, es que no se preocupa por formar lectores de nuevo cuño, sino en mantener al que ya ha conseguido con la nota roja o la nota política. No les interesa que el lector crezca en lo intelectual, en lo artístico y en su capacidad de crítica. Se ha conformado con la formación de un sonso lector, cuyo placer es buscar la nota roja del día. Y eso mismo ha creado un cierto tipo de reportero o periodista: aquel que escribe bajo cierto formato, y no sale de ese cliché. Dime qué tipo de lector eres, para que yo te ponga un determinado tipo de escritor de noticias.
Pero también, la literatura, o los escritores, no hemos visto más allá que la puerta de entrada de las editoriales. Nos hemos conformado con pegarnos a ellas en busca de la oportunidad que nos conduzca al éxito. Pero éstas incurren en el mismo error que poseen los diarios. Carecen una estrategia clara para formar lectores. Con uno o dos escritores de renombre que una editorial haya conseguido, con eso tiene para sobrevivir económicamente. Por eso, no se preocupan de qué modo los lectores de sus publicaciones deban crecer en número y en calidad. En tanto, siempre solemos oír quejas de que nadie lee, o si lo hace, lee basura, pero no nos ponemos a pensar en cómo lograr ese cambio. Ni en equipo ni como individuo hacemos algo por superar este gran escollo, que es la falta de lectores. Preferimos nadar de muertito, en espera de que algún día, los escasos lectores  nos eleven al pedestal de la fama.
Pensando en eso, y desde mi perspectiva, tanto el diarismo como la literatura tienen la obligación suprema de formar lectores, que superen lo rudimentario y desarrollen una conciencia y visión crítica tanto del texto como del entorno. A cada escritor de literatura le hace falta un lector crítico, pero estos no pueden nacer por generación espontánea, sino que es necesario crear las condiciones culturales para lograrlo.
Así, si pensamos que cada uno (el periodismo y la literatura) puede andar por su lado, es agravar el problema. Pues al separarlos, no habrá diario culto, ni literatura que llegue a todos los lectores. En cambio, si los unimos a través de una estrategia de desarrollo cultural para la formación de una sociedad lectora y crítica, se puede comenzar a cerrar la brecha que hay entre un libro y un diario y su relación con sus posibles lectores.  Pero para eso, hay que establecer una política cultural, que antes que ser programa oficial, debe anidar en la conciencia de quienes, por una u otra razón, escribimos para un diario o para cierta editorial. Si unimos a ambos, se podría desatorar esa falta de lectores, que tanto al diario como a la literatura les hace falta. Y al desatorar ese problema, podríamos pensar que nunca más habrá un diario sin ejercicio literario, ni una literatura sin un diario que difunda las nuevas obras para placer de ávidos lectores. Pensar así es un poco soñar despierto, pero si no lo hago, nunca podré saber qué idea se me metió en la cabeza cuando pensaba que debíamos tener en cada ciudad un diario a la altura de nuestras exigencias de lector crítico. Actitud que, en mi caso personal, se formó a partir de leer el periodismo cultural que se hacía en Uno mas Uno, Excelsior y La jornada. Y también, porqué no aceptarlo, lo que alguna vez se hizo en El Istmo en la cultura y en otras páginas de la región del sur veracruzano.

Mayo del 2011. samy530129©hotmail.com




[1] Cacique del Sur de Veracruz, que fue abatido en noviembre del 2006 en la ciudad de Acayucan, donde vivía y desde donde irradiaba su poder en los municipios sureños de Veracruz.

sábado, 2 de julio de 2011

carta abierta

CARTA A LOS TRABAJADORES ACADEMICOS Y ADMINISTRATIVOS DE LA UPN EN EL ESTADO DE VERACRUZ.



Resulta sintomático que después de haber enviado a ustedes una propuesta a realizar un Congreso de Trabajadores de UPN en el Estado de Veracruz para esta primera semana de Julio, excepto tres trabajadores, uno de Jalapa, otro de Poza Rica y otra que no sé de que Unidad es, nadie más haya querido saber de la necesidad de reunirnos para discutir y analizar nuestras condiciones laborales y de la propia existencia de la Universidad Pedagógica Nacional en Veracruz.
De un lado, existe la desconfianza en el futuro. Los trabajadores, acostumbrados al ritmo lento y pesado del "desarrollo" en que nos envió la Descentralización administrativa de 1992, prefieren vegetar que vivir otro ritmo de vida en pro del espíritu crítico universitario que animó a este centro de Educación Superior en la década de los años 80 y noventa del siglo pasado.
Del otro lado, se da la influencia de los cambios sindicales al interior del SNTE, donde el neocaciquismo sindical, como corriente de opinión mayoritaria, se ha enquistado y sofoca todo proceso democrático; centro a través del cual gira el actual coordinador general de las Unidades UPN en el estado, lo que no permite libertad de pensamiento y de acción  a los directores de las diversas unidades, quienes, como buenos sirvientes, obedecen sin chistar, no sólo lo que indica el coordinador general, sino también, lo que señala Silvia Ortega, la rectora de la UPN nacional, cuyo propósito a trasmano es el desmantelamiento de la Universidad Pedagógica Nacional, cuya primera etapa es descentralizar a las Unidades de Ajusco. Y luego, asestar el golpe final a ésta. Muerta la cabeza, las manos (las unidades) dejarán de tener vida propia.
Pero de este hecho, los trabajadores de las unidades UPN  en Veracruz ni cuenta se dan. Ellos siguen soñando que el cambio que se avecina de ningún modo les va afectar sus condiciones laborales y de vida. Piensan ilusamente de que sólo es la culminación de la etapa que se dio en 1992 y que había quedado inconclusa. Que bueno que así fuera.
Pero viniendo de la política del calderonismo, no debíamos confiar en esa propuesta.
Más bien deberíamos ponernos a pensar un poco, que viniendo la ordenanza de la Secretaría de Educación Federal, no responde a una simple descentralización para servir mejor al magisterio veracruzano y nacional, sino que responde a toda una política de obstaculizar el proceso educativo que la UPN ha impulsado bajo el criterio de convertir a la práctica docente en punto de reflexión crítica sobre el papel que le corresponde jugar al maestro en la transformación del país. Bien o mal, hemos sido baluartes de un proceso formativo de pensamiento crítico en estos 33 años de existencia de la UPN. Hemos sido críticos de las reformas educativas que se han venido imponiendo sin el planteamiento y concurso del magisterio. Y eso no le ha convenido a los teóricos del Estado actual, que, desde la sombra, han venido proponiendo el desmantelamiento de todo pensamiento reflexivo y crítico, y por eso, las reformas a los planes de estudio que se han venido implementando en la educación básica y en el nivel medio superior. En aquella, piensan al docente como un instrumento para la eficacia, pero sin sustento de pensamiento crítico, miran al docente como un simple ejecutor y transmisior de conocimientos técnicos, sin ninguna dosis de pensamiento propio. A ese propósito responde la RIEB actual. En el otro nivel, quieren que formemos estudiantes de preparatoria sin dosis de criticidad, pues ahora han quitado de dicho plan a la filosofía, a la lógica y a la estética. Piensan posmodernamente desde la óptica de Jean Francoise Lyotard, de que si el pensamiento emancipador no logró su propósito en el siglo XX, entonces, se da por hecho que el pensamiento crítico no tiene ningún sentido,  pues de lo que se trata ahora es educar para producir mano de obra rentable, dócilmente formado en la línea que demanda la empresa moderna, para evitar con ello los grandes problemas que genera la existencia de un obrero(o maestro) con pensamiento propio.
Todo esto que pasa en otros niveles educativos y de pensamiento, es necesario articularlo a este proyecto de descentralización que propone la rectora Sivlia Ortega y que, los trabajadores académicos de la UPN Ajusco rechazan y promueven su oposición. Sin esa articulación, la medida que implementa Silvia Ortega no resulta más que una idea de cumplimiento de una norma. Pero no es así, si lo enfocamos desde el contexto de los cambios que se han venido dando en el país con relación a la política educativa del calderonismo. 
Aquí en Veracruz, dicha política nociva es promovida -de buena fe o por ignorancia- por el coordinador de Unidades y por los directores. Por eso resulta necesario el Congreso de Trabajadores de la UPN, para que unifiquemos criterios de organización laboral y académica para sortear este problema, que nos es sencillo y por eso merece el concurso de todos ustedes.
Pero en fin, quien escribe esto, no puede hacerlo todo. Necesitamos que estas ideas lleguen a todos lados, para que se conviertan en chispa que permite el esclarecimiento de la política negativa que esta presente y se difumina contra la Universidad Pedagógica Nacional y las Unidades del país. Por eso la necesidad de la reunión en el Estado de Veracruz.
Pongámonos las pilas y pensemos. Dejemos de ser pasivos y sirvientes de esta política nefasta contra la UPN. Actuemos. Demostremos que todavía yace en nosotros un espíritu crítico y transformador.
Con un abrazo que busca el futuro de esta Universidad

FUNDEMOS EL CONGRESO DE TRABAJADORES DE LA UPN EN EL ESTADO DE VERACRUZ EN DEFENSA DE NUESTRA UNIVERSIDAD Y DE NUESTRAS CONDICIONES LABORALES Y ACADEMICAS.
CONTINUEMOS DESARROLLANDO UN PENSAMIENTO CRITICO QUE LIBERE A LAS NUEVAS GENERACIONES DE LA MASMORRA DEL DOGMATISMO IDEOLOGICO QUE PROVIENE DEL ESTADO NEOLIBERAL AL SERVICIO DEL CAPITAL INTERNACIONAL.
SAMUEL PEREZ GARCIA
ASESOR DE TIEMPO COMPLETO
UPN 305

martes, 21 de junio de 2011

Una lectura política sobre lo que pasa en Cosoleacaque


Samuel Pérez García.

Ciudadanos de Cosoleacaque agrupados en una alianza democrática, lograron conjuntar esfuerzos y llamar la atención de la opinión pública del municipio y de la región, al encabezar una marcha de protesta contra la política autocrática que promueve en su gobierno el licenciado Cirilo Vázquez Parissi, de extracción panista, pero al que los propios regidores de su partido, miran volar hacia el PRI, dado la alianza que el alcalde mantiene con los presidentes de Minatitlán y Coatzacoalcos.
La marcha de protesta salió como a las nueve de la mañana y estaba integrada por un centenar de ciudadanos, en su mayoría obreros y campesinos, quienes caminaron de la desviación de Oteapan hacia el Palacio Municipal y exigían diálogo con el siempre ausente, presidente municipal, Cirilo Vázquez Parissi, hijo del extinto cacique sureño, Cirilo Vázquez Lagunes, y medio hermano de las hermanas Sofía y Regina, quienes hoy gobiernan desde el mangal a Acayucan y varios municipios de la región, entre éstos a Cosoleacaque.
Encabezaban dicha marcha, Benigno Cruz, Plácido Cruz Gómez y Jihan Hernández Alor, ésta última amenazada con secuestro por una voz anónima que el día 9 de junio le enjaquetó:
-Hija de tu puta madre, ya bájale de huevos, pinche vieja o te levantamos. Somos de la letra.
Dentro del pliego petitorio que le solicitan al alcalde Parissi y donde solicitan la intervención del gobernador del Estado se encuentran:
-Trabajo para los obreros de Cosoleacaque.
-No más fuereños en el ayuntamiento de Cosoleacaque.
-Elección democrática de los Delegados de Colonias.
-Auditoría al gobierno de Gladis Merlín Castro.
-Mejor vigilancia policiaca en comunidades, colonias y barrios del municipio, echando a andar los módulos de policías existentes en cada comunidad.
-Apoyo a programas productivos de los campesinos.
-Alto a la humazón que está afectando la salud de los habitantes de las colonias Emiliano Zapata, Diez de Mayo, Congreso Constituyente y Agustín Acosta Lagunes.
-Obra pública sin exigir la aportación del diez por ciento a los patronatos.
Pero como siempre, el Alcalde no estaba para recibir a los inconformes, y en reacción, los descontentos, dado la cerrazón al diálogo por parte del cuerpo edilicio, los manifestantes se dividieron en dos frentes: uno se fue a bloquear la carretera en el tramo del naranjito, y otro quedó en plantón, frente al palacio municipal. Y ahí seguían hasta las dos de la tarde de este jueves 16 de junio.
De tal marcha y plantón de ese grupo de ciudadanos es importante darle una lectura política.
Una primera, es que la ciudadanía ya se dio cuenta que el famoso cambio que intuyeron con la llegada del tigrito del cacique sureño, no fue más que una gata revolcada respecto de la hija del otro cacique Merlín, pues si bien éste no trajo a toda la parentela (aunque sí algunos) sí coló a pura gente fuereña a laborar en Cosoleacaque. Los cuadros intermedios que le ayudan, de subdirector para arriba provienen de otros municipios, que aunque la ley laboral es clara: todos tienen derecho al trabajo, lo cierto es que la voluntad política y visión de un mandatario, puede hacer que solamente laboren aquella mano de obra que un municipio produce, salvo que dicha mano de obra no se consiga en el municipio del que se gobierna, entonces, no queda sino recurrir a personas de otro lado. Pero Cirilo Vázquez, desde el principio, mostró cuál era su carta: no a los cosoleacanecos, por pendejos e indios ignorantes. Sí, en cambio, a quienes son de su absoluta confianza: los mandados por su hermanas para que así paguen los favores recibidos, o bien para ir fortaleciendo las ansias de poder, que amenazan con extender hasta la última aldea de cada municipio sureño.
Una segunda, es que Cirilo Vázquez no ha sabido cuidar las formas de gobernar. A plena luz del sol realiza todas sus maniobras y actúa con el despotismo que le puede generar un desconocimiento de la cortesía política. A todos aquellos que lo ayudaron a llegar al poder, les ha dado la espalda, a pesar de que muchos de ellos, durmieron en la noche en la carretera cuando hubo de protestar por el fraude electoral de que era objeto el hoy munícipe de Cosoleacaque. Al no cuidar esas formas elementales de sensibilidad política, el voto a favor y la simpatía que generó en las elecciones se le está iendo, si bien a cuenta gotas, no tarda en que se abra un hoyando de autopista, y se pierda totalmente la simpatía que antes el pueblo le prodigó. ¿De quién es la culpa? ¿De su inexperiencia o de sus asesores? Sin ser mago o adivino, es deducible que el joven gobernante deba a su inexperiencia  lo que ahora está sucediendo en Cosoleacaque, pero también a quienes lo “asesoran”, para que gobierne, no con el apoyo de sus ediles, a quienes solamente usa para la foto (como a él lo usan Marcos Theurel y Leopoldo Torres) sino de modo autocrático. Es decir, un gobierno del cual solamente decide el que está arriba, llámese rey o presidente.
Ante dicha revuelta, que parece provenir de ciudadanos de buena fe, no hay que perder de vista, que si este toro rebelde no logra ser aquietado, tarde o temprano, la mano negra del cacique Heliodoro Merlín, pueda aparecer y hacer de la revuelta ciudadana, un espacio de negociación política a oscuras, para que dicha movilización se radicalice y se generen condiciones de ingobernabilidad, de tal modo que el Congreso se vea en la necesidad de declarar un vacío de poder en Cosoleacaque, y se imponga como hace muchos años, un Consejo Municipal.
Pero también que, si Cirilo es inteligente, podrá sacar el mejor partido de la revuelta ciudadana: convertir la autocracia en Democracia del pueblo y así, gobernaría sin zozobra ni escudos antiplantones, pero para ello tendría que cambiar su estilo. Y esto implicaría que sus ediles ya no fueran un cero a la izquierda como hoy lo son, sino parte de un proyecto de desarrollo democrático en Cosoleacaque. También que se dejara un poco de asesores extranjeros, y mirara más hacia Cosoleacaque, donde también hay gente que piensa y sabe como apuntalar la democracia en el municipio. Si el hombre quiere seguir influyendo en el futuro, tendrá que cambiar su forma de gobernar, pero sí no, hasta allí llegó. Lástima que el hijo de tigre no haya salido pintito, pero sí brutito.
Si Cirilo quiere vencer a la familia, que tuvo mucho que ver con el asesinato de su padre, o por lo menos, la que se beneficio con la muerte del hombre de “El Mangal”, tendrá que pensar bien la estrategia: si elabora una política democrática se gana al pueblo y derrota la sombra del ahora-todavía vivo- Heliodoro Merlín Alor, quien, zorro como es, espera paciente desde una rama, las jugadas maestras que vienen, y piensa qué pedazo de pastel le tocará para dentro de tres años, porque desde su perspectiva: el chamaco Cirilo, ha comenzado a debilitarse, y nadie mejor que uno de sus vástagos para suplirlo en la presidencia. Eso piensa Heliodoro Merlín y la viuda de su hija, Gladis Merlín. Pero hay que esperar que Cosoleacaque lo quiera. Menso, si así pasa. Listo, si no sucede.

martes, 24 de mayo de 2011

Se inmola Ramiro en Xalapa, Veracruz



Ramiro Guillén Tapia se inmoló el 30 de septiembre del 2008, frente al palacio de Gobierno, en la ciudad de Jalapa. Lo hizo como protesta del engaño y la cerrazón de las autoridades federales y estatales para resolver el problema de 200 hectáreas que unos 40 campesinos tenían invadidas, y que reclamaban como suyas, pero que por la Reforma Salinista al artículo 27 constitucional en 1992, dichas tierras habían pasado a manos privadas. El gobierno había prometido indemnizar a los campesinos de Ocozotepec, municipio de San Pedro Soteapan en Veracruz, pero ya habían corrido cuatro años y no recibían más que engaños y entretenimientos.
Ramiro Guillén Vive en el corazón de cada campesino que luche por un pedazo de tierra, por la libertad y por la dignidad del hombre.

domingo, 8 de mayo de 2011

¿Eres Javier Sicilia o un pedazo de corcho?




Samuel Pérez García



La marcha por la paz y contra la violencia que ha iniciado el poeta, escritor y periodista, Javier Sicilia, para decirle al gobierno y a los criminales organizados y los no organizados, que el ciudadano mexicano está cansado de tantos crímenes, de tanta violencia, y de tanta pasividad por parte del gobierno para actuar con energía para detener la ola de violencia criminal que azota al país desde el 2006, y cuya cifra de muertos ya asciende a 45 mil ciudadanos a la fecha.

Esta marcha nacional debe poner a pensar a los ciudadanos no solamente de Morelos y del Distrito Federal, sino a todos los veracruzanos del sur de nuestro estado, porque aquí también hemos estado sufriendo una violencia, que parece no estar, pero que sí le buscamos bien, está ahí en cada hogar, donde ha habido un secuestrado, un asesinado, un violentado de su dignidad.

Recientemente hemos sabido del asesinato de varios policías de Cosoleacaque; la desaparición y posible secuestro del periodista de Jáltipan Noel López Olguín, el secuestro de los directivos del periódico La Verdad de esa misma ciudad, de donde vivía Noel López. Pero hay muchísimos casos en toda la región.

En consecuencia, lo que pasa en otros estados del país con lo que sucede en Veracruz, la única diferencia es el grado de intensidad de la violencia propiciada por el crimen organizado, quienes, atentan contra la seguridad de los ciudadanos, y a eso, habrá que agregarle las consecuencia de intervención de los elementos del orden, sean policías federales o el propio ejército, quien sin pensar en consecuencias, han intensificado, colateralmente, la intranquilidad en muchísimos hogares, al violentar la ley en cumplimiento de ésta.
Frente a esa violencia legal e ilegal, los ciudadanos estamos indefensos. Tenemos miedo. No queremos intervenir participando en la defensa de nuestra vida. Creemos que la violencia nunca nos va a llegar, y con esa idea, nos escondemos en nuestras casas, y creyendo que como no nos metemos con el crimen organizado ni contra nadie, jamás estaremos en la lista de los masacrados, asesinados, desaparecidos o violentados. Esto es un error. La violencia desatada a partir del combate al narcotráfico, ha tenido como único resultado contundente: ubicarnos a los ciudadanos en medio de esa ráfaga de metralla. Tampoco Javier Sicilia pensaba que algún día iba a estar en ese círculo de hogares dolidos. Pero no fue así, y ahora, en defensa de la dignidad y del coraje que le queda, para defender eso que algún día le llamó hijo, que hoy está muerto, él como padre encabeza una marcha nacional contra la violencia, que a todos nos incumbe y nos debe poner a pensar un poquito.

De igual modo, ha sucedido con los policías que masacraron en la Colonia El Naranjito. La violencia ha enlutado a muchos hogares en todo el sur veracruzano. Los periodistas y los policías somos centro de ataque de quienes viven del delito y de las drogas. Pero también lo es la simple ama de casa, el niño que va a la escuela, la señorita que sale de su trabajo. Pensemos en eso. Si hoy le tocó a un ciudadano de tu municipio, no pienses que como tú no te peleas ni escribes contra nadie, no te a va tocar, si mañana le toca a tu vecino, tampoco pienses que a ti, por estar bien con Dios y eres calladito o mensito porque nunca protestas, nunca te va a tocar la violencia. Por eso, cuando te piden ayuda, como el caso de Javier Sicilia, quien ha convocado a todo el pueblo de México a manifestarse contra la violencia que enluta los hogares, tú dices que no te compete porque está muy lejos el DF o Cuernavaca. Déjame decirte que estás equivocado. La violencia ya está aquí, y lo estamos sufriendo de diversos modos. El asesinato de los policías, la desaparición y secuestro de muchos ciudadanos, como el caso de Noel López Olguín, debe ponernos a pensar, y en consecuencia, actuar para que no nos rebase esa violencia criminal e institucional en la cual estamos inmersos.

Pensemos, entonces, qué podemos hacer juntos para proteger nuestra vida, nuestro patrimonio, nuestra esperanza de vivir en un país, estado y municipio tranquilo.

No aceptemos ningún asesinato más. Sigamos el ejemplo de Javier Sicilia y salgamos a la calle, organizados, cada vez que seamos convocados por los javieres que hay en cada corazón, en cada casa, en cada familia. Cada familia debe tener un Javier Sicilia que dé la voz, que no le tiemble el ánimo y que esté dispuesto a luchar para que mañana nuestros hijos pequeños, vivan tranquilamente y disfruten este mundo que les tocó. No seamos egoístas y temerosos frente al problema de la violencia que no está arrinconando y obligando a no salir a la calle, y a creer que a nosotros nunca nos va a tocar.

La violencia no distingue categoría, nivel social, ni sí se es hombre o mujer o niño. Sobre todo si viene del crimen organizado. El violento no tiene familia, ni amigos, ni nadie que le socorra. Por eso de ahí su odio contra todos. Mata por matar, mata por protegerse, mata por  dinero, mata por cualquier cosa. Frente a esa actitud negativa y criminal, el poder ciudadano, el ciudadano organizado puede detenerlo, pero para eso, es necesario pensar, analizar la situación, y luego, intervenir con un plan que nos permita superar esta crisis violenta. Si no lo hacemos ahora, mañana que sintamos en carne propia la perdida de un hijo o de un hermano, a manos del crimen organizado, o de quien haya apretado el gatillo, no nos quejemos ni maldigamos, ni pidamos clemencia, ni derramemos lágrimas, porque no habrá solución que te regrese a la vida a ese hijo o a ese hermano perdido.

La solución es ahora. Organicémonos como pueblo, como defensores de nuestra familia. Armémonos primeramente con la posesión de una conciencia clara, que nos permita discernir cuál es nuestra función como individuo y como ciudadano de una colectividad. Si al analizar tu papel, encuentras que no es ninguno, o que tu función es vivir y  comer, aunque  sea con temor,  pero tranquilo, con gusto puedo decirte que muerto estás desde hace tiempo, sin darte cuenta. Vives y comes, pero a eso no se le puede llamar vida humana, vida animal, tal vez, pero no humana. Pues esto es lo que hacen los animales: comen y duermen o a lo sumo, se parecen a un pedazo de corcho que navega hacia la corriente de agua lo lleve.

Pero si dices que tu deber es –aparte de comer y pensar– luchar  por la libertad y la tranquilidad tuya y la de tu familia, sobre todo la de tus hijos pequeños, que son la nueva generación, que merece vivir en paz para que se puedan desarrollar humanamente y no cual corchos, entonces, tú eres un Javier Sicilia, y como tal, te necesito para que juntos nos organicemos para luchar, para que mañana no nos lamentemos que un grupo de criminales mató a nuestra familia.

Además, pido que suelten a Noel López Olguín. Vivo se lo llevaron, Vivo lo queremos.